jueves, 25 de junio de 2009

La tradición del progreso


¿Qué es el progreso? ¿Hacia dónde se dirige? ¿Alguien sabe, realmente, en qué consiste el “progreso”? Al parecer, ser progresista está de moda, muy de moda. Es una de esas modas nuevas surgidas a mediados del siglo XVIII; como se ve, es una moda muy actual, novedosa. Mucha gente aún no se ha enterado de que ésta moda está a la última.

Cuando en la Universidad tienes que dar tu opinión, lo mejor es no contestar nada en absoluto; tan sólo basta con decir «no, yo soy progresista». Nunca queda mal decir eso. Creo que es una de las mejores respuestas a todo. Afirmar que se es progresista es un distintivo. Seguramente se le mirará a ese sujeto como un intelectual, como una persona que usa la cabeza… Pero no preguntéis para qué la utiliza.

No hay que ser muy avispado para darse cuenta de que ser progresista ya es una tradición. Podrá parecer contradictorio, pero, lamento decirlo, es así. Si no os lo creéis, salid a la calle y preguntad qué se opina del progreso. Afirmarán que es algo buenísimo; incluso dirán orgullosos que ellos también lo son. Con todo esto, ser progresista es muy original. ¿Acaso no está de moda?

Sería un error intentar llevarle la contraria a un progresista. ¿A quién se le puede ocurrir tal cosa? ¡Será un dogmático, un retrógrado! Ahora nadie duda del progreso. Está tan implantado en la tradición, que es un “pecado” social dudar del mismo. El progreso se había propuesto acabar con las tradiciones medievaloides, esas que no permitían el librepensamiento. Y ¡qué gran logro! ¿Lo ha conseguido? ¡Pues claro, cómo no! El progreso es tan progresista que se ha convertido en tradición.

Los pensadores ilustrados estaban en total discordancia con su época “oscura” y “despótica”. Era un momento de la historia en el que no se permitía “pensar”, pues, teniendo las tradiciones, no era necesario nada más. Actualmente pasa algo parecido: no hay que ir en contra de la tradición, no se puede dudar de ella. No es conveniente ser un “ilustrado” en el siglo XXI. ¿Para qué dudar? ¡Seamos tradicionalistas, vayamos en pos del progreso!

18 comentarios:

Sol Ruiz dijo...

Gracias. Qué descanso produce leer un comentario tan lúcido en una personita tan joven.
¿Qué sentido tiene ese "progreso" que lleva de cabeza a la peña progresista? Cuando no se tiene la menor idea de hacia dónde ni hacia qué se camina, se supone que lo lógico sería la reflexión. Pero no. Eso de reflexionar no mola. Mejor buscar el negociete, el "futuro" brillante, las satisfacciones inmediatas, la noticia llamativa,los amores de quitaypon, las compras conpulsivas, el consumismo atroz y la velocidad...en todo!

Creo que es èse el "progreso" que nos ofrece esta feria de superficialidades incontables. De enfermos de prisas y angustias enlatadas, como cocacola light.

Sin embargo el Progreso existe. Pero no es cosa grupal hasta que deriva del individual. Ahí está la clave.
Sigamos investigando dentro.Hagamos hueco al silencio y a la reflexión serena y cuando no sea serena, aprendamos el arte de meditar que nos enseñará el arte de SER y ahí la serenidad es el caldo de cultivo imprescidible y tan natural como respirar.

Ánimo,Rafa, creo que llevas un camino muy majo. Felicidades.

Rafa M. dijo...

Si no hubiese progreso... ¡mal asunto! Tendríamos un serio problema. La riqueza de una cultura, a mi modo de ver, está en el progreso... hacia un fin claro, realizado con conocimiento de causa. Entonces tendríamos verdadero progreso, no simple "devenir" absurdo. Un saludo

Palomitas de Maiz dijo...

El progreso tiene dos caras: una material y concreta, que trabaja el conocimiento experimental y los descubrimientos,los sistemas de evolución y las herramientas para facilitar el trabajo; la otra cara del progreso es el sentido de todo ello. Y las dos vías deberían formar parte del mismo tejido.
Un sentido sin progreso material nos llevaría a la extinción y un progreso material sin sentido, directamente nos conduce primero a la barbarie y luego al suicidio como especie.
Es decir las dos vías separadas son inútiles.Simultáneas, en cambio, son la evolución.

Ciao!

Rafa M. dijo...

Pero, ¿qué es la evolución? Y, ¿existe, realmente, un fin "específico"? El tema del fin como especie nos puede llevar a un callejón sin salida. Por ejemplo, al de la "felicidad universal", que es un tanto utópico... El fin en el ser humano, me parece, es metaespecífico y personal; no somos una especie animal cualquiera, sino "personas", que viven su propia vida (junto con otras personas), pero, a fin de cuentas, no se las puede diluir en lo general de la "especie". La felicidad es una meta propia de cada ser humano, no de la "especie".

Sol Ruiz dijo...

Primero, la evolución no es una meta ni una finalidad en sí misma. Es una forma de proceso metabólico y energético, de un organismo divino, metacósmico. Eterno. Que de inmutable, sólo tiene su divinidad, su sabiduría, su bellleza y su bondad.Sustancia ontológica de intelecto puro (intelecto, también sentimiento sic emocionalidad sublime) Y nosotros, indivíduos, somos pequeños receptáculos de las centellas del Absoluto.
Observa tu cuerpo y lo comprenderás, aunque deberás traspolarlo a magnitudes infinitas. Cada átomo tuyo está cargado de inteligencia divina,sutilísima, cada célula es un pequeño ser que equivale en nuestro cuerpo a lo que nosotros somos para lo que llamamos Dios. Si todas nuestras células se armonizan, el resulatado es que adquieren la conciencia humana, a nuestra imagen y semejanza. Si nosotros, individualmente nos armonizamos, nos sanamos, adquirimos la conciencia divina. A Su imagen y semenjanza. En el SER hay que aprender de las analogías metagnosticas. Conectamos. Empezamos a SER con Él, en Él y por Él, éso que llamamos "dios".
Y lo que impropiamente quizás, estoy llamando "especie", aplicado a los humanos, no es sólo un conjunto amorfo y animalístico de organismos mecánicos, sino la unión mística de conciencias despiertas en la Unidad divina, sin desprenderse de lo múltiple, sino elevándolo y haciéndolo armonía por medio de una praxis derivada del Amor, que es el reflejo material de esa Unidad. La gasolina del coche. Pero siempre con la intervención de un ingrediente que sólo poseemos los humanos: la libertad de elección, también para formular el deseo profundo de comprender, descubrir, avanzar. Y ese proceso modifica el mundo, el material y el surtil. Eso es lo que desconcierta a quienes aún no han despertado, porque esa dinámica hace posible la aparición del distuirbio que llaman "mal". Y es , además, lo que hace "morir" el concepto de "dios" factotum, gran titiritero cósmico, que por supuesto no tiene nada de divino porque está hecho e inventado a imagen y semejanza de la fantasía, de las carencias y de la precariedad limitativa de la "especie". Aquí "especie" está aplicado correctamente.

Segundo, todo esto que la palabra no alcanza a transmitir, seguramente, lo verás si en silencio y respirando plácidamente la quietud de tu mente,sientes que se activa el corazón espiritual y comienzas a ser en otro registro más sutil, fino y expandido. Ahí las respuestas que cualquiera pueda darte, no son nada. Comenzará la "conexión" directa. Y seguramente ya no tendrás que recurrir a los versos de tu ilustre abuelo. Tú mismo te habrás convertido en poesía. Y sabrás que un poeta ya no necesita explicaciones porque el Amor es el único maestro por el que vale la pena dejarse enseñar.

Y si quieres "documentarte" mucho mejor, leete el Apocalipsis. Ahí,en la Nueva Jarusalén, encontrarás la más exacta y perfecta descripción que un poeta ha podido dar jamás, hasta ahora, sobre lo que la "especie" llegará a dar de sí. Y para ir abriendo boca,"El Medio Divino" de Pierre Tahilard de Chardin, también puede darte algunas pistas, o muchas. Y "La Nube del No Saber",de un autor anónimo inglés del S.XIII, creo, puede que te ayude también. Claro que eso depende. Ya se sabe que la riqueza no está sólo en lo que se nos da sino también en la capacidad receptora. Si a la fuente se lleva un vasito para llenar,éso se tendrá. Pero quien lleva un tanque, éso se lleva.
Hay dos factores indispensables: la fuente y el deseo. El agua y el recipiente.

Perdón por tanta palabra. Siento no tener la capacidad de darte lo que me dan, con un mayor ahorro de adornos léxicos. Pero voy trabajando para acercarme a esa simplicidad. Aunque no es fácil. Somos tan poca cosa...que lo líamos todo!
Gracias por tu paciencia y por compartir. Gracias, de verdad.

Rafa M. dijo...

Sinceramente, tu explicación sobre la participación en el ser la encuentro un tanto panteísta o hegeliana; es parecido a la filosofía presocrática, que está superada, pero ha sido clave en el desarrollo de la filosofía. Me decanto más por el tomismo, y su teoría de la participación en el acto de ser. Con la explicación que me has dado se puede caer en una "religión natural", dotando a la Naturaleza de una personalidad divina; y eso, creo yo, no es correcto dentro de la cosmovisión cristiana. Pues el mundo, el cosmos, no es Dios, sino que depende de Él en el ser, poseyéndolo como don, pero siéndole propio e intimísimo. Lo maravilloso es que conceda en acto de ser sin que sea Él mismo, por eso podemos ser personas... y tenemos capacidad para ser libres. Aún no he terminado mi formación filosófica, pero, modestamente, me ha dado una impresión confusa lo que me has explicado. Gracias.

Sol Ruiz dijo...

Tienes toda la razón, en lo de confusa.Por la explicación tan poco ortodoxa. Y en que el tomismo es una herramienta perfecta para desglosar racionalmente los anclajes del Amor divino y aclarar la aparente confusión presocrática y heraclitiana que no se equivoca en lo que afirma,sino que es aún incompleta en lo que no ha descubierto todavía.
Para nada soy panteísta, ni adicta a ningún credo que no sea el que Cristo me grabó en el alma y que veo reflejado en toda vivencia sincera y veraz del Espíritu. No me siento vinculada a ningún camino específico, aunque respeto todos, porque como dice el mismo Jesucristo, el Padre tiene múltiples moradas y no seré yo, pobre ignorante, alumna de todo y maestra de nada, quien le enmiende la plana y le cuelgue etiquetas a Aquél cuya grandeza no se puede medir con nuestros moldes.
Si te digo la verdad,Rafa,cuando el alimento es el adecuado, no importan los manteles o las vajillas en que me lo sirvan.
Lo importante es que todo me llega de Su mano generosa y única. Y que no hay nada que pase por mi vida en lo que no vea su Amor y su sabiduría. Hay un panteismo filosófico, que respeto, pero que no me seduce.Y no necesito. Si vives en Él, las explicaciones ya no tienen importancia.Cuando se tiene sed o se necesita una ducha urgente, uno no se pone a estudiar con microspio las moléculas de Oxígeno e Hidrógeno, a ver si están bien dispuestas...Simplemente disfruta la delicia del regalo de un agua fresca, pura y reparadora. Y da gracias como un niño a su padre y a su madre por estar tan pendientes de sus necesidades. Ésa es mi relación con Dios. Vivo porque siento Su Amor y su Bondad constantemente en todo lo que me rodea y me sucede. No porque Él sea todo eso, sino porque me crea y me mantiene, como a todos en su Corazón infinito. Como a las flores del campo o al más simple jilguero. Me llama por mi nombre y me quiere como soy. Por esa providencia sé que todo es posible porque Él me lo regala. Y los dolores de la vida, con Él, tienen la virtud de cambiarte de pies a cabeza. Y los abandonos, arbitrariedades e injusticias que se sufren son la ocasión para descubrir Su eterna lealtad y que el hombre sólo es hombre y no animal, cuando vive consciente de Su presencia. Sólo entonces es posible la empatía, la compasión verdadera, el perdón y la humildad para pedirlo y darlo.

Generalmente el aporte de la religión se circunscribe a las ideas, a la moral, al rito y a la devoción. Está muy bien buscar las maravillas de Dios a través de las cinco vías, por ejemplo, de las exégesis, de los tratados, summa teológica y estudios, que son necesarios y útiles.
Sin embargo, el Espíritu a veces tiene el detalle -tal vez porque nos ve más pobres y necesitados de Él- de hacernos sentir y conocer al Dios de las maravillas y ahí ya no hay nada más que añadir.Sólo descalzarse como Moisés ante la zarza del Sinaí,contemplar Su bondad mientras servimos a los hermanos. Y ahí se da todo por añadidura.Es el cielo en la tierra. Un nuevo estado en medio de lo de siempre. Y entonces se puede entender al salmista: "Señor tu eres mi refugio, mi fortaleza, alcázar fuerte que me salva" y al místico poeta y al asceta renunciante que le busca y al que se entrega por Amor sin medir hasta dónde.

Me encanta compartir contigo estas bondades del Señor. Que siempre te sientas bendecido por ÉL, porque no dudo de que siempre te bendice. Como a todos los hijos que están volviendo a Casa.
Me alegro de haberte encontrado.

Buena tarde de Domingo, estimado Rafa... Vesper Diei Domini!

Rafa M. dijo...

Sí, no puedo decir que no, los dones del Espíritu nunca defraudan. Se puede ser un gran doctor en Teología y no conocer al Señor. Ser un auténtico ignorante respecto a Dios (que siempre lo somos). Cuando pienso que hablamos de Dios me entra pánico. Grito por dentro: ¡cómo nos atrevemos! Me gustaria decir junto con el Areopagita: debemos cayar, meditar, pues siempre erraremos al hablar de Él. Y no es cuestión de que nunca lleguemos a conocerlo, sino que siempre nos va a superar, siempre nos sorprenderá. Hay que vivir en un continuo asombro, desligado de toda seguridad y certeza, para maravillarnos ante Dios, al contemplar el rostro de Cristo, que es la misma Belleza. No sé, sobre todo al encontrarnos ante Él y junto a Él en el Santo Sacrificio. Es algo que me deja atónito, una auténtica locura de Dios (perdón por la blasfemia), como afirma Juan Pablo II en Fides et ratio.

Sol Ruiz dijo...

Ay, Rafa, ¿Qué es para el mundo sino locura ese Amor infinito que no discrimina y siempre está dispuesto a la acogida, al perdón y al don generoso? No hay blasfemia que pueda ofender al Supremo Bien. Es inofendible por su misma divina condición.
En cuanto al atrevimiento de hablar de Él, -como decía Francesco d'Assisi en el Cantico delle Creature, "...che L'Altissimo tu sei e null'uomo degno è te mentovare"-, sólo se puede hacer desde la admiración profunda y desde la resonancia de la contemplación o desde la música callada que decía S, Juan de la Cruz. Hablar de Él sólo puede ser como un perfume delicado o como un viento suave que mueve la existencia y remueve los cimientos del alma, de la conciencia y de la idea. La danza del corazón que comprende y se deja conquistar por Su palabra secreta, ésa que viene para cada uno de nosotros con una dedicatoria especial y única: "Estoy a la puerta y llamo. Si alguno me abre paso y ceno con él y él conmigo." (Apocalipsis 3, 20)Podría entrar a saco,siendo el creador y mantenedor, y sin embargo, como un enamorado, lo que busca es la libre invitación,la libre entrega de quien quiera reconocerle y amarle. Cuánto nos queda por aprender de su extraordinaria pedagogía...

Saludos y buenas noches!

Rafa M. dijo...

Ofendible sí que es, pues sino el pecado sería una estupidez, y existe. A Dios se le puede ofender,y mucho, tan sólo hay que ver la Cruz. Que muestra que todo lo soporta, como un cordero. Tendríamos que decir que Dios es "intocable", por ser el Ser Perfectísimo, inmutable, pero sí que se le puede ofender. Aunque todo lo perdone.

Respecto a la libre acogida, ¿qué decir de aquellos a quienes se rebela? Sin ir más lejos, San Pablo no tuvo más remedio que aceptarlo al rebelársele. Después agradeció su gracia concedida, porque antes le era desconocida. Es el problema que se planteaba Agustín respecto a la libertad y la gracia de Dios, dos temas un tanto confusos y que se puede errar al hablar de ellos. Otros también cayeron ante sus pies al contemplarlo...

Sol Ruiz dijo...

Pues ahí no lo tengo muy claro. Tengo la impresión de que quien intenta "ofenderle" sólo se ofende a sí mismo, como un boomerang. Por ejemplo, Pablo de Tarso no conocía a Cristo, sólo a cristianos que le resultaban transgresores por sus nuevos comportamientos "revolucionarios" y "herejes" y era a ellos a quienes ofendía, perseguía y denunciaba, porque como seres concretos y finitos, estaban a su altura ontológica. Pero, justo, cuando Él se manifiesta a Pablo en el camino de Damasco, con toda la fuerza del Amor,hablando su lenguaje para ser entendido:"Saulo, ¿por qué me persigues?", no lo acusa, no lo amenaza, no le dice que está ofendido ni le coacciona, sólo le hace una reflexión simple llena de Amor, cómo una madre o un padre al hijo adolescente y tontorrón,que se empeña en drogarse o en ser pandillero. Lo que ocurre es que la chispa divina que habita el centro de la conciencia de Pablo, no puede seguir aletargada ante aquella Luz infinitamente amorosa que por primera vez le rompe los esquemas del dogmatismo y hace que por encima del teólogo,aparezca el místico enamorado: la simiente eterna que comienza a desprenderse de la cáscara densa que la envuelve.
Y donde hubo un fanático discriminador y soberbio, nació un apóstol de la cercanía, que acabó amando a los griegos y romanos, como a los judíos y hablando sus lenguas para poder decirles cuánto eran amados y de qué modo, hasta el punto de dejar que le quitasen la vida física por ser testigo noviolento de esa maravilla y experimentar en sí mismo lo que habían sufrido Esteban o los demás cristianos exterminados por la furia legalista e inconsciente. Jamás Pablo volvió a amenazar ni con infierno ni castigos de ese estilo. Había conocido y palpado en sí mismo la miseria de la ignorancia camuflada de devoción religiosa y la misericordia ilimitada de un Amor sin barreras que supera cualquier dogma.
Su himno a la encarnación divina es la explicación de la teofanía en el ser humano (Filip 2, 4-11), esperimentada en sí mismo.

Y es cierto, Rafa, cuando su Amor infinito y absoluto nos quita las telarañas y oscuridades del corazón,la mente se iluminia, se hace ancilla Domini, y ya nunca más se vuelve a ser el de antes, porque el Verbo se hace carne en nosotros. Entonces, a pesar de nuestra condición material empezamos a comprender Quien vive dentro y Quien nos cambia dulcemente y que pecado no es sólo un acto o cien, equivocados o perjudiciales, sino un sistema de vida erróneo que nos priva de SER lo que en realidad estamos llamados a alcanzar por medio de esa "evolución" salvífica que nos salva de la animalidad y del absurdo,del nihilismo y la oscuridad, del sin sentido y la desesperación.

Los primeros cristianos sólo se confesaban una sola vez en la vida: El día que se bautizaban y se sumergían en el agua pura del Espíritu. Morían a un estado viejo para nacer en otro nivel. Su naturaleza animal había terminado su función. Y el "pecado" también. Y no porque ya no se equivocasen, sino porque la base de sus "errores" había sido transmutada por una entrega total a una Fuerza de Otra Dimensión que hacía imposible el regreso a lo anterior. Así te explicas que no se defendiesen en las persecuciones. Y no tuviesen miedo a nada. Y cantasen mientras los leones se los iban comiendo. No estaban locos. Solamente habían alcanzado ese estado que hace posible decir: "Perdónales Padre, porque no saben lo que se están haciendo a sí mismos"

Rafa M. dijo...

Perdona que no opine lo mismo. El "¿por qué me persigues?" va referido a que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, y sus miembros son partes del cuerpo, además de templos del Espíritu, como dice también Pablo.

Los comportamientos de los cristianos no eran revolucionarios ni herejes, pues se mantenían en la tradición de Israel, la novedad del Cristianismo era que Jesús se considera a sí mismo como el Hijo del Hombre, como la Ley encarnada, y eso era inadmisible para un judío, pues era aceptar que Jesús era el Mesías. Y como su mensaje era para todos los pueblos de la tierra, el judaísmo perdía el protagonismo del pueblo elegido...

En cuanto a lo de ofender a Dios, sí es posible. Podemos apartarnos de su Amor, a pesar de poseer la vida del Espíritu, pues "el espíritu está pronto, pero la carne es flaca". Por eso es necesario el sacramento de la reconciliación, por nuestra debilidad. La naturaleza animal en el hombre nunca se acaba, eso sería desligarlo de su cuerpo, y eso es un error dualista. Lo que hay que entender es que el alma es la forma del cuerpo, y que existe una unidad sustancial. El bautismo nos introduce en el camino de Salvación, pero no garantiza que llegue a término (el hombre siempre es libre, puede errar o, más bien, acertar). La vida cristiana requiere crecimiento en todos los aspectos, para así llegar a la santidad, a la unión con Dios en el Amor, que es la Caridad.

Respecto a los teólogos, los hay que son modelos en la mística. De hecho, no podemos olvidar a cuantos han sido santos. El mismo Santo Tomás tuvo una revelación que le fue dada a él en exclusivo, y fue la contemplación plena de Dios. Lo que le llevó a querer quemar toda su obra, que no se caracteriza por ser breve y vacía. La intelectualidad no es mala, es necesaria. Pues el cristianismo no es mera poesía, ni una armonía existencial, es conocimiento, conocer a una persona en particular y vivir con y en ella: Jesús. Así se puede decir como Pablo: no soy yo quien vive, sino Cristo mismo quien vive en mí.

Lo que sí que es cierto es que la vida del Espíritu te mantiene firme ante las tribulaciones y las tentaciones, pero no te libra de la posibilidad de equivocarte. Pablo dice: amo el bien que quiero y cometo el mal que no quiero. Incluso Pablo experimentaba debilidades. Y no me creo que los primeros crisitianos se confesaran sólo una vez. Pues es un sacramento que se encuentra dentro de la tradición de la Iglesia y que ha sido predicado por todos los santos, más aún por los Padres de la Iglesia.

Sol Ruiz dijo...

En aquellos inicios paleocristianos el significado de "ekklesía" no tenía las connotaciones que posteriormente se le añadieron. Y la llamada de Cristo es fundamentalmente personal, un toque directo al corazón de Pablo. Él, el Señor, actúa así. Uno por uno. Intensamente. A Pablo le desarmó el Amor, cuando conectó con Él in person. Sólo entonces se dió cuenta de su ceguera hasta de un modo físico. Luego elaboró una explicación teológica y captó la verdad del Cuerpo Místico, porque hizo un trasvase de su experiencia personal, por extensión, a lo universal de la conversión.
Los comportamientos de los cristianos no eran heréticos ni revolucionarios objetivamente,eran en realidad mucho más ortodoxos y perfectos que los arcaicos judíos puesto que habían evolucionado hacia los verdaderos valores divinos por la gracia directa de Cristo, que a eso vino precisamente, a no mover ni una coma de la Ley,sino a llevarla a su plenitud y quitarle adherencias indeseables. Lo puse entre comillas, precisamente para señalarlo así, pues así resultaban a los ojos ciegos del fariseísmo que crucificó a Cristo como creador de la "herejía". Su muerte y la de Esteban, tienen esa explicación. ¿Qué mayor herejía podría haber para ellos, que el hijo de un carpintero fuera predicando la filiación divina, aprobase que en sábado se pudiesen coger espigas o se dejase querer y venerar por una prostituta y un Zaqueo y lavase los pies a los humildes diciendo que en el Reino los últimos son los primeros? Para los apegados a la "letra", aquello era mucho peor que una herejía, era un delito contra Dios, al que consideraban "ofendible". El darse por ofendido es cosa del ego humano. El ataque de la ofensa es contra sí mismos. El pecado del hombre no alcanza a Dios,como una gota de porquería en el mar se disuelve y se recicla en su magnitud. El pecado es ignorancia, egocentrismo y oscuridad. Un estado patológico que nos remite a la enfermedad del alma y del cuerpo. Por eso, Cristo, utilizaba la compasión de las curaciones para explicar que no hay salud sin arrepentimento. Pero no porque Dios necesite que las hormigas humanas sean perfectas,ni se ofenda por sus ridículos rifirrafes, sino porque las Ama y su Amor,que es Él mismo,cura y sana lo que toca. Lo sube de nivel con Su Presencia. Y seguramente eso es lo que vio y comprendió Tomás de Aquino cuando el Amor iluminó su magnífica inteligencia funcional y la puso delante de la Realidad Divina.
Las debilidades no son pecado, sino consecuencias normales de una condición. Y la animalidad no es algo "malo" ni a exterminar, sino a elevar por medio de la consciencia iluminada por el Amor y el Conocimiento divinos al fundirse con ella, en el matrimonio místico entre Dios y su creación, a que se refiere la metáfora de Cristo y su Iglesia y la unión sagrada de almas y cuerpos en el matrimonio completo humano entre hombre y mujer.
Y esa transformación comienza en el significado del Bautismo. Sin embargo una vez perdido el sentido verdadero de ese sacramento donde la libertad personal y responsable de responder a la llamada de Cristo se deja en manos de un ritual aplicado a un bebé, se comprende que sin iniciación ni catecumenado fuerte y previo, sin la libre elección imprescindible,el "pecado" continúe vigente y haya convertido la praxis religiosa en un simple "quitamiedos" para beatos y besapilas, que necesitan el confesionario como un lenitivo y no como un umbral de cambio, de conversión. Y que aquello que nos fue dado para PROGRESAR en la gracia santificante se vea reducido a una costumbre, a un sistema tranquilizador y narcotizante de conciencias.
La fe y la gracia deben quitarnos las escamas de los ojos del alma para poder caernos del caballo del dogmatismo formalista al que nuestro ego se acopla maravillosamente. Pero eso consiste en dejarle a ÉL que nos explique íntimamente qué debemos hacer para no perder Su pista, en vez de tratar nosotros de explicarle como ser Dios. Santo Tomás acabó comprendiéndolo. Como Pablo. Como Pedro.Como Juan.Como Magdalena...Cada uno en su momento.

Rafa M. dijo...

Está claro que a Dios "no lo toca nadie". El sentido del pecado no es que Dios "se manche", sino que nosotros nos apartamos de Él. Por eso nos "manchamos". El Bautismo es como vestirse con una túnica blanca y pura: nacer en la vida con Cristo; pero esa túnica se puede manchar, y el Espíritu no habita "tranquilo", sin restricciones, que ponemos nosotros. De ahí que sea necesaria la confesión frecuente, pues no somos perfectos. No es una cuestión de acallar la conciencia de los "besapilas", sino de limpiar el corazón de aquellos que desean mantenerse junto a Jesús (es saberse poco y aprender a ser humildes, que, sinceramente, cuesta mucho). El sacerdote es un vicario de Jesús que administra el sacramento, su servidor, sucesor de los Apóstoles. Hace las veces de Jesús para limpiar las almas y guiarlas. Por eso es tan importante la labor del sacerdote.

El sentido del pecado no es que Dios tenga restricciones, sino que la ofensa consiste en que Dios no puede dar su Amor a aquellos que no lo desean por no arrepentirse, y eso sí que le ofende. De veras que sí; no hace más que repetírnoslo su Madre en cada aparición, nos muestra el rostro y corazón dolientes de su Hijo, que sigue muriendo y amando a los hombres hasta el extremo, sacrificándose en cada Eucaristía por sus hijos para la salvación de las almas. El mensaje de la Divina Misericordia es éste: que Dios lo perdona todo (si nos acercamos a su perdón), que no es un justiciero ni un cobrador de impuestos descarnado, sino que desea que todos se acerquen a Él para encontrar la Paz.

"Las debilidades no son pecado", dices; y es así, pero no luchar contra ellas nos puede hacer comodones, y, sin que nos demos cuenta, apartarnos del Señor. Cosa que no queremos. Dios todo lo comprende, pero nos pone medios y ayudas para que mejoremos como personas y nos acerquemos más a Él. No somos animales, somos seres humanos, y por ello podemos llegar a ser personas (buenísimas personas, ¡santos!), pues tenemos una "cabecita", que, si se nos enseña, podemos utilizar para pensar y conocernos.

En cuanto a la evolución de la "ekklesía", la Iglesia es un pedacito del Cielo dentro de la Historia. Y, por ello, se va adaptando a los tiempos. Podrá parecer que la verdadera Iglesia era la del siglo I, perseguida y militante, y que ahora está burocratizada. No te diré que no, pero lo que hay que comprender es que la Iglesia "progresa", por decirlo de alguna manera, para ser más eficiente. Los problemas siempre van a existir dentro de la Iglesia. Lo vemos desde el principio: las cartas de Pablo diciendo que nos respetemos y que hagamos caso a los pastores son una constante. Así, creo yo, lo mejor es mirar las cosas desde arriba, con los ojos de Jesús para siempre comprender a todos y poder ayudar lo máximo que podamos. Seguro que "lo pasaremos mal" en muchos momentos, pero hay que saber que trabajamos para la eternidad. Tampoco hay que olvidar la gracia del Señor para mejorar la Iglesia, que seguro es continua, pues siempre vela por su rebaño.

Me ha hecho gracia lo de "hormigas humanas". ¿Sabes por qué? Porque esas hormiguitas son los seres más amados por Dios. Costará creerlo, pero es así. Y, aunque no lo parezca, Dios es tan humilde que "nos necesita". Me dirás que es descabellado lo que digo, pero lo vemos continuamente en la Historia de la Salvación: las constantes manifestaciones de fidelidad y misericordia de Dios con el pueblo elegido, perdonando sus infidelidades y dándoles siempre el perdón por sus pecados. Hasta tal punto que se encarna, ¡se hace hombre, Dios mismo hecho hombre!, para salvarnos del pecado, que entró en la tierra por culpa de ese ángel malo (y no es una fábula). Dios nos necesita porque somos sus hijos y él es nuestro Padre, no un simple creador anónimo, sino un Dios personal y amoroso. Que nos concede ser personas para poder conocerlo. Esa es la belleza del amor, el conocimiento íntimo y único entre dos personas. ¿Cabe mayor amistad que la de Dios mismo?, creo que no. Es una participación en el Amor Trinitario, formando una familia, una comunidad verdadera de amor.

Sol Ruiz dijo...

¡Olé, qué preciosidad, qué palabras inspiradas! Creo, Rafa, que el Señor ha permitido que estés ahí y que escribas estas cosas tan bellas y profundas mientras Él pulsa tu inteligencia y tu corazón como una lira.
En varias cosas discrepo en cuestiones eclesiales. Mi relación con todo eso se terminó cuando murió Juan Pablo I. Un santico,al estilo Juan XXIII.
Pero que no me vincule a su estructura material no me separa del Cuerpo Místico, al que pertenecemos desde la eternidad. Y ésa es nuestra Casa.
Tus reflexiones me ayudan e iluminan porque más allá de las palabras y las ideas está Su Amor y se nota.
Muchas gracias. Y sigue así, por favor! Creciendo en fe y madurando en gracia. Así los frutos en ti serán Amor.

Rafa M. dijo...

Uno de los problemas que encuentro es que soy un poco joven, jovencísimo -creo yo-, y me va a tocar ser muy fiel... Ya ves, poquito a poco, de la mano de María, iremos tirando, intentando proclamar la Palabra. Si quieres, reza para que así sea.

Una cosa, ¿es Juan Pablo II o I? Porque de uno a otro hay unos cuantos años...

(Juan Pablo I no es sólo un santico, diría yo que es un santazo).

Rafa M. dijo...

¡Claro que lo de "santico" era por cariño! Y lo de santazo era para darle un poco más de tomate al piropo. Juan Pablo I es un ejemplo de santidad sacerdotal, igual que Juan Pablo II. ¡Y qué decir de Josef Ratzinger! Siendo sincero, hemos tenido una racha de verdaderos santos en la Sede de Pedro...

Sol Ruiz dijo...

Por supuesto! No nos podemos quejar. En eso los católicos son privilegiados. Creo que es la única religión en el mundo que ha tenido tantos sabios y santos en la silla de Pedro y en el púlpito de Pablo. Siempre pasando por encima de todo para mantener esa piedra eclesial inalterable. Y dando al mundo lo que el mundo,ignorante y descreído, no se merece. Sobre todo es admirable la transparencia, la sencillez y la discreta proximidad con que estos santicos y santazos dan testimonio de lo excelso. Si no fuera por ellos, a saber cómo estaría todo...No quiero nipensarlo!