miércoles, 1 de julio de 2009

Dignidad, diálogo y sociedad

El camino ascendente hacia la dignidad y la identificación con Dios se realiza en estrecha colaboración del individuo con otros seres humanos. Aquí hay una relación directa con el Verbo, con la Palabra. La Palabra de Dios es palabra de amor. Y el amor es un don que Dios nos ha dado, igual que la facultad de comunicarnos. La comunicación entre los hombres es fuente de entendimiento y de amor. Ello se debe a que nos conocemos a nosotros y a los demás, igual que se conocen las Tres Personas de la Santísima Trinidad. El entendimiento y comunicación de Amor de la Trinidad es el referente y aquello a lo que debe aspirar la sociedad humana. Pues Dios se nos dio a conocer a través de Su Hijo Unigénito. «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros (…)» (Jn 1, 14). El amor entre los hombres no es algo abstracto ni distante, pura teoría social, sino algo real y alcanzable. La Palabra nos ha sido dada para que vivamos en Dios, y, por la acción del Espíritu, todos los hombres nos amemos en Él. El Verbo se hizo carne para demostrarnos nuestra dignidad como hombres y el amor que Dios nos profesa como Creador y como Padre. Y, teniendo Dios esa confianza en nosotros, ¿vamos a dudar y a menospreciarnos a nosotros mismos?

El individuo no puede amar si no hay un otro. Y es el amor, o debería de ser, la razón por la cual encontramos el sentido de nuestra existencia. Si el amor es la razón de ser de una sociedad, abre su horizonte a la comprensión y la mejora con las demás sociedades para formar la gran familia humana. Pues la comunicación de amor trinitaria nos ha sido transmitida y donada.

Con todo esto, podemos concluir diciendo que el hombre es un ser social cuyo fin es amar. La realización del hombre en su sociedad vendrá dada en la medida en que haya sido virtuoso y haya amado a los demás y a Dios. Y este es el camino para lograr la felicidad, que es la gran meta de la realización existencial.

Pérez de Oliva consigue con La dignidad del hombre una visión amplia de las dos concepciones antropológicas. Yo me decanto por la concepción de Antonio, que se basa en una visión cristiana de esperanza en Dios y una clara fe en que puede llegar a ser mejor, a pesar de sus muchas carencias y fallos en su actuar. Un ser que ha sido dotado caprichosamente por Dios por ser su criatura más amada. Es un ser que se desarrolla en sociedad, donde ejercita su libertad, conociendo a través del diálogo. En conclusión, un ser que «entiende como ángel», que ha sido creado para la contemplación divina y el entendimiento del mundo, una criatura que es el horizonte entre el espíritu y la materia.

11 comentarios:

Palomitas de Maiz dijo...

Bravo por Antonio. No tengo idea de quien es, pero si dice eso, me apunto. Gracias por transmitirlo.

Rafa M. dijo...

Antonio es uno de los personajes del diálogo de Pérez de Oliva. El texto que he publicado es el final de un trabajo que hice en la Facultad, para la asignatura de Filosofía del Hombre. Sinceramente, fue muy interesante. Sobre todo por su actualidad. Resulta sorprendente cómo hace una síntesis de las concepciones antropológicas habidas hasta el momento, que no se distancian mucho de las actuales. Casi podríamos afirmar que en muchos aspectos son incluso más ricas...

En el diálogo intervienen, como protagonistas, Aurelio y Antonio. Aurelio parece ser el "realista", cuando es todo lo contrario, aquel que no escatima en encontrar errores y carencias en el hombre, casi un nihilista actual (o un posmoderno -así digo algo más snob-). Luego está Antonio, que concibe al hombre dentro de la cosmovisión del humanismo cristiano.

Diría yo que es una obra muy "nutritiva", intelectualmente hablando. Además de que es una muestra de la riqueza cultural del Humanismo y Renacimiento españoles. Que dejaron huella a nivel europeo, aunque ahora no se quiera ver esa riqueza cultural que fluía en la intelectualidad española del momento; ya se tratara de laicos o clérigos, ambos poseían una ambición clara: rescatar la cultura y el pensamiento del pesimismo imperante y del nominalismo más radical...

Rafa M. dijo...

En algunas cosas podrá parecer que hay un pozo por aquí, pero en otras... Quizás sea un auténtico desierto. Ya ves, cosas que pasan. También puede ocurrir que entre tantas palabras surjan cosas interesantes, pero no creamos que se trata de algo intencionado. Más que nada, aprendemos, ¡aprendemos!

Rafa M. dijo...

Sol, tu comentario no se ha publicado, pero te contesto.

Podrá parecer que el infierno es una intimidación, una estrategia para hacer creer que existe una condenación eterna, para así utilizarlo para motivar al cumplimiento de normas morales o religiosas. Pero no es así. Ésta es una mala interpretación dentro y fuera de la Iglesia, creo yo. El infierno tiene un motivo ontológico y afecta directamente al alma. No se trata de un demonio con cuernos y cola echando leña al fuego para que te abrases en el fuego eterno por haber sido malo, no (satanás juega un papel secundario); más bien, se trata de una separación del hombre con Dios, y de ahí que sea tan angustioso. De hecho, el infierno o el cielo comienzan en vida, pues depende de permanecer en el estado de gracia o no. Como dije, el pecado es haberse apartado de Dios, y por ello se ofende, porque nos ama con locura. Por eso se debe pedir perdón, por nuestra ignorancia, se trata de un reconocimiento de nuestro error, que el Padre acoge con los brazos abiertos, lleno de alegría.

Podemos separarnos de Dios porque existe la libertad. Si así no fuera, no seríamos libres; se trataría todo de una gran substancia, de la que no participamos, sino de la que dependemos hasta en las más mínimas acciones. Un gran Ser nos controlaría, cuando en realidad no es así.

Se podría hablar mucho más de esto, pero me espero al próximo comentario. Un saludo.

Sol Ruiz dijo...

La separación entre el hombre y Dios a mí no me sirve, porque personalmente he experimentado que vivimos unidos. Por mi elección, sí, pero sobre todo porque Él me ha demostrado que soy suya y que no hay nada en mí que no esté presente en Él. Y que no es posesión, sino pertenencia. No hay imposición entre tus padres y tú o entre tus hermanos y tú. Sois familia aunque lo querais evitar. Pues eso. No hay distancia realmente. Sólo es un engaño de nuestro ego que necesita esa coartada de la "libertad" mientras se vive en la dualidad. Y está bien porque nos permite trabajar como autónomos y ejercer la experiencia del albedrío, que es estupenda. Pero eso se pasa, como la adolescencia y se vuelve a casa. Como el pródigo y entonces te das cuenta de que la libertad sin Él no es libertad ni es nada. Y que tu corazón y tu mente sólo descansan y tienen sentido cuando toman conciencia de esa pertenecia, de esa fusión, que cuando se produce no tiene vuelta atrás, aunque "peques" y te equivoques. Hay tal entrega de Él, tal compasión en cada caída, tanta ternura en el recoger tus pedazos, que no te sale hacer el mal eligiéndolo. No puedes, porque te repele. Así de claro. No te apetece, no te atrae.
Débil,pues sí, claro. Es nuestra condición que Él comprende como nadie.Pero nada más. Y eso no me avergüenza,si esa condición es el motivo de mi trabajo personal en el que siento Su mano en mí. Nada más lejos que sentirme jamás controlada por Él que es precisamente mi libertad, mi conciencia eterna. Mi Amor. Es exactamente Abbá, el papá dulcísimo que Jesús nos reveló.Y aún más Padre-Madre como le llamaba Papa Luciani, el santico-santazo.
Y estoy absolutamente segura de que, como el Padre de la parábola, jamás le podemos ofender,porque el amor que nos tiene no es ofendible por nuestras limitaciones. Sólo está pendiente de nuestro dolor para consolarnos y de nuestra soledad para manifestarse y abrir sus brazos infinitos.

Soy madre de muchos hijos y te aseguro que, por más que ha habido diferencias e incomprensiones entre nosotros, sobre todo en la adolescencia, jamás me he sentido ofendida por sus palabras duras o por sus desobediencias o rebeldías, ni les he sentido lejos de mí, aunque ellos así lo hayan decidido. Si yo, que soy una pobre mujer, débil y poca cosa, no me ofendo ni castigo, ¿Cómo va a ofenderse el Amor en persona? Al contrario te compadeces el doble cuando ves un corazón cerrado y distante. Le ayudas en la distancia que él decide poner,pero, tú , si amas, no te ofendes jamás ni te puedes distanciar. Ya sabes que esa criatura aprenderá sufriendo el camino hacia la felicidad, cuando madure. Y sabes que si hay un infierno es esa distancia que tú mismo has creado en tu interior, ese vacío que provoca la imposibilidad de amar y por tanto, de poder percibir el Amor que se te regala. ¿Qué más castigo se puede sufrir que cerrarnos voluntariamente la puerta de la liberación y del Amor infinito? ¿Qué padre o madre humanos se ofenderían por la desgracia de sus hijos? ¿Y qué es vivir en la oscuridad del "pecado" sino la mayor de las desgracias?
Sabes, Rafa, estas cosas sólo se comprenden cuando se experimentan en directo. El hijo "bueno" de la parábola evangélica es el que se ofende porque el Padre no está ofendido con el hijo pródigo.
Tal vez, si no nos equivocamos nunca no tenemos la experiencia real de esa fusión filial que lo explica y lo cura todo en el océano amoroso de Su Amor. Y nos cambia de arriba a abajo. Para siempre.
Claro, yo os comprendo a los teólogos. Si la gente empieza a descubrir al Señor por sí misma, pues las mediaciones dejan de tener un porqué y las iglesias, como decía Padre Arrupe, apaga y vámonos. Es como si la gente aprende a curarse sola ¿qué harían los médicos?
Pero su Amor se revela y se manifiesta a los pequeños, a los que realmente le necesitan como la respiración. Y sólo saben que cuentan con Él.
Que Su Amor te enamore hasta la médula. Es el mejor saludo que te puedo dedicar, querido Rafa. Hasta luego!

Rafa M. dijo...

Sí, estoy de acuerdo en cuanto al amor de madre-padre de Dios. Y tú, como madre, cuando tus hijos no comprendían y eran duros de corazón y cabezotas -igual que puedo serlo yo con mis padres, a veces claro está- ¿no sentías gozo y alegría cuando se te acercaban a pedirte perdón y darte un beso y un abrazo? ¿No crees que, a pesar del infinito amor de los padres, la familia puede "separarse" si los hijos no se acercan a sus padres o los padres rechazan a sus hijos? El mensaje de la Divina Misericordia es que, aunque Dios sea Todopoderoso y su Amor infinito, Él no puede derramar su gracia cuando el corazón se embota en la soberbia y la incomprensión, se siente impotente: otra muestra de su amor. Ello es debido a que nos respeta infinitamente; por eso, la vuelta a casa del hijo pródigo depende de una decisión libre del mismo hijo, de reconocer su error y ser humilde para volver al padre, que, a pesar de su amor, no podía hacer que su hijo volviese hasta que éste lo decidiera. Supongo que, como madre de muchos hijos, esto lo habrás vivido, de la misma manera que lo vivo yo una y otra vez como hijo de mis padres.

Una cosa, aún no soy teólogo. Y, aunque lo fuese, los teólogos, los buenos teólogos, comprenden perfectamente al hombre, pues ellos mismos lo son y están al tanto de todas las inquietudes del corazón...

Un saludo, y ¡no te enfades, ché!

Sol Ruiz dijo...

¿Cómo podría enfadarme por cosas tan bonitas como estamos tratando y siempre en la órbita divina, che!?

Un padre o una madre que aman a sus hijos más que a las normas necesarias para convivir, no se alegran por el hecho de que el hijo pida perdón y se "someta" a lo estipulado por ellos, sino porque le ven consciente y más maduro. Y eso creo que hace el Señor, sigue dando su gracia sin inmutarse por los rechazos infantilones de sus criaturillas, somos las criaturillas quienes decidimos si aceptamos su gracia o no. Pero estoy archisegura de que ÉL ni se ofende ni deja de dar a cada momento lo que es, AMOR y Gracia a espuertas infinitas. Su fidelidad es inmutable, no como la nuestra que suele ser de quita y pon.
Es lo que pasa con el sol, por ejemplo. Sale cada día, da la luz y el calor para que la vida siga adelante en el planeta,pero nosotros podemos cerrar las puertas, las ventanas, las persianas, encender una luz artificial y negar que en el cielo hay un cuerpo radiante y generoso que nos da todo. Sin embargo, él seguirá haciendo su obra diaria a pesar de nuestra extravagancia cabezota. Y si negamos esa evidencia y huímos de su alimento vital,somos nosotros los que renunciamos a la salud, a la alegría y al bienestar. Creo que en el orden de los astros y su curso, en la naturaleza misma, el Señor va dejando huellas pedagógicas de su forma de actuar,pistas de despegue para que podamos volar más allá de nuestras limitacíones, empezando por admitirlas, claro!
Y sabes, el riesgo que tiene la teología es que hacer una "ciencia de Dios", ya implica querer atraparle en un sistema pequeñito y a veces, es una distracción mental, que tiene el riesgo de dispersarnos en razones y especulaciones sobre Aguien que desborda nuestras herramientas y nuestras cavilaciones.
Pero también es muy bueno que exista porque responde a un estado de crecimiento que la hace necesaria durante un tiempo. El riesgo es quedarse en ella toda la vida y no dar el salto necesario hacia Aquello que la supera. Pero a eso,como dice San Pablo, se llega haciendo cada vez más sitio al Amor dentro de nosotros. Sólo así se pasa del imperio de la Ley a la plenitud de la Gracia.
La teología nos enseña a ser buenos por decreto y a prepararnos para serlo con una naturaleza transformada y dócil, por una inocencia nueva, que fluye en el Amor Infinito, que es aquello que nos da la vida y constituye nuestra verdadera esencia trascendente y eterna.Hijos de Dios y herederos de su Bondad.

Bon día, Rafeta! y un abrazo del cielo para ti.

Sol Ruiz dijo...

¿No me digas que ese nuevo edelweiss que has puesto lo has pintado tú? Es precioso!

Rafa M. dijo...

No, no lo he dibujado yo. Pero estuve buscando imágenes y me encantó. Vi que pegaba más en el blog. ¿No crees?

Sol Ruiz dijo...

La foto anterior es la realidad tal cual y ésta,la interpretación artística de la belleza pasada por el filtro y las manos del artista. Es muy hermosa y evoca la pureza de la creación divina y humana. Y sí, es cierto le va más al blog, por lo zen y meditativo que sugiere.
Sabes, Rafa, entrar en este blog es como entrar en la capilla del Santo Cálíz, en la catedral. A veces me siento allí en el banco de piedra pegado al muro del fondo. Y me quedo en silencio dejando que me impregne aquella energía especial de recogimiento. Pues, de verdad, que onlinisticamente, la sensación de este blog es muy similar. Es que hasta en los pucheros anda Dios ¿verdad? Y darse cuenta de ello es la felicidad y la paz que nada nos puede arrebatar, aunque pasen cosas que alteran o trastornan, queda un fondo siempre sereno. Como en el mar. Las olas y tormentas se mueven en la superficie,pero en los abismos silenciosos siempre reina la calma.
¿Conoces una canción de los 80 que se titula "El Oceano de Silencio"? Es de un cantante italiano que tal vez, al ser tan joven no conozcas,se llama Franco Battiato, y va de esto mismo. Es muy bonita. Estoy segura de que te gustará. Igual la encuentras en el You Tube. Bueno, ya me cuentas. Gracias por todo y hasta luego!

Rafa M. dijo...

¿Mi blog es zen? Reflexivo podría imaginármelo, pero ¿zen? No sabía que tenía yo ese toque oriental. Es una nueva noticia, si te digo la verdad.

Ahora que mencionas el Santo Cáliz, soy un forofo. Desde pequeño me ha llamado la atención. No te puedes imaginar la satisfacción que me suponía saber que Indiana Jones no tenía el auténtico, no, sino ¡yo, en mi ciudad! También soy aficionado al estudio de la Sábana Santa de Turín. ¿Te suena el centro español de sindonología? Es un centro creado por valencianos que estudia la Sábana Santa y reliquias que tengan que ver con la Pasión de Cristo. Tales como el Sudario de Oviedo, el Cáliz ó, también, el lignum crucis y demás. Es un estudio interesantísimo, además de darte lecciones de historia y arqueología. Un saludo.