lunes, 27 de julio de 2009

STALKER: ENTRE LA SEGURIDAD Y EL ABANDONO


Escribir sobre una película tan relevante no hace sino intimidarme. Se pueden hacer tantas interpretaciones, y cada una de ellas tan original, que no me creo la persona más indicada para hacerlo. Pero no es esto lo que nos atañe ahora.

He podido contemplar este film con detenimiento en un par de ocasiones, y en las dos me he quedado con ganas de volver a verlo, de repetir en especial algunas tomas; que son, por cierto, algunas de las más relevantes en la historia del arte y de la filosofía. A pesar de su larga duración, los films de Tarkovsky me dejan boquiabierto, y siempre deseo que me cuenten más y más… Que me acerquen a ese universo de la belleza, de la vida misma, y de las inquietudes que surgen dentro del corazón humano.

Vuelvo a confesarme como eslavófilo, pero no me importa. ¿Acaso encontramos en la actualidad mejores ejemplos de reflexión filosófica y de búsqueda de la fe? En pleno siglo XXI, salvo que recurramos a otros autores más antiguos u originales –o, en particular, a teólogos de la talla de Ratzinger o von Balthasar–, la profundidad intelectual y humana de colosos como Dostoyevski y Tarkovsky es sorprendente. Se erigen como defensores de los anhelos más íntimos del hombre, como poetas de la verdad, como caballeros de la resignación… Siendo testigos de una realidad que no siempre es respetada y que en la mayoría de las ocasiones es rechazada de antemano.

‘STALKER’ es una película que se ambienta en La Zona, un lugar donde hubo un cataclismo y, a raíz de ello, se abrió una habitación en la que se cumplen los deseos más recónditos de los que se introducen en ella. El Stalker es el elegido para conducir a los más desgraciados hasta la habitación, y para ello debe guiarlos a través de La Zona. Los stalkeros son supervivientes del accidente en La Zona y por ello son los verdaderos conocedores de la misma, pues es su verdadero “hogar”. Todos aquellos afortunados a los que han conducido hasta allá no volvieron de la habitación. Ya fuera porque muriesen por el camino o porque conseguían alcanzar la felicidad, ninguno ha vuelto.

Los que tienen que cruzar La Zona ahora son el Escritor y el Profesor. Estos nombres son puestos por Stalker para no conocerlos por quienes son, sino por aquello que piensan, dicen y hacen en La Zona. De esta manera sabe si sus intenciones son honestas o no. Se trata de auténticos intelectuales del momento, formados y estudiosos, que tienen una vida exitosa y sin irregularidades; pero les falta algo, se sienten insatisfechos, desgraciados, y por ello quieren llegar hasta esa habitación, para colmar esa sed de dicha que no alcanzan entre las cosas y los lujos del mundo.

Casi toda la película se desarrolla en el tránsito de La Zona. Puedo asegurar que tiene una calidad artística insuperable, puro Tarkovsky… Los planos, la atmósfera creada por el director, la interpretación de los actores, todo resulta único y original. A veces califican a Tarkovsky como un poeta del cine, y creo que no se equivocan. Basta leer con detenimiento su libro ‘Esculpir en el tiempo’ para darse cuenta de que es un artista fuera de lo común en su siglo; se trata de un verdadero artista, contemplativo y conocedor de una realidad que no es alcanzable para todos, y de la que se sabe esclavo, elegido para trasmitirla, como si fuese una especie de Stalker… Él afirma que el artista no es libre, que se encuentra sujeto a una misión que cumplir y que él mismo no puede ser infiel a la misma. El artista es un conocedor de la verdad y por ello la expresa irremediablemente.

En cuanto a ‘STALKER’, es un fiel reflejo de este mensaje. Las reflexiones sobre la verdad, la religión y el arte que hace el autor en sus obras son continuas. Este film no es una excepción. El Escritor y el Profesor consiguen llegar hasta el final de La Zona, después de innumerables dificultades y de pruebas extremas. Resulta especialmente duro al Escritor, que tiene que cruzar “el molino de carne”. Se trata de un túnel por el que es necesario cruzar, pero no todos sobreviven al mismo. Creo que este pasaje es clave en la película, pues se pone de manifiesto el miedo ante la duda y la inseguridad de nuestra vida. Gracias a ello, y habiendo pasado “el molino”, Escritor consigue hacer una confesión sobre su vida, reconocerse a sí mismo como si estuviese ante un espejo y juzgarse. ¡Aquí tenemos algo de gran relevancia filosófica! Es como el letrero del oráculo de Delfos: conócete a ti mismo. Es decir, ¡sé sincero!, no intentes aparentar lo que no eres, no tergiverses las verdades que se encierran en tu corazón por la propia opinión ni por el mundo que te rodea, ¡sé fiel a ti mismo! Por esta confesión el Stalker le dice al Escritor: por esto vivirá usted cien años. Pero el Escritor, como reflexión sincera y última del hombre, contesta interrogándose: ¿y por qué no toda la vida?

Esta frase me parece de absoluta trascendencia. Muestra esa aspiración a la eternidad que se encierra en el interior del hombre, que guarda ese deseo de una vida completa, que anhela la felicidad. El hombre no sería hombre si no aspirara a lo eterno. Somos el único ser sobre la tierra que quiere llegar hasta este punto. Como personas, lo deseamos, sin que podamos evitarlo. Porque sin la eternidad, ¿qué sentido tiene nuestra existencia? Siendo capaces de percibir el paso del tiempo y de exasperarnos ante este fluir de la vida, este “todo pasa” heraclitiano, ¿qué nos queda sino desesperar si no podemos atrapar un solo instante en la eternidad, si nuestra vida va a ser como el polvo que se levanta por una ráfaga de viento o como una flor bella que se parchita al perecer? Por esta razón, buscamos la eternidad en esos instantes que nos arrebatan, que nos hacen experimentar una sensación de lo eterno, pero siempre se nos escapa. Creemos encontrarla en medio del mundo –de lo mundano, mejor dicho–, con la fama, el éxito y las riquezas. Pero no, esto no nos lo proporciona. Tenemos un ejemplo tras otro de grandes famosos que se han volado la cabeza o que han sucumbido por el alcohol y las drogas. Entonces, ¿qué deseamos ardientemente?; ¿qué nos aporta el verdadero sentido en este mundo y nos encamina hacia lo eterno?; ¿qué buscamos en este peregrinaje de la existencia? Sin lugar a dudas, la felicidad. De esto trata la película.

La película puede compararse con un peregrinaje, y en ese peregrinaje surgen miles de complicaciones, de dudas, de rechazos continuos que no entendemos. Por esta razón nos rebelamos contra ello, nuestro yo no tolera la duda, buscamos la certeza y la seguridad en la vida. Ello se debe a que no estamos dispuestos a abandonarnos en la Providencia y en la Fe. No admitimos a Dios, renegamos de él. Una y otra vez le gritamos con fuerza «¡no, tú no! ¡Déjame, ¿no ves que estoy buscando otra cosa?! Tú no eres más que un engaño, una ilusión infantil propia de la ignorancia. No eres el Creador, eres el mentiroso que ha estado imponiéndose al hombre desconocedor, al niño que se contentaba con cuentos de hadas; pero ahora sé que no es eso, ¡no eres tú!». Preferimos encontrarnos con otra cosa que no sea Él, por ello queremos destruir la Fe, como grita Stalker en la película, desesperado ante la pasividad y la arrogancia del Escritor y el Profesor. Él se da cuenta que en el fondo estos dos hombres no buscan la felicidad, sino a sí mismos, quieren reafirmarse en su posición; no les hace falta la Fe, no la desean. Por ello quieren destruirla, se trata de un obstáculo en su vida, aquello que les hace tambalearse entre sus murallas, en esa fortaleza de la reputación y la certeza matemática.

Ante todo esto, Stalker desespera. Puede parecer triste, pero es así. Es un hombre que es “un simplón”, así le califica incluso su mujer. Pero ella le quiere, es feliz con él en medio de todas las desgracias de la vida, igual que él. Los dos se aman. Esta es la razón de ser en su vida: el amor. El abandono en el otro es su esperanza. Es un “ser-para” el otro. Forman una familia, que es un vínculo de amor entre sus miembros. El Escritor y el Profesor no lo entienden. ¿Un Stalker feliz y siendo amado? ¿Con una hija peculiar y discapacitada? Imposible para ellos. Pero no. Stalker también es un desgraciado, pero conoce el amor, se entrega a los demás una y otra vez para que sean felices. Le llena de gozo su vocación, incluso cuando es rechazado, porque siempre encuentra el consuelo de una mujer que le comprende hasta el fondo y que le ama.

No hablaremos ahora de las escenas de la película, tan sólo que cada una de ellas está cargada de belleza. Es una reflexión profunda sobre el sentido de la existencia y está repleta de contenido. Se presta a miles de interpretaciones. Una de ellas, que me ha parecido a primera vista, es la confrontación entre la seguridad y el abandono que experimentamos a lo largo de nuestra vida. En primer lugar cuando nos confiamos en el otro, y, después, en el “salto de fe”, del que hablaba Kierkegaard, y que encontramos una y otra vez en autores como Dostoyevski. Al final, el idiota, “el simplón”, que es el más humilde y conocedor de la inocencia de la fe, es quien está en condiciones de trasmitir el mensaje de la fe, de la felicidad y de la esperanza. Tesis que encontramos repetidas veces en autores cristianos de corte existencialista.

Así con todo, el amor y la fe, la esperanza que engendran ambos, son la receta de lo eterno, los verdaderos ingredientes que nos introducen en la eternidad y nos hacen participar de una realidad insospechada ahora, pero que se engrandece a lo largo de la vida, en la medida en que se abandona uno en ellos. Ese “ser-para” y “ser-con” acaban por completar un vacío que nos acecha en la vida del hoy y del mañana, pero que nos abren las puertas del camino hacia la verdad, y que nos permiten la contemplación del rostro de un Dios que se nos ha dado a conocer y que vive con nosotros.

5 comentarios:

Sol Ruiz dijo...

¡Bravo! ¡Bravísimo! No tengo palabras, Rafa. Tarkovsky me entusisama y creo, como él, que el artista o es un stalker natural o es un fantoche narciso que se acaba enamorando de sus propias fantasmadas hasta morirse de asco y desesperación por la incapacidad de trascender sus miserias de autobombo. Aunque sea famosísimo y celebradísimo. Eso es basura si no hay algo más que dar, que amar y que construir junto al Otro.

El arte es un don divino que se nos da para crecer y hacer crecer a otros, como el don de sanar o cualquier otro carisma del Espíritu Santo. Una gran responsabilidad y un gozo también. A veces un dolor, parte de la cruz,que debe resucitar tarde o temprano, cuando se abandona lo viejo y gastado para entrar en la vida nueva y generosa.

Gracias por ese pedazo de sabiduría y de inspiracíón, por compartirlo fraternalmente. Pero sobre todo gracias al Señor que te ha dado esa lucidez y a mí la suerte de poder leerla.

Saluditos y abrazo del cielo.

Rafa M. dijo...

Es que Tarkovsky da mucho de sí. Me encantaría hacer un comentario de cada una de sus películas. Supongo que lo haré. ¡Pero se pueden hacer tantas y tan buenas interpretaciones! La película que más me gusta es Andrei Rubliov. Es apasionante. En ella sí que hace una reflexión profunda sobre la vocación del artista. En fin, muchísimas gracias por los piropos. Un abrazo.

Sol Ruiz dijo...

Pues cuenta con mi atención a esos comentarios tarkovskianos cuando te animes a escribirlos y muchas gracias anticipadas.

Hasta pronto!

Amparo dijo...

Me ha gustado mucho, Rafa. A ver si escribres más de estos.

Un saludo, Amparo.

Mora Fandos dijo...

¡Hay que verla! gracias por la pista, y hablaremos.