martes, 29 de septiembre de 2009

Buenos consejos

Quizá sea uno de los mejores libros que podamos encontrar. Es sencillo y directo. Pocas páginas habrá que hablen como las de este libro. Y es que, siendo poeta, no se puede percibir el mundo con mayor sensibilidad.

Se trata de Rilke, de uno se sus libros: CARTAS A UN JOVEN POETA. Lo he releído esta semana. Vale la pena hacerlo. Puede leerse una y otra vez. Nunca nos defraudará, pues siempre encontraremos algo que nos ilustre. Si se quiere saber lo que es ser artista, debe leerse este libro.

Son unas cartas que escribió el poeta a otro poeta -¡qué casualidad!-. Pero van dirigidas a un poeta joven, y por ello resultan sencillas, bellas y asombrosas, ya que nos introduce en la atmósfera de lo cotidiano con los ojos del artista, del verdadero artista. “Si su vida diaria le parece pobre no la acuse; acúsese a sí mismo, dígase a Ud. mismo que no es lo bastante poeta para convocar a sus riquezas; para quien crea no existe la pobreza ni un lugar pobre o indiferente”, nos dice. Esta es una de las frases que más me llamó la atención. Más que nada, parecía que iba directa a la línea de flotación. Cuando más me invade el escepticismo me acuerdo de esta frase, y no falla. Derriba el torreón de mi soberbia y me saca de la madriguera oscura en la que me meto.

No sólo van dirigidas a un poeta, sino a todos. La profundidad de sus reflexiones es tan aguda que no podemos desatender ni una sola de sus palabras. Sobre todo en el ámbito del amor, del que habla “sin recelos de ningún tipo de error eclesiástico (clerical)”, dice. De la mujer nos habla de esta manera, “las mujeres, en cuyo interior se demora y habita una vida más inmediata, fecunda y confiada, en el fondo se habrán convertido en seres más maduros, más humanos que el hombre frívolo a quien ningún fruto carnal le sumerge debajo de la superficie de la vida, y quien presuntuoso y apresurado subestima lo que cree amar. (…) Algún día existirá la muchacha y la mujer cuyo nombre ya no signifique sólo lo opuesto de lo masculino, sino algo que vale por sí mismo, algo que no induce a pensar ni en complemento ni en límite, sólo en vida y existencia: la persona femenina (…) La experiencia del amor (…) la transformará fundamentalmente, la convertirá en una relación pensada como un ser humano a otro ser humano y ya no de hombre a mujer”. Creo que estas palabras hablan por sí mismas…

Para terminar, citaré una reflexión sobre la creación artística. “El tiempo no es ninguna medida, un año, diez años, no son nada; ser artista quiere decir: no calcular, no contar; madurar como el árbol que no empuja a su savia y que, confiado, se yergue en las tempestades primaverales sin temor a que el verano no pueda llegar a ellas”. Así, el arte no es fruto de la mera espontaneidad, de la expresión impulsiva de lo relativo, sino una gestación, un diálogo interior con esa criatura que se lleva dentro y que anhela ver la luz. Pero todo a su debido tiempo, sin forzar la naturaleza de las cosas.

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