jueves, 29 de octubre de 2009

El superhombre II

("El superhombre I" está entre las entradas de junio)


El siguiente autobús llegó diez minutos después, tres más tarde de lo habitual. Carlos se inquietó al comprobar que no llegaría a tiempo al examen. Por eso subió dando pasos de gigante al autobús, como para adelantarse al correr de los segundos.


-No, eso no… -dijo al meter la mano en el bolsillo del pantalón.

-¿Pasa algo, caballero? –dijo el conductor del autobús.

-Pues… Es que… El billete, ¿sabe?

-¿Saber qué?

-Que no lo tengo.

El conductor le atravesó con sus pupilas.

-Pues ya sabes… Voy a llamar a la guardia civil.

El corazón de Carlos comenzó a latir, de súbito, con fuerza, arrastrando la sangre helada de sus venas.

-Ja, ja, ja –rió ruidosamente el conductor -. Venga, hombre, pasa.

-¿Qué?

-Que paseees.

-Aaah… Vale… Gracias.

Y fue a sentarse al final del autobús, junto a la ventana.


Al bajar del autobús, cerca del colegio, comenzó a correr de nuevo. Cuando llegó al colegio se paró, intentando no parecer nervioso. Sabía que estaría Don Jaime vigilando con la lista de retrasos. Así que puso su cara más viril y valentona. Se acercó al pabellón a pasos lentos y seguros, controlando la respiración. Y pasó por delante del despacho.


-¡Martineez! –gritó Don Jaime.

-Buffff. ¿Qué? –contestó Carlos.

-¿Cómo que “qué”? Ven aquí, ven aquí –dijo Don Jaime saliendo a la puerta del despacho.

-Pero, Don Jaime, tengo examen…

-Ni examen ni leches. ¿Te parecen horas de llegar?

-Pues, no sé. Tampoco he llegado tan tarde.

-¿Cómo que no has llegado “tan” tarde? Macho, ya pasan veinte minutos. ¿Te parece normal?

-Lo siento. Mire, el autobús…

-Ya, ya, ahora la culpa la tiene el autobús. Harto me tienes, ¡harto me tienes! Cuando no es una cosa, es otra. La culpa siempre la tiene otro. Tú, claro, la víctima de todas las injusticias. Pero ¿qué te crees, chaval?

-Pero…

-¡Nada de “peros”! Mira, ahora te apunto en la lista. ¿Has visto cuántas faltas llevas este mes? ¡Siete!

-¿Siete?

-¡Si-e-te! Y con esta, ¡ocho! Macho, te estás cubriendo de gloria. ¡Prepárate, prepárate! Porque de esta no te libras…

-¿Por qué?

-¿Acaso lo dudas? Ya hablaremos, ya hablaremos… Anda, sube corriendo.

-Pero...

-¡Venga! ¿No tienes examen? ¡Arriba!


Subió lo más rápido que pudo, de tres en tres escalones. No le quedaba apenas tiempo: unos treinta o veinticinco minutos, nada más. Golpeó tímidamente con los nudillos la puerta de la clase, mirando tras el cristal al profesor. D. José Miguel le dirigió la mirada con sus ojos negros, extrañado por el momento, y le indicó que pasara.


-¿Qué ha pasado? –susurró D. José Miguel.

-Nada, perdone. El autobús… Ya sabe. –dijo Carlos en voz baja.

-Venga, toma –dijo D. José Miguel, dándole el examen-. Siéntate en tu sitio y hazlo, que no queda mucho tiempo.

Carlos cogió el folio fijándose en el blanco de las canas del profesor, que siempre le había llamado la atención por el contraste con su piel morena.


Al sentarse y ver el título del examen (TEMA 7: TRIGONOMETRÍA) le comenzaron a sudar las manos, que se enfriaron rápidamente. El tiempo pasó volando, sin que pudiera percibirlo. D. José Miguel le dejó unos minutos más que al resto. Pero ni siquiera esto podía calmar a Carlos, que se precipitaba en cada operación, sin poder concentrarse.


-Bueno, ¿qué tal te ha ido? –preguntó D. José Miguel sonriente.

-Pues, ya ve, lo de siempre. Nunca me aclaro –dijo Carlos con tristeza.

-Tranquilo, hombre, ya veremos qué se puede hacer.

-Ya, pero ¡qué más da!

-No te preocuuupes.

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