viernes, 20 de noviembre de 2009

Ecce Homo


Deja de mirarme. No lo soporto. Tus lágrimas no van a hacer que cambie. ¿No lo entiendes? ¿Por qué insistes? Te has quedado solo. Todos te han abandonado y nadie te comprende. Incluso esos que dices que son tus discípulos. Nadie te acompaña. ¿No ves lo despreciables que somos? Abandona, ¿qué puedes cambiar? Nada. Vas a morir. Te colgaremos de ese madero. Te despreciamos. Estás a tiempo de irte, de dejarlo todo y no continuar con esta locura. ¡Tanto tiempo predicando tu mensaje! ¿Para qué? Para quedarte solo, para que te matemos…

Dices que eres la Verdad. ¿Crees que puedes abarcarlo todo? ¿Puedes soportar todo esto? ¿No nos has visto? ¿La verdad? ¿Dónde? Nadie es sincero, nadie. Todos nos dejamos llevar por la vida, por los días que nos consumen. ¿No ves lo dolorosa que es la verdad? ¿No ves lo cerca que estás de la muerte? Ninguno la ha sobrevivido. Es la reina de la verdad, la que impera con toda su fuerza. Y tú… ¿vas a enfrentarte a ella? ¡Eres un hombre! ¡Como todos los demás! No la puedes detener. Lo verás con tus propios ojos. Sucumbirás ante su poder como todo el mundo. Estás consumido, destrozado. ¿Aún pretendes continuar?

Tú no eres rey. Eres pobre. ¿Dónde está tu corte? ¿Son esos pescadores? ¿Esas mujeres? ¿Los niños? Sé sincero: todo es una farsa, una ilusión. Nosotros tenemos el poder. Ya no necesitamos profetas, queremos un verdadero rey. Los artesanos no conocen la guerra. ¿Puedes darnos dinero? No. Eso es lo que necesitamos para nuestra revolución. Ese es el rey que esperamos. ¡Tú no! ¿Qué nos ofreces? ¡Amor! ¡Pan de vida! ¿Un rey puede mandar con amor? ¡Hace falta justicia! ¡El imperio de la ley! Déjalo ya. Me das asco. Basta de tanto teatro. ¿Cómo te atreves a decir que nos amas? No te creo. Es imposible amar. Amar al otro como a uno mismo… ¿Como a uno mismo? ¿Pretendes decirme que puedo amarme? Tú no nos conoces. Si supieras lo despreciable que es el hombre no dirías esas cosas. No necesitamos el amor. El amor es para los dioses. Y tú no eres Dios, no eres su Hijo. Eso te lo vamos a demostrar. Vas a odiarnos con todo tu corazón. Te torturaremos hasta que nos digas la verdad, hasta que demuestres lo que se oculta tras la falsedad de tu cariño. Vas a sufrir, te lo aseguro. Estás solo.

Pero te voy a dar una oportunidad. Saldrás fuera y pedirás perdón por intentar amarnos. Será lo único que te conceda. Si no dejas de hacerlo seré yo quien te clave en la cruz. Y no soy compasivo. Conozco a la gente como tú. Es fácil hacerlo. ¡Qué ilusos! ¿Tenéis esperanza? ¿Tú tienes esperanza? Haces sufrir a la gente diciendo eso. ¡Déjanos vivir con nuestra desgracia! Tenemos suficiente con no matarnos. Además, este mundo no está tan mal. Podemos vivir los pocos días que nos quedan. ¿Y te atreves a hablarnos de vida eterna? ¿No ves que eres el peor hombre que ha habido? ¡Eres una mentira! ¡No seas infantil! ¿Quién te ha engañado? ¿Quién te ha enseñado todo lo que predicas? No digas que es “tu Padre”, porque eso no es así. No hay ningún padre. Si lo hay es cruel y malvado. Su reino se ve por todas partes. Sólo nos queda soportarlo como podemos. Por eso te dejo que pidas perdón por estar engañado. Sal fuera y dilo. Es sencillo. Todos te creerán enseguida. Es más fácil eso que todo lo que nos has dicho. No pidas que tengamos fe en ti, pues eso será tu sentencia de muerte. Y te queda poco tiempo. Si lo haces ahora te dejaré libre, puede que hasta te conceda algún privilegio…

¿No? ¡Insistes! ¿Crees que puedes cargar con nuestros pecados, con nuestro odio y nuestro vacío? Bien, tú lo has querido. Vas a morir.

-¡No tenemos más rey que el César! ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!

4 comentarios:

Marcela Duque dijo...

«Pertenecer a la verdad es creer que la verdad existe y buscarla tenazmente; es saber que no somos sus propietarios, sino sus servidores; es no tener miedo a proclamarla ni a defenderla; es estar dispuesto a sacrificar por ella la fortuna, el prestigio y hasta la vida.»

Rafa M. dijo...

Pero... ¿qué es la verdad?

Lucía M. dijo...

Puede que Jesús no contestara a la pregunta de Pilatos porque en aquella situación era totalmente innecesario: Pilatos tenía la Verdad delante de sus narices. Pero claro, era una Verdad que venía adornada de un sufrimiento que parecía que no compensaba. Ahora, muchos piensan lo mismo.
Creo que esta entrada es una buena radiografía de la sociedad actual, bueno, más bien, una radiografía del hombre, porque pasan los años, los siglos, los milenios, y tampoco variamos tanto. (aunque algunos se crean muy progres)

Rafa M. dijo...

Lo peor de Pilato es el miedo, la indiferencia. No es capaz de "comprometer-se", que es el aspecto más importante de la verdad. La verdad no es imparcial y por ello Pilato se encuentra entre dos fuegos... Y acaba lavándose las manos. Pilato es políticamente correcto. ¡Qué le vamos a hacer!