martes, 24 de noviembre de 2009

L’Étranger I

Albert Camus escribió El extranjero en 1942. Es una novela que se desarrolla en Argelia. Meursault es el nombre de su protagonista. La temática es ambigua y me parece que no es fácil abordarla. Creo que trata el ateísmo, pero esta afirmación sería precipitada.

A veces se intenta encuadrar a Camus dentro del humanismo, para mí esto es cierto. Decir que la novela es nihilista es un error. Es profundamente humana. Se sumerge en el corazón del hombre haciéndonos sentir la aguda apatía del protagonista. La existencia del protagonista es absurda y no puede mirar al futuro. Ante todo está solo. Quizá sea esta la temática y la novela sea una historia sobre la soledad.
“Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé”. El comienzo de la novela estremece. Meursault es huérfano. Además, le resulta indiferente la muerte de su madre. Pero ¿tiene él la culpa? ¿Se puede condenar a un hombre por no tener sentimientos? No. Debería suscitar en nosotros compasión. Estar solo es una desgracia. Aún peor estar solo cuando se está acompañado. Si perdiésemos las papilas gustativas los alimentos dejarían de satisfacernos. La buena cocina sería para nosotros una estupidez, ya que todos los alimentos serían iguales. Ocurre algo parecido cuando el corazón se acartona. Da lo mismo que esté frío o caliente, pues nunca percibiremos el aliento de la vida. Es el sentimiento de que “(…) nunca se cambia de vida, que en todo caso todas valían igual y que la mía aquí no me disgustaba en absoluto”, como dice Meursault. Igual que los alimentos, la vida puede volverse insípida. La existencia es como una resaca. “Me sentía completamente vacío y me dolía un poco la cabeza”.

En la novela juega un papel especial María, la mujer a la que ama Meursault. Puede decirse que ella es la razón de su vida, aunque él no lo manifieste. Esto es triste. El protagonista, a pesar de amar-la, no puede amar. Vive muerto. “La encontré muy bella, pero no supe decírselo”, dice estando preso. Es incapaz de expresarse ante la belleza, de removerse ante aquello que le cautiva. ¿Se puede ser libre con esta perspectiva? ¿Hay libertad sin amor?

Pero en la novela se trata un tema en especial: la sociedad y su justicia. ¿Puede ser juzgado un individuo que es ajeno al mundo? ¿Es sujeto de deberes una persona que no puede amar a nadie? Sin lazos, sin intimidad ¿hay sociedad? “Me expliqué también la extraña impresión que sentía de estar de más, de ser un poco intruso”, dice Meursault. ¿Podemos juzgar a una persona que no conocemos? Esta crítica da en el clavo. El juicio es plasmado por Camus con extrema ironía. “El procurador gritó: ¡Oh, no, es suficiente!, con tal ostentación y tal mirada triunfante hacia mi lado que por primera vez desde hacía muchos años tuve un estúpido deseo llorar porque sentí cuánto me detestaba toda esa gente”. Un hombre que ha sido olvidado desde la cuna, al que nadie ha querido, sólo una persona quizá -María- lo ha valorado por sí mismo, al que nada produce un sentimiento y que no conoce lo que es la culpa, ¿es posible juzgarlo? ¿Sería, acaso, justo? ¿La Justicia es justa haciéndolo?

Esto, personalmente, me preocupa. No son pocos los filósofos que consideran al Derecho la panacea del ser humano. ¿Es que va a darnos el Derecho la solución a todos nuestros anhelos? ¿Puede el Derecho sondear el alma humana? Creo que no. El sistema jurídico no tiene una respuesta a la pregunta sobre el ser humano. Lo peor de todo es que no lo conoce y lo encuadra dentro de un sistema de derechos y obligaciones. Además de que nunca va a dar una respuesta, se cree capaz de todo: pan y circo…
Ahora creo que podemos hablar del ateísmo. Cuando nada te vincula, cuando no hay amor, cuando la justicia no justifica y la vida pasa, se puede ser ateo. Y aquí comienza el absurdo. La esencia del ateísmo es la orfandad. Cuando se crece solo no te enseñan, te imponen; cuando se crece solo no se quiere nada, hay deberes; cuando se crece solo no hay amor, sólo la ley… Cuando se está solo Dios se convierte en un tirano, por ello se puede ser ateo, mejor serlo si se tiene esa idea de Dios. Quizá se pueda amar, al menos, a aquellos que te aman… “Pero todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida”.

5 comentarios:

victorbite dijo...

Lo terminé de leer hace un par de semanas, así que me ha gustado la entrada.
Supongo que con tu explicación sobre que es humanista y no nihilista querías decir que aunque parezca que Camus expresa que la existencia no tiene sentido, sólo dice que puede llegar a perderla, que es algo muy diferente. ¿Algo así no?
Luego lo de la farsa de la justicia y lo de la belleza estaba muy acertado, pero cuando has sacado el tema de Dios no sé yo. Es algo que te puedes plantear paralelo a la novela (¿Es compatible la idea de Dios con que al menos algunas existencias estén vacías?) pero no creo que esté en ella directamente.


Un profesor me recomendó que hiciera reseñas de libros, películas o discos, y viendo como lo exprimes tú creo que estaría bien.

victorbite dijo...

Ah, y por cierto, aunque la estética de El extranjero sea tan demoledora, a mí La náusea me removió más por dentro, tal vez por las descripciones más concretas que hacía.

Rafa M. dijo...

Sí, tienes razón en cuando al tema de Dios. No es directo. Pero la conversación con el sacerdote en la celda me hizo profundizar un poco en el tema. Lo haré en la próxima entrada. Equiparando el vacío y el ateísmo me refiero a eso, que no se puede creer con el corazón hueco. Es paralelo, pero creo que está de fondo. Camus no es tajante, dialoga y profundiza en el porqué. Me parece que el tema de Dios está ligado el de las relaciones humanas, por eso lo mezclé con esto. No hay Dios sin sociedad, esta es la idea. Si no amas a los otros, no conoces a Dios.

En cuanto a la estética. Sí, es demoledora, pero sincera y tierna en cierto sentido. Camus tiene mucha sensibilidad para percibir al ser humano. Es poeta. No he leído 'La náusea', pero creo que Sartre es más partidista, en el sentido filosófico. Se entrega a sus razonamientos, a sus esquemas abstractos, y por eso puede ser más virulento. Camus, en cambio, creo que es sincero y más humano. No ve el infierno en los otros, sino que ve el infierno que es estar sin los otros...

Si te soy sincero, a veces veo esa sinceridad en tus microrrelatos.

Y la existencia puede perderse, esto es evidente. La vida no es una pasión inútil, sino que puede perder toda vitalidad. Se puede vivir muerto... Pero también podemos vivir "viviendo".

Philip Muller dijo...

Una de las cosas que me gustó del libro es lo bien que se ajusta su escritura seca, cruda y sincera a la personalidad del protagonista.

Es genial. Estremecedor porque pasa lo que pasa (así, sin más) y porque el tío lo que cuenta como lo cuenta (así, sin más). ¿No?

El personaje me pareció muy muy bueno. Muy real, palpable. ¿Crees que cambia algo el que esté vivo alguien que piensa lo que piensa él sobre la vida? Creo que no. Y me parece un punto del libro.

La únicas personas que parecen quererle por lo que es somos los lectores, y por eso no nos conformamos con su muerte. Creo yo.

Espero impaciente el café y el siguiente post.

Rafa M. dijo...

El estilo es genial. Ajustado, preciso. No sobra ni falta nada. Sucede todo, como dices, sin más. Como la vida misma. Es el ¿y qué? ¿Cambia algo?

¿Que si cambia algo? Me parece que sí. Mira a tu alrededor y verás a Meursault en muchas personas. Creo yo. Y no creo que le "queramos", sino que "nos compadecemos" por su vida. ¿No crees? Alguien así debe movernos a no dejarlo solo. Puede que María sienta algo así, puede que desee cambiarlo a base de calor humano. A mí, desde luego, al leerlo, me gustaría ayudarle, por eso no me conformo con su condena, tampoco con la precipitación del juicio. Pero Meursault no responde... Hay algo que depende de él, y ahí no podemos entrar los otros.