martes, 15 de diciembre de 2009

De la escritura

De entre las personas que escriben, las tenemos de dos clases. No todas las personas que escriben lo hacen conscientemente, y no todas las personas que escriben lo hacen de verdad.

Escribir no es simplemente una técnica. No podemos concebir la escritura como simple estilo. Esto es otra cosa. Lo más seguro es que esto sólo sea esteticismo, academicismo. O, quizá, técnica de aficionados: cualquiera puede escribir. Rilke dice que escribir debe ser una necesidad. Y no creo que todas las personas que han escrito algo lo hagan por necesidad. Por ese deseo ardiente que consume desde lo más hondo, haciéndote expresar aquello que clama desde dentro. Muchas personas escriben para sentirse bien, para creer que pueden hacerlo. Esto es comprensible, pues a todos se nos pasa por la cabeza ese pensamiento de querer ser famoso, firmar libros y demás. Pero hemos de fijarnos en aquellos que han escrito algo de verdad: Cervantes lo pasó muy mal. No podemos decir que este escritor disfrutara con su “afición” (¿afición?). Si prestamos atención a su vida vemos una y otra vez el desconsuelo y el fracaso entre unos pocos reconocimientos. ¿Es atractiva una vida así? Cervantes se enfrentó contra viento y marea, y, en particular, contra el Fénix de los ingenios (Lope). Ante este tuvo que bajar la cabeza y reconocer su maestría… Y no dejó de escribir. Ahora todos ven a Cervantes como un genio y de su burla de caballerías una obra maestra. No todos lo vieron así en su momento. A pesar de todo, Miguel de Cervantes, manco, pobre y olvidado, escribió durante toda su vida y su Quijote es una obra en la que todos los hombres pueden verse reflejados.

Tenemos así dos clases de personas que escriben. Una de ellas es la del ESCRITOR. El ESCRITOR es un hombre que expresa la verdad, que no oculta sus intenciones. Se arriesga. No tiene complejos a la hora de plasmar con la pluma (pilot, máquina de escribir, el ordenador…) lo que de verdad percibe y anhela. Una característica del ESCRITOR es la universalidad. No se encuentra condicionado por su entorno. Lo pueden leer en China o en Marruecos y lo entienden igualmente. El ESCRITOR es un ser humano, porque “es” de verdad y “escribe lo que es”. Se da cuenta de lo que late en todos los corazones… Pero tenemos otro tipo de persona que escribe. Esta es el ESCRIBIDOR. El ESCRIBIDOR tiene muchas denominaciones. Cada una de ellas particular. No podemos decirlas todas. Una es la de oportunista. El ESCRIBIDOR es un pícaro. Da lo que sabe que tiene que dar cuando toca. Lo que importa es destacar. Y si puede ganar dinero, mejor (igual escribe por eso). Al ESCRIBIDOR no le importa el arte, sino lo inmediato. Pero no podemos ser duros con el ESCRIBIDOR. Los hay por afición y gusto. Y esto es respetable. Incluso puede que lleguen a hacerlo por necesidad, pero no significa por ello que se arriesguen a que se les rechace. Quizá lo hagan inconscientemente.

No todos son ESCRITORES. Pero todos podemos ser ESCRIBIDORES. Y eso, si soy sincero, es un consuelo. Además, los novatos tenemos mucho de ESCRIBIDORES. Y si los veteranos se consideran ESCRITORES, por favor, que lo reconsideren, porque no quiero darles el disgusto y decirles que puede que sean ESCRIBIDORES…

9 comentarios:

Eterna dijo...

Para el verdadero escritor, escribir es su forma de vivir. Siempre lo he pensado. Hay una entrada en mi blog, de hace muchos meses ya, que dice algo muy parecido a esto.

Rafa M. dijo...

Lástima que haya pocos ESCRITORES... Un saludo.

Philip Muller dijo...

Cada vez estoy más en contra de esta clase de divisiones. Son traicioneras.

Supongo que la necesidad de escribir puede adquirirse. Uno puede empezar a escribir por gusto, o por envidia (le encantaría escribir algo parecido a un libro que ha leído), o por cualquier otra razón. Y si mantiene ese ejercicio e intenta mejorar, supongo que al final acabará adquiriendo la necesidad. Además, tener esa necesidad (incluso nacer con ella) no asegura ser buen escritor.

En mi modesta opinión, lo importante no es ser ecritor o escribidor. Lo importante es escribir bien. Porque hay libros bien escritos y mal escritos. Y eso es todo. No ser fiel al ser de las cosas puede ser una falta. Supeditarlo todo a una moraleja (yek!) también. Prefiero lo primero a lo segundo. Sin lugar a dudas.

¡Me ha gustado mucho el post! Espero que tenga una segunda parte. También el anterior.

Rafa M. dijo...

Por favor, Philip, no te pongas agresivo... Creo que he dicho lo mismo que tú defiendes, ¿no? Todos somos ESCRIBIDORES, pero algunos ESRIBIDORES pueden llegar a ser ESCRITORES... Un saludo y feliz navidad.

Philip Muller dijo...

Perdóname Rafa... Si decimos lo mismo no me he dado cuenta. Con los exámenes salto a la mínima.

victorbite dijo...

En realidad no me gusta mucho ese relato mío, no muestra bien la idea que quería, debería haber colgado otro.
Ah, ya que sacas un poco el tema del verdadero arte, creo que te gustará esta entrada de un amigo mío. http://autistaemocional.blogspot.com/2009/12/sufrimiento-y-arte.html

Marcela Duque dijo...

No sé por qué pero casi siento que me debería defender... A lo mejor es porque a veces me debato demasiado entre escribir o no escribir. Espero, en estas mini-vacaciones, poder escribir un post con el que en un principio había pensado abrir el blog, a modo de justificación, pero que aún no me he atrevido. Se titulará "La tentación Bartleby" (el título lo tengo desde hace casi 2 años), para que lo reconozcas.

Chelas dijo...

Si la escritura no puede insertarse en una vida dotada de sentido, no tiene sentido. Separar a la literatura de la belleza, y por tanto de la realidad, es hacer literatura de cartón piedra. Ahora bien, si la separación es clara, si se crea un mundo manifestativamente ficcional para apuntar al otro, al real, entonces la ficción tiene un sentido muy profundo. Cuando comparamos Tierra Media con Pamplona, nos enfrentamos a la distinción entre imaginación y realidad. Muy oportuna, por lo demás para los tiempos en los que nos encontramos.

Rafa M. dijo...

Buen comentario, Chelas. Muchas gracias.