viernes, 30 de octubre de 2009

BOHEMIDAD

Después de un discernimiento exhaustivo y de exprimir hasta la última neurona de mi cerebro, he llegado a una conclusión. Puedo asegurar que no se trata de un asunto cualquiera. Quizá se me pueda tildar de estúpido, pero lo cierto es que he hecho un descubrimiento que se sale de lo habitual. Tanto es así, que ninguno de los pensadores del momento ha hablado de esto. Se trata de la bohemidad.

La bohemidad es la virtud de aquellos que aspiran a que se les recuerde como gente original. La bohemidad es aquella capacidad del ser humano para hacerse notar dentro de un círculo intelectual. La bohemidad es realmente un don, algo que Fortuna concede a sus elegidos para la gloria.

Ser bohemio no es ser de Bohemia. Ser bohemio es un privilegio. ¿Quién no habrá soñado con ser bohemio? ¿Quién no habrá querido vestir como un bohemio? ¿Quién no habrá deseado alguna vez frecuentar algún cafecillo donde hablar de temas extraños y estrambóticos? ¿Quién no querrá que le quede bien la barba de tres días y lucir un pelo estéticamente desordenado? ¿Quién no se ha imaginado como un escritor bohemio en un apartamento en el centro de París o como un guitarrista consumido por el LSD? Sin embargo, la bohemidad sigue quedando reservada a unos pocos…

Pero ¿por qué? ¿Acaso no puedo yo, un chaval cualquiera, ser bohemio? ¿No puede ser bohemio ese hombre con el que nos cruzamos todas las mañanas? ¡Pues no! Lo repito, ¡pocos pueden ser bohemios! Y la razón de ello no es tan retorcida. Seguramente os estaréis imaginando cuál es. Me da igual que la tengáis en mente, yo os la digo: DINERO. ¡Para ser bohemio hay que tener dinero!

¿Acaso no hemos visto a Kurt Cobain? ¿Parece este bohemio modelo un grunge cualquiera? ¿Y los románticos? ¿No se volaron la mayoría la cabeza por una mujer a la que no conocían y a la que dedicaban verso tras verso por sus excelentes virtudes? Pero… ¡claro, todos vestían de seda, tenían criados y un padre que les pagaba todas sus extravagancias! ¿Y John Lennon? ¿Es este un hippie cualquiera?

En fin, creo que me estoy yendo por las ramas. A fin de cuentas quería trasmitir mi descubrimiento, y es mío porque yo no soy bohemio. ¡Qué le vamos a hacer! El dinero no cae como las hojas en otoño… Y lo peor es que hemos vuelto a la sociedad de los privilegios. Somos casi feudales. ¡No todos pueden ser bohemios! ¡Reclamemos nuestros derechos!

jueves, 29 de octubre de 2009

El superhombre II

("El superhombre I" está entre las entradas de junio)


El siguiente autobús llegó diez minutos después, tres más tarde de lo habitual. Carlos se inquietó al comprobar que no llegaría a tiempo al examen. Por eso subió dando pasos de gigante al autobús, como para adelantarse al correr de los segundos.


-No, eso no… -dijo al meter la mano en el bolsillo del pantalón.

-¿Pasa algo, caballero? –dijo el conductor del autobús.

-Pues… Es que… El billete, ¿sabe?

-¿Saber qué?

-Que no lo tengo.

El conductor le atravesó con sus pupilas.

-Pues ya sabes… Voy a llamar a la guardia civil.

El corazón de Carlos comenzó a latir, de súbito, con fuerza, arrastrando la sangre helada de sus venas.

-Ja, ja, ja –rió ruidosamente el conductor -. Venga, hombre, pasa.

-¿Qué?

-Que paseees.

-Aaah… Vale… Gracias.

Y fue a sentarse al final del autobús, junto a la ventana.


Al bajar del autobús, cerca del colegio, comenzó a correr de nuevo. Cuando llegó al colegio se paró, intentando no parecer nervioso. Sabía que estaría Don Jaime vigilando con la lista de retrasos. Así que puso su cara más viril y valentona. Se acercó al pabellón a pasos lentos y seguros, controlando la respiración. Y pasó por delante del despacho.


-¡Martineez! –gritó Don Jaime.

-Buffff. ¿Qué? –contestó Carlos.

-¿Cómo que “qué”? Ven aquí, ven aquí –dijo Don Jaime saliendo a la puerta del despacho.

-Pero, Don Jaime, tengo examen…

-Ni examen ni leches. ¿Te parecen horas de llegar?

-Pues, no sé. Tampoco he llegado tan tarde.

-¿Cómo que no has llegado “tan” tarde? Macho, ya pasan veinte minutos. ¿Te parece normal?

-Lo siento. Mire, el autobús…

-Ya, ya, ahora la culpa la tiene el autobús. Harto me tienes, ¡harto me tienes! Cuando no es una cosa, es otra. La culpa siempre la tiene otro. Tú, claro, la víctima de todas las injusticias. Pero ¿qué te crees, chaval?

-Pero…

-¡Nada de “peros”! Mira, ahora te apunto en la lista. ¿Has visto cuántas faltas llevas este mes? ¡Siete!

-¿Siete?

-¡Si-e-te! Y con esta, ¡ocho! Macho, te estás cubriendo de gloria. ¡Prepárate, prepárate! Porque de esta no te libras…

-¿Por qué?

-¿Acaso lo dudas? Ya hablaremos, ya hablaremos… Anda, sube corriendo.

-Pero...

-¡Venga! ¿No tienes examen? ¡Arriba!


Subió lo más rápido que pudo, de tres en tres escalones. No le quedaba apenas tiempo: unos treinta o veinticinco minutos, nada más. Golpeó tímidamente con los nudillos la puerta de la clase, mirando tras el cristal al profesor. D. José Miguel le dirigió la mirada con sus ojos negros, extrañado por el momento, y le indicó que pasara.


-¿Qué ha pasado? –susurró D. José Miguel.

-Nada, perdone. El autobús… Ya sabe. –dijo Carlos en voz baja.

-Venga, toma –dijo D. José Miguel, dándole el examen-. Siéntate en tu sitio y hazlo, que no queda mucho tiempo.

Carlos cogió el folio fijándose en el blanco de las canas del profesor, que siempre le había llamado la atención por el contraste con su piel morena.


Al sentarse y ver el título del examen (TEMA 7: TRIGONOMETRÍA) le comenzaron a sudar las manos, que se enfriaron rápidamente. El tiempo pasó volando, sin que pudiera percibirlo. D. José Miguel le dejó unos minutos más que al resto. Pero ni siquiera esto podía calmar a Carlos, que se precipitaba en cada operación, sin poder concentrarse.


-Bueno, ¿qué tal te ha ido? –preguntó D. José Miguel sonriente.

-Pues, ya ve, lo de siempre. Nunca me aclaro –dijo Carlos con tristeza.

-Tranquilo, hombre, ya veremos qué se puede hacer.

-Ya, pero ¡qué más da!

-No te preocuuupes.

martes, 6 de octubre de 2009

Humanismo

He podido leer hace poco un ensayo sobre el humanismo. Trata diversos temas. Entre ellos está la amistad, el arte, la cultura, los buenos modales, el estilo, la elegancia… Todos ellos importantes para comprender al hombre. Luego se adentra en temas con más enjundia, como puede ser el de la Belleza.

El libro, por si fuera poco, se titula ‘HUMANISMO. LOS BIENES INVISIBLES’. Está escrito con un estilo sencillo y directo. El autor ha conseguido justo lo que se proponía, pues advierte en el prólogo que no ha querido ser retorcido a la hora de expresarse. Defiende que para expresar lo más excelso no es necesario hacerlo con afirmaciones enrevesadas. Sino que, para conseguilo, es la sencillez el mejor vehículo de comunicación. Me ha gustado mucho esto, pues Tolstoi y otros autores afirman cosas así.

Por otra parte, el libro es una apuesta por la excelencia del hombre. Busca sacar lo mejor que hay de él para darle brillo. Intenta ante todo recuperar el lado “humano” del hombre, aquello que le hace más grande dentro de la naturaleza. Sigue lo que podríamos llamar “el clasicismo humanista”, pero con proposiciones que pueden sernos nuevas. Son propuestas cercanas, de las que podemos sacar partido para hacerlas presentes en nuestro día a día. Esta me parece una forma muy buena de acercase a los lectores.

Por mi parte, creo que el humanismo es un tema que tenemos olvidado. Ya sea por la conmoción del siglo pasado o por el escepticismo, la reflexión sobre hombre parece que resulta poco productiva. Pero para mí esto no es correcto. Cuando olvidamos el lugar del hombre en el universo lo convertimos en un dios o en un microbio. Por exceso o por defecto, una concepción errónea del ser humano tiene resultados catastróficos. El pensamiento alrededor del hombre es clave para la comprensión de su condición y de su existencia. Si no intentamos comprenderlo, volveremos una y otra vez a encontrarnos con esos fracasos que tanto nos desesperan.