Después de un discernimiento exhaustivo y de exprimir hasta la última neurona de mi cerebro, he llegado a una conclusión. Puedo asegurar que no se trata de un asunto cualquiera. Quizá se me pueda tildar de estúpido, pero lo cierto es que he hecho un descubrimiento que se sale de lo habitual. Tanto es así, que ninguno de los pensadores del momento ha hablado de esto. Se trata de la bohemidad.La bohemidad es la virtud de aquellos que aspiran a que se les recuerde como gente original. La bohemidad es aquella capacidad del ser humano para hacerse notar dentro de un círculo intelectual. La bohemidad es realmente un don, algo que Fortuna concede a sus elegidos para la gloria.
Ser bohemio no es ser de Bohemia. Ser bohemio es un privilegio. ¿Quién no habrá soñado con ser bohemio? ¿Quién no habrá querido vestir como un bohemio? ¿Quién no habrá deseado alguna vez frecuentar algún cafecillo donde hablar de temas extraños y estrambóticos? ¿Quién no querrá que le quede bien la barba de tres días y lucir un pelo estéticamente desordenado? ¿Quién no se ha imaginado como un escritor bohemio en un apartamento en el centro de París o como un guitarrista consumido por el LSD? Sin embargo, la bohemidad sigue quedando reservada a unos pocos…
Pero ¿por qué? ¿Acaso no puedo yo, un chaval cualquiera, ser bohemio? ¿No puede ser bohemio ese hombre con el que nos cruzamos todas las mañanas? ¡Pues no! Lo repito, ¡pocos pueden ser bohemios! Y la razón de ello no es tan retorcida. Seguramente os estaréis imaginando cuál es. Me da igual que la tengáis en mente, yo os la digo: DINERO. ¡Para ser bohemio hay que tener dinero!
¿Acaso no hemos visto a Kurt Cobain? ¿Parece este bohemio modelo un grunge cualquiera? ¿Y los románticos? ¿No se volaron la mayoría la cabeza por una mujer a la que no conocían y a la que dedicaban verso tras verso por sus excelentes virtudes? Pero… ¡claro, todos vestían de seda, tenían criados y un padre que les pagaba todas sus extravagancias! ¿Y John Lennon? ¿Es este un hippie cualquiera?
En fin, creo que me estoy yendo por las ramas. A fin de cuentas quería trasmitir mi descubrimiento, y es mío porque yo no soy bohemio. ¡Qué le vamos a hacer! El dinero no cae como las hojas en otoño… Y lo peor es que hemos vuelto a la sociedad de los privilegios. Somos casi feudales. ¡No todos pueden ser bohemios! ¡Reclamemos nuestros derechos!


