viernes, 31 de diciembre de 2010

Resumiendo

Haré un breve resumen, aunque breve y resumen ya signifiquen cosas parecidas...

Año 2010. Ha sido un año con 365 días. Esos 365 días han tenido sus horas, minutos y segundos. Me han gustado mucho. Como todos los años que llevo contando como años y que se desenvuelven en mi vida como tales, ha sido un año que me ha marcado. He hecho un gran descubrimiento: he cambiado la lógica racional por el sentido común. La razón nunca es suficiente para suficientarse. Suficientarse es una actitud aburrida y que cansa bastante. Así que este año he aprendido a no cansarme y a descansar. Hacer esto con 21 años es una hazaña. No todos aprendemos a descansar y a no cansarnos... En cambio, el sentido común es descansado, pero nunca te deja sin hacer nada. Con sentido común puedes hacer muchas cosas sin agobiarte. Y eso es muy importante. ¿De qué sirve hacer cosas si te cansas y después crees que no sirven para nada? Pues no. Todo sirve, como cada segundo del año. Así que este año he vivido al límite cada segundo, pero sin estrujarlo. Le he sacado el jugo, es decir: lo he exprimido. Exprimir no es lo mismo que estrujar, porque estrujar es destructivo y no produce nada. Exprimiendo puedes saborear aquello que haces. Yo he saboreado, mucho, de verdad. Mi vida es, desde 2010, inquieta y juguetona como una lengua. La lengua nunca se queda parada, ni siquiera cuando se acartona después de una resaca. Cuando pasa eso tienes más ganas de moverla, al menos yo las tengo. Por eso me ha gustado 2010. Ha sido un año que ha valido la pena, como todo, como la vida misma. Lo que quiero aprender en 2011 es cocina. La cocina es todo un arte. Dicen que Leonardo da Vinci era un gran cocinero. Y si Leonardo sabía disfrutar de la vida, creo que es un ejemplo a seguir por quienes queremos vivirla viviendo. Porque no me gusta la vida muerta, sino la vida viva. Con todo esto, para vivir hay que comer, pero hay que comer bien y no comer mucho, porque lo mucho cansa. Mi gran proyecto de 2011: ser cocinero, cocinero viviente, disfrutando de mis platos y organizando banquete: es bueno compartir... ¡Ay, ¿había dicho breve resumen?! Pues ya hemos comprobado que los resúmenes no pueden ser breves ni que lo breve puede ser un resumen.


¡FELIZ AÑO NUEVO!

jueves, 30 de diciembre de 2010

Lo mejor

El mejor pensamiento que puedes tener hoy, es que has nacido ayer...


Hoy, hoy, hoy... Ahora, ahora, ahora...

Amor joven

-Entonces, ¿estás enamorado? -preguntó Marta.
-Bueno, enamorado... no sé si es la palabra correcta - contestó Juan.
-¿Cómo que no? ¡Siempre estás hablando de amores y damas!
-Por eso no estoy enamorado...
-¿No?
-No.
-Y ¿qué es lo que sientes entonces?
-Ah, si yo lo supiera...
-Pero es algo de amor...
-Sí, amor a mí mismo... Estoy muy enamorado de mí mismo...
-Bueno, eso no es malo... Y... ¿de alguna mujer?
-Ah, las mujeres... Sí, supongo que tengo algunas en mi corazón...
-Algunas...
-Sí, tengo un corazón muy grande. No puedo permitirme ser egoísta. He visto que me necesitan muchas mujeres.
-Ya, no sé qué decir.
-No digas nada -dijo Juan mirándola tiernamente a los ojos.
-No me mires así, por favor.
-¿Por qué? No puedo resistirlo.
-Para, lo digo de verdad.
-Vale, pero la culpa es tuya.
-¿Cómo que la culpa es mía?
-Tú me has tentado a hacerlo.
-¡Yo no he hecho nada!
-Lo has hecho todo... Desde el día que nos conocimos. No puedes negarlo...
-¿Qué? Juan, ¿qué estás diciendo? Contrólate un poco.
-Es imposible, Marta, ya lo has hecho.
-¿Hecho, el qué?
- Todo...
-¡Juan, deja de hablar así y no me mires a los ojos!
-Si no quieres que te mire, deja de mirarme.
-¡Ay!
-¿Qué te pasa Marta?
-No puedes hacerme esto...
-Yo no hago nada, Marta...
-Entonces, ¡calla!
-Puedo callar mi boca, pero no apagar mi corazón...
-¿Qué?
-Si te digo que estoy enamorado de ti, ¿me crees?
-No, ¡no te creo ni te creeré nunca!
-Pues lo digo: estoy enamorado de ti.
-¡No, nunca! -dijo Marta, huyendo de Juan apresuradamente.

Juan fue tras ella. La cogió por la mano y, abrazándola, dijo:

-Marta...
-¡Qué! -dijo Marta con lágrimas en los ojos.
-Te quiero.
-Juan, esto no está bien, somos amigos...
-Por eso lo digo, nuestra amistad es más profunda que las demás...
-Sí, es cierto... ¡No, cómo!

Y Juan la besó en los labios. Marta no se resistió y bordeó el cuello de Juan con sus brazos.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Las virtudes militares


Hoy he podido hablar con un capitán del ejército. Es de caballería. Me ha estado explicando algunos temas castrenses, seguro que no os interesan... He ido a montar a caballo últimamente. Me encanta, creo que el contacto con los animales te vuelve más humano, comprensivo. Te ayuda a experimentar tus virtudes, tus defectos... Te conoces. Pasa lo mismo en el ejército, con los buenos militares. Aquellos que saben qué quieren, para qué están aquí: servir. El sentido del servicio, del honor, de la valentía y el sacrificio de los militares siempre me ha gustado. Yo no creo que  pueda ser militar. Soy muy anárquico en mis costumbres, sin embargo admiro a aquellos que, con sinceridad, dedican su vida al servicio de los demás.

Pasa lo mismo en cualquier ámbito. Las virtudes no están para el propio beneficio, al menos no son sólo para eso. Las virtudes son para los demás. Es más: la virtud es un ejemplo de amor a los demás. Cuando uno quiere ser mejor no lo hace solamente por el mero orgullo (que no es virtud), sino por el propio amor -que no es amor propio- y por el amor al otro. Se trata de coexistir, de ser con los demás. Eso es, según mi opinión, un ingrediente esencial para la felicidad, igual que el arroz lo es para la paella -soy valenciano, espero que disculpéis la metáfora.

Ahora que estamos en Navidad es muy importante disfrutar con los otros. Creo que ese es el sentido de una fiesta. Alegrarse con los demás y alegrar a los demás. Hacer ese pequeño sacrificio por los otros, para que la vida cobre más sentido del que ya tiene. Porque, aunque ya sea bella la vida, es de vital importancia mejorarla, hacer que sea más agradable...

Sé que digo esto con soltura, y puede parecer que no tengo los pies en la tierra. Soy el primero al que le cuesta hacer esto, mucho más decirlo. Porque a veces tengo más ganas de estar serio que de sonreír. Pero creo que, porque soy una persona -o eso intento-, es una obligación y una virtud -ya sé que suena muy marcial, perdonadme- sonreír. Me gustaría que los clásicos incluyesen dentro de la virtud la sonrisa. Ya que creo que es la mejor expresión de cariño, además de que muestra ese espejo del alma del que hablaban en la Antigüedad. Y como en la Antigüedad se tenía muy presente la virtud militar y el servicio a la patria que ella implicaba, ahora creo que una virtud de vital importancia en la democracia es la sonrisa.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La filosofía del payaso

El filosofar es un payasear. Es importante divertir a la gente. ¿Quién mejor que un filósofo? El filósofo no puede ser una persona seria, distinguida, posada en lo alto de un pedestal, desde el que mira el mundo con su rostro marmóreo y su pose hierática. Eso no es un filósofo, sino un bufón. Hay una gran diferencia entre un payaso y un bufón. Mientras el payaso no se toma a sí mismo en serio, goza del respeto de su público. En cambio, el bufón no goza de respeto alguno, ni por su parte ni por la del público. Los bufones, como son esculturas de la ignorancia, pueden ser destruidos por el paso del tiempo. Y los payasos siempre quedan en la memoria, en el alma de los niños y en el espíritu de todos los payasos. Un payaso aprende de otro payaso. No se puede ser payaso sin el payasear de un payaso mayor. Por eso el espíritu payasil permanece siempre, se va perfeccionando con el tiempo y cobra nueva vida en cada payaso que divierte a su querido público. Y el público siente con el payaso, simpatiza de tal manera que conecta con él y nunca lo olvida. Los padres, a pesar del cansancio del día a día, siempre pueden sonreír por la mañana, al preparar el café, si recuerdan los chistes de su querido payaso. Sus hijos, a su vez, recordarán siempre la alegría de su infancia, gracias a la constancia de ese payaso, esa persona mayor que se comportaba como un niño para hablar con ellos y como ellos. Por ello es importante que haya muchos payasos, ya que ahora necesitamos mucha diversión. Parece que la sociedad sea vieja, que no le apetezca reírse. Y a mí me gusta ver las sonrisas y las risas de la gente, porque son-risas y no son-muecas...

lunes, 13 de diciembre de 2010

El drama personal humano

Un ser personal finito, que implique autoconocimiento absoluto en su contingencia, es un ser dramático. De ser así, su identidad propia sería la inidentidad de su inacabamiento existencial. A su vez, el único fin de su existencia sería la muerte.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Breve historia de la filosofía

Durante mucho tiempo se han dicho muchas cosas.

Eso no significa que lo que se haya dicho sea cierto.

No todos los que dicen cosas tienen razón.

Muchos de los que no dicen nada saben más que los que dicen cosas.

Así que lo más importante es cerrar la boca para que los que no saben nada digan algo para que se crean que saben algo.

Eso es la historia de la filosofía.


Yo no digo nada. El que calla... otorga.

Se acabó la historia de la filosofía.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Don Monterdote de Valencia

Querido lector: aquí te cuento la historia más historiada que se ha contado en el siglo XXI. En esta época de poca vergüenza, he encontrado a un joven que sí que tiene vergüenza pero que es un sinvergüenza cuando tiene que alcanzar sus sueños. O sea: pierde un poco el seso en determinados momentos. Aquí te cuento lo que me ha contado hasta ahora. Y espero que lo siga haciendo. Gracias, querido lector, por tu paciencia.

En un lugar de Valencia, de cuyo nombre no quiero acordarme, vive actualmente un caballero sin caballo, de los de la cabeza en el cielo y los pies en el no-se-sabe-dónde. Su nombre es Munterdo, aunque algunos dicen que es Monterde, pero, según me dice él, se llama Monterdote, y desciende de un linaje de hidalgos de la gran villa de Albarracín... Unos pocos estudios de filosofía y unos cursos de Derecho constituyen parte de su conocimiento, el resto lo deja a su cabeza, que elucubra sin cesar la manera de llegar a la verdad. Siendo nuestro caballero sin caballo un mozo, es más bien enclenque, de músculos empobrecidos pero rígidos, barba larga, rostro enjuto, manos finas, piernas largas y... digamos que es macho, nada más (por respeto a los lectores masculinos y delicadeza con las lectoras). Los sueños de nuestro caballero sin caballo son similares a los de otro caballero de la Mancha, muy conocido en la piel de toro y el resto del mundo mundial, aunque el segundo estaba un poco mal de la cabeza, y nuestro caballero no está tan mal de la cabeza, ya que es un buen chico y procura que no se le seque el seso, aunque eso es difícil, ya que, mientras el escribidor escribe estas líneas, ya se le está secando la caja de resonancias a Don Monterdote. Continuando con nuestro caballero, tiene gustos refinados para su generación, ya que no gusta de beber en extremo y sin motivo, porque considera la bebida un incremento de felicidad y no una huída de la realidad... Además, se empeña en encontrar la pureza de las damas y las damas no hacen más que recordarle que la pureza la tiene sólo él. Sin embargo nuestro caballero sin caballo no se rinde en su búsqueda, tal es así que ha puesto un anuncio en el periódico: se ofrece hombre joven para entablar una relación de noviazgo seria, él es inocente y soñador, dispuesto a ser fiel toda la vida. Y el resultado ha sido más que decepcionante, ya que sólo le han llamado mujeres que le superaban muchos años en edad. ¡Qué le vamos a hacer! El mundo no es perfecto para nuestro caballero sin caballo, pero él no desiste. O eso le ha contado el caballero al escribidor de estas pobres líneas...

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿Para qué?

¿Para qué sirven las palabras, la pluma, los pensamientos? ¿Para qué la mortífera tinta que oculta la verdad? ¿Para qué mi opinión y la de otros cuando ambas son vacuas e inanes? ¿Para qué...? ¿Para qué... si nuestra vida no es nuestra, si vivimos de los otros, si no miramos con nuestros ojos, si pensamos con lo de otros y martilleamos la realidad...? ¿Para qué vivir la muerte cuando podemos morir viviendo?

domingo, 5 de diciembre de 2010

Silencio

He decidido callarme
para no enturbiar el alma
y dejar mi ser en calma.
Así Dios podrá desarmarme
con su Verbo y enseñarme
este saber del silencio,
del misterio que presencio
ciego, para contemplar
la Verdad y desvelar
el amor del Sacrificio.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Se busca un Sócrates

Sócrates era un buen chico. Un chico astuto, más que nada. Se dio cuenta de que no sabía nada. Cosa difícil. No todo el mundo se da cuenta de que aquí nadie sabe nada. Por eso, Sócrates emprendió la tarea de demostrar a los que creían que sabían algo que no sabían nada… ¿Lo consiguió? Sí, creo que sí. El hecho de que al final le condenasen de corrupción, de que le descalificaran, menospreciaran y demás, son pruebas suficientes para pensar que Sócrates era un buen hombre. Tal es así, que cuando le preguntaron si era culpable, él respondió que era culpable de haber sido fiel a Atenas, de dar cumplimiento a sus leyes. Y por ello se merecía un premio como castigo, una especie de pensión completa para toda su vida. Como es de esperar, no se la dieron, porque nadie pensaba como él. ¡Claro, hacer que los demás vean su pecado es un gran pecado! ¿Quién se puede atrever a hacer algo así? Claro está: un loco o un genio. Y Sócrates era un genio.

Ojalá hubiese alguna persona dispuesta a ser como Sócrates. Ahora que hay tantos sofistas (sofista: pedante estúpido que se cree que sabe algo y se dedica a decirle a la gente que él lo sabe todo), creo que es un buen momento para que haya otro Sócrates. Propongo que se ponga un anuncio en el periódico. Por ejemplo: se busca filósofo dispuesto a morir por la verdad. A mi parecer, es poco atractivo, sin embargo muy sugerente. ¿Hay alguien dispuesto a decir la verdad? Lo pregunto para animaros a pensarlo. ¿A quién le interesa la verdad hoy en día? Creo que a muy pocos. Vamos a decir mentiras: todo el mundo es sincero; todo el mundo vive en la verdad; todo el mundo es honrado; todo el mundo cumple las leyes; todos los profesores de Derecho se saben las leyes y están de acuerdo con ellas; todos los sacerdotes tienen fe; todos los socialistas y comunistas piensan en el bien de los trabajadores; todos los sabios saben de lo que hablan; todos los políticos trabajan por la polis (polis: ciudad en la antigua Grecia); todos los miembros del Parlamento/Congreso de los Diputados atienden cuando se votan las leyes; todos los jugadores de fútbol sudan la camiseta por amor y no por dinero; y, para acabar, el dinero no mueve el mundo, es la solidaridad y el amor al prójimo…

Claro, antes hemos dicho mentiras, así que nadie me puede acusar de ser un mentiroso, porque antes he advertido que iba a decir mentiras. Yo no quiero decir mentiras, pero tampoco estoy dispuesto a decir la verdad. Razón de ello es que la verdad es peligrosa. Sócrates es un ejemplo de ello: decir la verdad puede matarte. Y como no me gusta morirme, ¡no voy a decir la verdad! Ahí os quedáis. Que la digan otros, porque yo ya estoy cansado de decirla…

No escribo esto como terapia autocompasiva. ¡Es verdad! Estoy muy, muy, muy cansado… Ahora me dedicaré a mirar los pájaros, disfrutar de las estrellas y, más adelante, me iré a vivir a la montaña. Tendré una casita en el campo, un pequeño campo de cultivo, formaré una familia (si encuentro una mujer que me quiera y de la que yo esté enamorado) y seguramente tendré un perro, un buen perro de caza. Pero creo que esto último no viene a cuento.

Eso: si alguien está dispuesto a ser filósofo, que lo sea. Yo ya no quiero.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Me has arrancado el alma

Hace unas semanas me compré un libro de poesía. Es de Julio Marínez Mesanza. Este poeta me entusiasma. Su poesía no tiene límites, o, quizá, detecta cuáles son los límites. El libro: Entre el muro y el foso. Os pongo una poesía...





Me has arrancado el alma: ya no es mía.
Y, desde que no es mía, mi alma vive.
Era un lugar equivocado y pobre
como los sitios donde no me viste.
Si lo terrible debe ser hermoso,
no era terrible porque era hermosa.
Dije que las trincheras la cruzaban,
pero no había luz ni ruido en ella
y un campo de batalla es luz y ruido.
Podía ser un páramo, un fragmento
desolado de tiempo o la tristeza,
pero en esos espacios hay sentido
y orden e incluso vida vigorosa.
Y mi alma era lo menos o la nada,
ni la torre caída, ni el pantano
donde nunca hubo torres, sino menos,
un no del que no puedo decir nada.




domingo, 21 de noviembre de 2010

León Tolstoi

Ayer fue veinte de noviembre. Era el aniversario de la muerte de un genio: León Tolstoi. Este autor es inclasificable, más o menos. No tiene igual, como todos los genios. Consigue, a su manera, hacer un juicio sobre la totalidad del mundo, sobre lo espiritual en particular. Para mí, desde luego, ha sido como un padre en el pensamiento.

León Tolstoi, como su propio nombre indica, devoró la vida. Se atrevió a despedazar y engullir al camello de los prejuicios morales, para convertirse en el león que afronta la vida, viviéndola con todo su vigor, para después poder contemplarla de nuevo con los ojos de un niño. Al final de su vida podemos encontrar algo semejante. Huyó de su casa, junto con su hija, pues no aguantaba vivir por más tiempo en contra de su pensamiento, y se lanzó a las calles heladas de Rusia siendo ya un anciano, al final murió de neumonía.

Creo que la vida de Tolstoi se puede identificar con una inmersión, con un sumergirse en las aguas de la vida, tomando el aire de la vida del espíritu, para enfrentarse a la crudeza de las apariencias que nos acorralan. Ante todo fue un hombre de fe. “La fe es la fuerza de la vida. Si un hombre vive, es porque cree en algo. Si no creyera que debe vivir por algo, moriría. Si no ve ni comprende que debe vivir por algo, no viviría. Si ni ve ni comprende el carácter ilusorio de lo finito, cree en lo finito. Si comprende el carácter ilusorio de lo finito, es preciso que crea en lo infinito. Sin fe es imposible vivir”.

Tolstoi fue, sobre todo, un hombre apasionado, un auténtico poeta de su vida. La inquietud por la verdad y el combate libérrimo contra las mentiras de su tiempo, formaban parte de su esencia como hombre. Tenía aguzada la vista para denunciar las injusticias, la falta de medios para los pobres y la corrupción y despotismo de las clases gobernantes. A pesar de ser un ferviente cristiano, no dudó en condenar a los eclesiásticos tibios, que mataban la fe viva por sus costumbres vacías. Tales posturas le llevaron a la incomprensión política y a que fuese excomulgado por la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Uno de los detalles a resaltar de este caballero de la verdad es su pacifismo y desobediencia cívica. Nunca, ¡nunca!, se comprometió con la violencia como medio de justificación política o social. Las experiencias que tuvo como soldado del Zar le ayudaron a comprender la crueldad y el sinsentido de la guerra. Llegó a entablar amistad con Gandhi, con el que mantuvo una correspondencia que aún hoy se conserva.

Las obras de Tolstoi son paradigmas de la literatura universal. Su sensibilidad y capacidad para captar el alma y las pasiones que en ella se engendran es sobrenatural. Para mí es un ejemplo a seguir, en todos los aspectos. Porque su vida entera fue una obra de arte. Y las obras que nos ha dejado son un regalo, un fiel reflejo de sí mismo en medio de este mundo que también es nuestro. Con ellas aprendemos a mirar la vida con otros ojos, atentos y ávidos de belleza, para así poder encontrar la verdad y el sentido de la vida.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sapientiae

Se escucha la sinfonía
de tus labios desde dentro.
Tú compones desde el centro
las notas y la armonía
que conducen para adentro.
Y cuanto más me concentro
tu Voz menos se silencia.
Con ella tengo paciencia
para poder encontrar
la Luz con que despertar
las voces de la conciencia.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Europa está en Emaús

La visita del Papa a España me ha hecho pensar en Europa, en sus raíces y en su situación actual. ¿Dónde está Europa? Podemos contestar: al Oeste de Asia y al Norte de África. Pero bueno, eso no es suficiente. Me refiero a los fundamentos de Europa como cultura, como sociedad. Ya que, siendo sinceros y un poco objetivos, Europa es fundamental para todas las culturas. A mi parecer, se la podría denominar cultura de culturas.

No obstante, la cultura europea está en el banquillo. Ahora no parece que sea buena. Según nos dicen, la cultura europea es conflictiva y dominadora. Creo que estas consideraciones son inadecuadas. Ni es conflictiva ni dominadora. Es más, los europeos se caracterizan por ser capaces de innovar ante los problemas y ser capaces de unificar posiciones contrarias. Por eso es posible que en ocasiones sea “conflictiva”, porque es capaz de abarcar mucho entre sus brazos…

Hay actitudes en Europa que tienden a mirar hacia fuera, buscando la verdad en otras culturas. Como si en oriente o en las culturas indígenas se encontrase la razón pura e intacta, que aún no se ha enfrentado a las verdades científicas ni hace uso de la técnica. Me parece curioso. El sábado pasado estuve en Barcelona. Fui a ver al Papa. Pero antes de verlo tuve la ocasión de escuchar a un artista. Se llama Etsuro Scotoo. Es un escultor japonés que se está encargando de las esculturas de la Sagrada Familia, el famoso templo de Gaudí. Etsuro nos habló de su búsqueda de la verdad y de la belleza en el arte. Curiosamente, encontró esa verdad en Europa. Concretamente en el arte cristiano. Afirmó que se fue de Japón con las manos vacías y en Europa lo ha encontrado todo. Según parece, tenemos más de lo que nos merecemos. Los europeos nos valoramos poco, una pena.

Etsuro habló de la libertad. Se refirió a ella con dos términos: 1.Libertad horizontal; 2.Libertad vertical. La primera es la libertad común, la que nos encontramos cualquiera de nosotros. Es libertad de elección, simple elección, con la que no podemos llegar a mucho más, sólo podemos disponer de lo que nos es dado. En cambio, la libertad vertical es una libertad superior, no nos hace mirar hacia abajo, como la libertad horizontal, sino hacia arriba, hacia el cielo. Etsuro se refiere a la libertad de Dios. Dijo que las agujas de la Sagrada Familia le ayudaron a comprender esto. La Sagrada Familia es un templo que te hace mirar hacia el cielo, te ayuda a ver la luz entre las sombras. Los colores de las vidrieras se combinan como una sinfonía de estrellas, que resplandecen todas a la vez. Es la alegría de la verdad, la paz de la belleza.

Estas afirmaciones me ayudaron a pensar. Me pregunté qué pasaba en Europa. Llegué a la conclusión de que Europa está mirando al suelo, sin ser capaz de ver todas las riquezas que tiene a su alrededor. Riquezas espirituales, mucho más importantes que las materiales, y que esperan la atención de nuestra mirada para dársenos a nosotros de una vez por todas. Creo que es una situación similar a la de los discípulos de Emaús.

Los discípulos de Emaús estaban cansados, desencantados, como los europeos. Los discípulos “iban conversando entre sí de todo lo que había acontecido” (Lc 24, 14). Sin embargo, “mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos (…)” (Lc 24, 15). La belleza está en Europa y nosotros no la miramos, como los de Emaús que “(…) sus ojos eran incapaces de reconocerle (a Jesús)” (Lc 24, 16). Jesús se puso a hablar con ellos, escuchando sus preocupaciones por todos los hechos. Ellos le contaban sus desesperanzas por tan grandes expectativas. Ya que pensaban que, por fin, iba a venir el Reino de Dios. “Entonces Jesús les dijo: -¡Necios y torpes de corazón para creer todo lo que anunciaron los Profetas! ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria?” (Lc 24, 25-26). Esto le pasa a Europa, no tiene fuerzas para escuchar ni mirar a su alrededor. Ni siquiera puede ver el rostro de Cristo, que nunca ha apartado su mirada de ella, como una primogénita de su Iglesia.

Por eso tengo esperanza en Europa. Sólo hay que dejar que recupere fuerzas, que se le caigan, como a Pablo, las escamas de los ojos. Está confundida: Europa está en Emaús. Y Cristo camina junto a ella hasta que sea capaz de verle de nuevo. Nada está perdido y todo está ganado.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Sombra

Soy la sombra
del polvo animado,
soy el tizón de
un fuego marchito.
Mi vida no es nada
si mi ser no te posee.
Esta agonía me mata
y vela mi razón
por no tenerte.
¡Que me roces,
tan sólo eso!
Y mi alma
quedará tranquila…

miércoles, 27 de octubre de 2010

Lo mejor del día

Hoy ha sido un gran día. Pido perdón por hablar tanto de mí, pero tengo ganas de contarlo… Sí, ha sido un gran día. Asombroso, heurístico. No sé cómo, he conseguido madrugar. Las sábanas han perdido su poder de plomo. El café ha sido café. El sol ha sido sol y el frío era acogedor. No tenía clase por la mañana: horario de tarde. Y he decidido aprovechar mi tiempo.

Al lado de la facultad de Derecho está la nueva facultad de Magisterio. Esta facultad me encanta. Es moderna, blanca y el sol valenciano le da un aire a lo Sorolla. Está pensada para iluminar, como el saber. Los nuevos profesores y profesoras podrán motivar a los niños y darles entusiasmo… Eso: bonita. La biblioteca es para estudiar, no para agobiar. Y se ha convertido en mi nueva cueva, ya que tiene todo tipo de libros. Así que esta mañana he estado un rato allí antes de irme con un amigo.

En la biblioteca he podido darle unos retoques a un guión que tengo entre manos. He consultado un libro de Andrei Tarkovsky para coger ideas. Libro: Esculpir en el tiempo. Es su propuesta del cine como arte. Increíble. Dice, por ejemplo: "Una obra maestra es un juicio -en su validez absoluta- perfecto y pleno sobre la realidad, cuyo valor se mide por el grado en que consiga expresar la individualidad humana en relación con lo espiritual". Aparte, he estado escuchando a Mozart, Beethoven y Tchaikovsky. Imaginad…

Tras esto, a las once, he quedado con Álvaro. Ahora, creo, es amigo mío. No nos conocíamos, sólo de vista. Pero la vida tiene esas sorpresas. Somos inquietos, inconformistas y nos encanta filosofar. Creo que hemos seguido el ejemplo de Sócrates, que, a pesar del tiempo, sigue siendo maestro. Álvaro y yo hemos acabado coincidiendo en muchas cosas. Diálogo. Gracias, Grecia. Y nos hemos ilusionado. Volveremos a quedar, sin duda. Hay muchas cosas que pensar, que hablar y que hacer. Nada está perdido.

La conversación ha acabado pronto, para mí. Para Álvaro también. Según él, ha sido lo mejor del día. Es cierto. Aunque yo creo que el día ha sido lo mejor. Al despedirnos he hecho tiempo. Y he visto a una mujer, con el uniforme de cocinera, que leía un libro. Lo gracioso era que tenía una pequeña linterna acoplada para iluminar las páginas. Es una buena idea. Será de los chinos. Tras esto he ido a consultarle unas dudas sobre Derecho Internacional a Don Jesús Ballesteros. Un sabio, filósofo del Derecho. Ya que por la tarde tenía que hacer una exposición sobre la Globalización.

La exposición ha sido, a mi parecer, un éxito. Hay futuro. Hay libertad. Hay personas. Somos sociedad. He expuesto el primero en el grupo. Sobre los presupuestos filosóficos del Derecho moderno. Son buenos, más o menos, pero se quedan cortos. Ha habido muchos avances, grandes resultados, pero demasiado descontrol, demasiadas pretensiones. No podemos abarcarlo todo. Pero podemos llegar a más. Si buscamos alternativas y apostamos por las personas tendremos mucho que ganar aún… Sólo hay que tener confianza en nosotros mismos, en los demás.

Y eso: el día ha sido lo mejor.

domingo, 24 de octubre de 2010

Cultura vivida

La cultura tiene un tinte personal, íntimo. Se convierte en parte de nosotros, haciendo que crezcamos y nos desarrollemos gracias a ella. Manel Mora en su libro, Leer o no leer, dice algo parecido. Habla de esa relación del lector con sus libros. Cómo saborea las páginas, cómo nos introduce en un mundo para ampliar nuestra experiencia de la realidad. De esta manera, la tarea del escritor es muy importante, fundamental. Ya que se introduce en el misterio del don, del regalo que supone una obra de arte. Estamos hablando de Vida, del sacrificio y empresa que supone la creación artística, también de los riesgos que implican.

Ahora quiero hablar de los enemigos de la cultura: la erudición, la pedantería y el academicismo. Actitudes ante la cultura que hay que combatir, con todos los medios legítimos que dispongamos, como si se tratase de un cáncer o de un totalitarismo. Realmente, estas actitudes socavan la cultura, la limitan e inducen a otros al error. Provocan la cristalización del ser, como una gran helada, impidiendo que los cauces de vida lleven el agua y esta sea germen de nuevas criaturas. Es la cárcel del pensamiento y un gran narcótico que hipnotiza a las nuevas generaciones de estudiantes. Las actitudes que he citado intentan a toda costa la autoafirmación en sí mismas y la autoconciencia de sí. Son un engaño, un fantasma que quietiza a aquellos con los que se encuentra, haciendo que sucumban en el horror. Y esto es lo que debemos aprovechar. Son castillos edificados sobre una ciénaga, altos e inexpugnables, que son devorados por sus mismos cimientos. Cuanto más crezcan, más se hundirán en sí mismos. Por eso, sólo es cuestión de tiempo. Todo fluye, todo es, quien intenta pararse es volatilizado por el tiempo. El presente es vibrante, ¡vivo!, como el pensamiento. Intentar convertir las ideas en piezas de museo es absurdo…, es su sentencia de muerte.

Es el momento de contemplar, esperar, vivir y hacer la estrategia de tierra quemada. No dejemos nada al enemigo, que se muera de hambre por su sed de ambición. Es cuestión de tiempo. Napoleón, Hitler, Stalin… Gengis Khan o cualquier otro conquistador, todos sucumbieron al convertirse en agujeros negros. Son ejemplos de academicismo, pedantería y erudición. Pero siempre quedan los artistas, esos genios de la vida, que se entregan en holocausto por la causa de la verdad. Profetas del amor y sacerdotes de la belleza. Sabios que conocen lo de más aquí y lo de más allá. A fin de cuentas, almas vivas, amigos.

viernes, 22 de octubre de 2010

El favor de los dioses

El favor de los dioses es una constante en la mitología. Ahora, en la madurez de la cultura, parece que no lo necesitamos. ¿O sí? Quizá, más que nunca. No es bueno perder la inocencia (¿ingenuidad?). Más que nada, por respeto. ¿A la Naturaleza, a los dioses, Dios? No, a nosotros mismos. Para mirar con confianza, con la mirada limpia, al mundo. Los griegos son maestros en este tema.

Anoche, antes de dormirme (¿durmiéndome?), cogí de mi estantería un libro que me regaló mi padre: Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica, de Gustav Schwab. Imprescindible. Abrí el índice, buscando un capítulo al azar. Creí leer el nombre del capítulo. Me pareció que ponía “Penélope”. Y me decidí a leerlo. Fui hasta la página y me quedé perplejo. No era “Penélope” sino Pélope. Un hombre, un enamorado. Su amada: Hipomadía. La hija del rey Enomao de Élide.

Enomao temía que algún día su hija se casara, pues el oráculo había profetizado que él moriría si su hija encontraba marido. Así que decidió convocar una competición. Carrera de cuadrigas. Y quien obtuviese la victoria tendría derecho sobre su hija. Puso condiciones: dejaría ventaja a su oponente, no iniciaría su recorrido hasta que hubiese sacrificado con calma un carnero a Zeus; tras esto saldría disparado, fustigando Mirtilo, su guía, desde su carro a los caballos más rápidos del reino; además, tendría el poder de atravesar con su jabalina al oponente si este no había llegado a la meta. Muchos pretendientes se echaron atrás al conocer las condiciones. Aunque no fueron pocos los que aceptaron el reto. La belleza de Hipodamía era arrebatadora y la vejez de Enomao daba motivos de confianza. Así murieron más de doce participantes.

Pélope, enamorado, quiso presentarse a la carrera. No sin antes haber pedido un favor al poderoso Posidón, el dios de los mares. Le escuchó y le concedió lo que pedía. “Se agitaron las aguas y un brillante carro de oro con cuatro alados corceles, veloces como flechas, surgió de las olas”. Enomao, al verlo, quedó aterrorizado. Reconoció el carro y los corceles del dios de los mares. Aun así, compitió. Pélope, después de haber descansado, se presentó a la carrera. Y el rey cumplió con sus condiciones de juego. Cuando Pélope llegaba a la meta, Enomao, terminado el sacrificio, salió disparado, furioso, tras el joven, lanza en mano para acabar con él. Pero Posidón favoreció a Pélope y desenganchó las ruedas del carro del rey. El auriga y su señor cayeron con violencia contra la tierra y murieron... El palacio real, donde se encontraba Hipodamía, ardía en llamas tras la carrera, y Pélope fue raudo a salvarla. Se desposó con ella y fue rey. De ahí que la península helénica se denomine Peloponeso.

Me parece una historia magnífica y ensoñadora. Griega. Desde luego que no quiero que el que tenga que ser mi suegro muera (¿No? Bueno, algunos yernos sí lo quieren). Sin embargo, creo que la historia de estos amantes podría ser un referente para el presente. Un gran ejemplo del riesgo del amor.

jueves, 21 de octubre de 2010

EL CIELO SOBRE BERLÍN

El cielo sobre Berlín: una película de la que no se puede prescindir. La videé ayer. Increíble, sorprendente, asombrosa. Esas son las palabras. ¿Inocente, tal vez? Más que inocente, te conduce a la inocencia. “Cuando el niño era niño…”, recita una y otra vez el protagonista (Bruno Ganz, el que hizo de Hitler en El hundimiento). Y así, paulatinamente, nos hace descubrir la vida misma. El director de la película es Win Wenders, un auténtico artista. Un ejemplo a seguir.

La película tiene como protagonistas a los ángeles de la guarda. Interesante, ¿no? Los ángeles se encargan de cuidar a las personas. Escuchan sus pensamientos, sus deseos y los consuelan cuando toca, además de que acompañan en la alegría. Ternura. Me gusta la idea. A veces me he imaginado algo parecido: seres que no vemos y que están a nuestro lado, ayudándonos, sin pedirnos nada a cambio. Como voluntarios de una ONG, pero, en este caso, la ONG es Dios. ¡Qué gracia! El ángel protagonista tiene nostalgia, ¿de qué? De la vida, la vida de las personas. Añora los sentimientos que nunca ha tenido. Los ángeles son seres intemporales, que viven en la eternidad, suspendidos en el tiempo, sin que les afecte nada. Toman nota de lo que sucede día a día, como un diario, pero no es su historia, sino que es la de los otros. Eso es lo que desea nuestro ángel: ¡vivir, comer, sentir, amar! Quiere sorprenderse ante algo nuevo, quiere sentir tristeza cuando pierde algo y alegría cuando se encuentra con una persona querida. Quiere nacer de nuevo, crecer y envejecer. ¿No es bonito? No busca el sentido de la vida, se trata de la vida del sentido.

Os recomiendo que le veáis. No tiene desperdicio. No sé, los alemanes no son tan cuadrados como parecen. La pasión alemana es serena, madura e inocente. Al menos en este autor. Cuando te encuentras un alemán así no puedes sino beber una y otra vez de la fuente que te ofrece. Como Goethe, como Hölderlin, como… Rilke o Heine, y muchos más.

La calidad de las imágenes es genial, delicada y sencilla. Cada fotograma tiene sus trazos, sus puntos de vista, sus pinturas. Vedlo vosotros, si queréis, claro. Como ya he dicho, a mí me ha gustado.

sábado, 16 de octubre de 2010

TEMPO

Nunca había imaginado que pasaría, pero ha ocurrido. Velero, una revista de poesía, ha publicado una cosa que escribí. No sé si se puede llamar una poesía, sin embargo ahí os la dejo...

El tiempo se ha parado:
no hay futuro.
Pero los días se suceden...

El alma resuena
en el vacío, sorda,
cerrando los ojos
ante el precipicio...

Suena el silencio,
y la muerte toca
la fuga del sinsentido...

jueves, 14 de octubre de 2010

Tarde a la carta

Una tarde lluviosa, otoñal, propia de Oxford. Mi romanticismo se exalta. Empiezo a imaginarme que no estoy en Valencia… Recuerdo a Newman, Waugh, Tolkien y Lewis. Todo fluye al compás de la lluvia que cae intensamente. El destino es generoso: tengo la ocasión de quedar con un escritor que es amigo mío, José Manuel Mora Fandos. Salgo de casa después de haber comido una sopa caliente y lomo con champiñones, ha cocinado mi madre. Me pongo mi chaqueta de pana. Ya es una prenda apropiada. Ha bajado la temperatura y se nota el frío húmedo en los pies. Cojo el paraguas y salgo a la calle. Mucha lluvia, demasiada. Por suerte llevo unos buenos zapatos. Me dirijo al café donde he quedado con José Manuel (Manel para los amigos). Y nos cruzamos un par de calles antes de llegar. Va empapado. Es un auténtico asceta, más bien un bohemio sobrio. Lleva una barbour, que debía protegerle de la lluvia, una boina, pantalones de tela gris y unos zapatos de cuero mojados. Los dos con las gafas puestas. Nos encontramos con una sonrisa y la mirada. Todo bien. Le ofrezco mi paraguas y nos dirigimos al café. Está cerrado. Es un café literario, donde venden libros y puedes presentar tus publicaciones. Un poco snob, pero es interesante. Le ofrezco una alternativa: el Hotel Westin, que es el mejor de la ciudad. Tiene un aire aristocrático que nos gusta a los dos. No sé, como si fuéramos de la Generación del 27. Nos sentamos en la cafetería y pedimos un té cada uno. No se puede fumar. Hablamos de literatura: Fred Uhlman, Shakespeare, Ovidio, Homero, Baricco, Magris… Luego pasamos a la posmodernidad. Nos gusta su cómo tratar los temas pero no el qué tratan. Un buen método. Son grandes comunicadores de masas. Manel ha escrito su segundo libro. Busca una editorial. Ha seguido el ejemplo de estos comunicadores natos. Aunque encontrar un editor interesado es difícil. Yo le comento mis inquietudes, mis proyectos. También quiero escribir un pequeño ensayo. Filosofía. La existencia y la libertad. Hablamos. De una cosa pasamos a otra. Desde Heidegger a Platón. Critico al discípulo de Sócrates. Creo que es un buen iniciador, sin embargo pienso que él tiene la culpa de muchas cosas… La tarde se alarga. Música: Jazz. De repente, llega un hombre tras su gabardina. Manel se fija. Lleva una funda de saxo. Y va a hablar con él. Está contratado por el hotel. Toca los martes y los jueves. Hoy es martes. Es la hora de irse… Pero la música me tienta. Me quedo un rato. “Play it again, Sam” viene a mi cabeza. El saxofonista toca el tema de Casablanca. Es un regalo para mí, vale la pena esperar. Una tarde a la carta con ingredientes británicos. Estamos en Valencia, más encanto. Mediterráneo. Sabor. Escucho un par de temas improvisados y nos vamos del hotel. Puedo, por fin, encenderme un purito. Nos comprometemos a escribir sobre esto antes de despedirnos, y yo he cumplido mi promesa…

domingo, 10 de octubre de 2010

En el camino

Mi camino habitual para ir a la facultad de Derecho es muy particular. Paso por delante de una pequeña iglesia, situada en un bajo discreto, y la verja que la cierra es negra, con una cruz que la destaca; después tengo la oportunidad de rodear una gran mezquita blanca, con su alto minarete, antecedente de los campanarios, coronado por una media luna dorada; tras estos dos templos me topo con un colegio cercado por una valla, que ha sido tapada, al parecer, para evitar a los “mirones”. El colegio es el preámbulo de mi facultad, y siempre me recuerda de dónde vengo antes de crecer en un instante y encontrarme de nuevo con mis veintiún años… y con el peso de la Justicia sobre mis neuronas.

Sin embargo, uno de estos días las puertas del colegio estaban abiertas. Se celebraba una gran fiesta. Todos los niños iban vestidos de caballeros medievales y las niñas iban de doncellas y princesas. Mi curiosidad se disparó, y no tuve más remedio que detenerme unos segundos para “contemplar” la escena (no para “mironear”). Me recordó a mi infancia, cuando mi imaginación se exaltaba al trasladarme a otra época. Pero lo más entrañable de la escena eran las caras alegres y las miradas inocentes de l@s niñ@s. Se sentían mayores, pero ajenos a los adultos. Las unas y los otros se miraban con complicidad, como imaginándose enamorados, prediciendo los sentimientos que han de venir… Aunque sin el más mínimo deseo, pues jugaban esperando que pudiesen volver los chicos con los chicos y las chicas con las chicas.

Tras una sucesión rápida de fotogramas, continué mi camino hacia mi facultad. En Valencia la nueva facultad de Derecho es fea. Tiene la apariencia de un edificio soviético. Las líneas son eso: líneas, sin más. Sacadas del Autocad por algún becario mal pagado. Parece que lo hayan concebido para que nuestras cabezas se encasillen y para nuestros corazones no tengan ilusión. Como si fuéramos discípulos del Reich. Esta facultad es la contradicción de la libertad. Ya que los códigos y las constituciones no buscan cómo ejercerla, sino que sientan las directrices de la conducta humana. Es un gran campo de instrucción para introducirse en el sistema. El Derecho, perdiendo su carácter de medio, de producto humano, se instaura como final, como mesiah definitivo. Porque el progreso, según parece, ha alcanzado su madurez. Hegel así puede descansar en paz…

Por suerte, las clases se acaban. Tras haber divagado sobre cómo alcanzar la paz mundial en Derecho Internacional, puedo salir del edificio y encenderme un cigarro. Me quedo un momento hablando con una amiga sobre el problema de la pobreza, de cómo alcanzar un equilibrio en economía y sobre si la Revolución francesa valió la pena. Las propuestas quedan en el aire… y duran tanto tiempo como las palabras que salen de nuestra boca.

Retomo mi camino de vuelta a casa. La fiesta en el colegio ha terminado. Los niños y las niñas también vuelven a sus casas, acompañados por padres y madres. Sobre todo por las madres, ya que los papás en su mayoría estarán trabajando (qué buena jornada laboral…). Todos van cogidos de la mano de sus progenitores y los miran con admiración y una sonrisa dibujada de oreja a oreja. Yo los contemplo tras mis gafas de sol, con una sonrisa oculta, para demostrar que soy adulto. Y me acuerdo que esta misma semana me ha dicho mi madre que ya no la quiero. No lo entiendo, pero se ve que ella se refiere a detalles como estos. Llego a casa, y lo primero que hago es darle un beso en la mejilla. No como siempre, sino recordando cómo me esperaba en preescolar a la salida del colegio con los brazos abiertos, mientras yo iba corriendo a su encuentro.

martes, 5 de octubre de 2010

En la biblioteca

Llego a la biblioteca. Tengo toda la mañana para estudiar. Me he levantado tarde y no puedo llegar a clase. El profesor “te ficha” si ve que te retrasas. Bueno, al menos aprovecho el tiempo. Pero no, mierda. No he traído los manuales de Derecho. Me conformaré con los apuntes, si se pueden llamar apuntes. Qué asco. ¿Derecho? A quién se le ocurre. Bah, un sistema encerrado en sí mismo que intenta imponerse a la realidad. Es como pegar un puñetazo a la naturaleza. Menuda panda de idiotas. Son unos hijos de… Hegel, o tal vez bastardos de Kant. Los libros sobre la mesa: ninguno es de Derecho: El mito de Sísifo (Camus), El acceso al ser (Polo), Entre el muro y el foso (Martínez Mesanza)… Por suerte quedan personas sensatas. Los “intelectuales” aún no han acotado la vida tras un sistema absoluto e imperativo. Una de las ventajas aparentes de la “democracia”… Empiezo a estudiar: Derecho Constitucional II, los derechos fundamentales y las libertades públicas. Menudo tema.

viernes, 1 de octubre de 2010

Veritas


No calles, Verbo querido,
que tu voz no desagrada.
Con la luz de tu mirada
y el calor de tu latido
consigo no estar perdido
en medio de los dolores.
Los seres son resplandores
que pronunció tu Palabra,
con la luz que los consagra
vistosos como las flores.
(luminosos como soles)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Las Sonatas I

Después de haber navegado sin rumbo en mis lecturas, he encontrado un destino al que quiero llegar. He descubierto mi América, o eso espero: Ramón del Valle-Inclán. Hacía mucho tiempo que mis sentimientos no eran tan afines a mis lecturas, y que las palabras que leía no me guiaban con tanta maestría. Este autor tiene, sobre todo, buen gusto. Su sentido del humor y capacidad para describir situaciones que pueden parecer serias es inigualable. La mirada con la que capta el mundo es aguda y sincera, capaz de trivializar sin caer en la burla…

He leído un par de sus Sonatas: Primavera y Estío. En ellas nos presenta “las «Memorias amables», que ya muy viejo empezó a escribir en la emigración el Marqués de Bradomín. Un Don Juan admirable. ¡El más admirable tal vez! Era feo, católico y sentimental”. ¡Ojalá pudiese yo dar testimonio de vivencias tan vivas! El Marqués no es un romántico cualquiera. Sabe vivir la vida. Es, diría yo, el vivo genio. No se presenta ante el instante con paradigmas, sino que actúa amando sin medida, saboreando cada momento como un caballero. En su escudo de armas está esculpido el mismísimo Carpe diem! con elegancia y sin el instinto del libertinaje.

Lo que más me ha gustado del libro son sus sentencias lapidarias. Los amores del Marqués son únicos, pero su filosofía es aún más original. En sus pensamientos, en sus palabras o en boca de otros personajes, nos encontramos con una sabiduría sincera, vital. Quizá sea, a veces, cínico, sin embargo no es motivo para dejarlo de lado. Dice, por ejemplo: “Yo, calumniado y mal comprendido, no fui otra cosa que un místico galante, como San Juan de la Cruz” –cada uno que juzgue por sí mismo–. También: “Cuando suelen otros desesperarse, yo sabía sonreír, y que donde otros son humillados, yo era triunfador. ¡El orgullo ha sido siempre mi mayor virtud!”. Y luego: “Por aquellos días de peregrinación sentimental era yo joven y algo poeta, con ninguna experiencia y harta novelería en la cabeza. Creía de buena fe en muchas cosas que ahora pongo en duda, y libre de escepticismos, dábame buena prisa a gozar de la existencia. Aunque no lo confesase, y acaso sin saberlo, era feliz, con esa felicidad indefinible que da el poder amar a todas las mujeres. Sin ser un donjuanista, he vivido una juventud amorosa y apasionada, pero de amor juvenil y bullente, de pasión equilibrada y sanguínea. Los decadentismos de la generación nueva no los he vivido jamás. Todavía hoy, después de haber pecado tanto, tengo las mañanas triunfantes, y no puedo menos de sonreír recordando que hubo una época lejana donde lloré por muerto mi corazón: Muerto de celos, de rabia y de amor”.

Estas son las confesiones de un converso a la vida. De una persona que tuvo fe, una fe verdadera, ferviente, en la vida misma. Que prescindió de prejuicios y desánimos. El Marqués se lanzó a la vida como un conquistador, quemando las naves y dejándolas atrás, sin dejar que el miedo lo dominase. A fin de cuentas, se enfrentó a las circunstancias como un verdadero hispano.

Veremos cómo acaban las Sonatas. Quedan dos: Otoño e invierno. Y podremos juzgar la vida de este hombre. Ojalá Valle no nos defraude.

jueves, 16 de septiembre de 2010

3

Era verano, agosto. De noche. En el pueblo. Estábamos de botellón. Digamos bastante cociditos… No sé por qué, instintivamente chicos y chicas hablábamos por separado. Ellas no sé de qué hablaban, nunca las escucho. Nosotros pasamos de fútbol a mujeres y de mujeres a cine. Yo valoraba el cine de Bergman y el de Erice con Santi. Miguel y Carlos discutían sobre política y eso, siempre acaban igual. No lo entiendo, los dos son de izquierdas… Gonzalo volvió después de habernos dejado un rato. Tenía una cara horrible. Venía llorando. Al parecer, no fue a mear… Echó toda la cena. Y habíamos tenido barbacoa… “¿Qué pasa, tío?”, le dije. “Nada, nada”, contestó. “Uuuyyy, esos ojitos… ¿De verdad que no?”, preguntó Santi. “Que no, que no”, dijo Gonzalo entre sollozos. “Ve a hablar con él, en serio”, me dijo Carmen. “Bueno, Gonzalo, ven conmigo un momento”, dije. Nos fuimos a las escaleras de un callejón. Empezamos a hablar. “A ver, ¿qué te pasa?”. “No, nada. Es que… la he perdido”. “¿Perdido? ¿El qué?”. “Me la regaló mi madre al nacer, tío, no puede ser. Estoy muy jodido”. “¿Qué es, una medalla o algo así? ¡Seguro que la podemos encontrar!”. “Que no, Juan, no se puede”. “¿No? Entonces ¿qué has perdido que no puedes encontrar?”. “Mi dignidad”, contestó. D-I-G-N-I-D-A-D, esta palabra sonaba como el zumbido molesto de un mosquito por la noche. “¿Tu dignidad? ¿Qué dices?”. De repente, sin venir a cuento, se puso a hablarme de Kant. Gonzalo es más o menos filósofo. Lee muchos libros y tal. Y habló de no sé qué imperativo categórico o algo así. No lo recuerdo bien. Al final le dije que descansara en mi coche. Después lo llevé a su casa.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Amor y Belleza III

El artista no es dueño de sí mismo. Está encadenado a la vida, a su vida: el crear. Un artista no piensa lo que debe crear, simplemente lo concibe, lo anhela, lo ama… No hay esquemas que le dicten. Si se piensa que el artista es un privilegiado, se está en lo cierto: goza de una libertad que pocos tienen. Pero la vida del artista no es nada seductora. Pues los ojos del público están puestos en su creación (si es famoso) o pasa desapercibido (si nadie lo conoce). Además, el caos es una constante en su vida. Un artista encuentra orden donde no lo hay. Y, por ser capaz de hablar (con su lenguaje) del mundo, descubre el desorden de la sociedad tan sólo mirando de reojo.

Ahora, volvamos al amor. ¿Qué es el amor? El amor parece ser un narcótico, un poder que nos arrebata. Pero, ¿es sólo eso? El amor no puede ser un mero arrebato apasionado que nos arrastra donde quiere. El amor, si se me permite, no es amor. El amor no es enamoramiento. El amor es sacrificio. En el caso de unos amantes jóvenes es fácil ver esto. Pongamos a Romeo y Julieta como ejemplos. Son dos jóvenes que se dejan llevar por ese enamoramiento pasional y desmedido. Ponen en peligro sus vidas y hacen un jaque directo a la política de sus familias. Y a ellos no les importa. ¿Esto es amor? Creo que puede serlo. Es amor apasionado, pero es amor. Es un amor tan arriesgado, que, por mi parte, conmueve. El hecho de que dos jóvenes arriesguen sus vidas y desobedezcan a sus familias porque no pueden vivir el uno sin el otro es apasionante. Son capaces de darse al otro sin condiciones.

Entonces, ¿dónde hay verdadero amor? En el sacrificio de los amantes. En el entregarse mutuamente sin pretender nada. Romeo hubiera podido estar con Julieta toda la noche observándola con sencillez… si ella se lo hubiese pedido. Romeo y Julieta no piensan en sí mismos, sino el uno en el otro. No se puede amar sin un otro. Y ese otro es insustituible. Amar es ser feliz buscando la felicidad del amado. Quizá sea por ello que Romeo y Julieta es una tragedia. Son dos jóvenes superados por las ambiciones del mundo…

¿Y la belleza? ¿Dónde está? En ninguna parte. Pertenece a cada persona el descubrirla. La belleza es comunión. Es un acto trascendental del hombre que le lleva a simpatizar con aquello que desea y se le presenta. Por ello, la belleza no puede ser definida. Cada ser humano tiene una percepción del mundo. Y no se pueden imponer cánones de belleza, porque sería fijar las fronteras de la libertad de la persona. Porque sin libertad, no hay belleza. Y si la belleza es trascender, el amor es belleza también; lo mismo ocurre con la verdad. Así pues, podríamos definir al amor como el máximo trascendental y a la belleza como el acto trascendental del sujeto que ama a lo otro: comunión.

La persona entrará en comunión con las demás y con el mundo. Crecerá poco a poco gracias a esa relación. Se trasciende a sí misma y por ello será capaz de ser más. Y su percepción de la belleza irá madurando, sin prisa ni angustia. Llegará hasta el punto de poder darse a los otros. Ya que ama sin medida gracias a que los otros se han dado a ella misma.

La belleza es la comunión y la donación del ser. Se trata de la relación en su máxima amplitud. Es el acto de ser como crecimiento y conocer a la persona como ser trascendental capaz de más siempre. Así, el acto de la belleza es la expresión de la libertad sin restricciones.

jueves, 2 de septiembre de 2010

La mano y la pezuña

Escribo esta entrada a propósito de una amiga mía. Mantuve con ella una conversación sobre si los animales son mejores o peores que las personas. Tema que me parece interesante y muy actual. Porque, por lo visto, no está del todo claro.

Si echamos un vistazo rápido, podemos quedarnos con una visión parcial de la persona. No es lo mejor de ella lo que más reluce. Pensamos en las guerras, las hambrunas y todo tipo de calamidades, al menos, eso afirmaba mi amiga. No son pocas las declaraciones de famosos, como Tarantino o Leonardo Boff, en las que dejan al ser humano en un puesto poco más que rastrero. Pero si pasamos a hablar de los animales, la cosa cambia. Viene a nuestra mente el recuerdo de una mascota cariñosa o el de animales salvajes por la pradera. Imágenes bonitas, sin duda inocentes, de las que no tengo nada malo que decir. Es más: me declaro amante de la naturaleza. Sin embargo, si me dan a elegir entre un perro o una persona, elijo, sin que me tiemble el pulso, a la segunda.

Los animales son seres extraordinarios. Son capaces de adaptarse al medio ambiente, de sobrevivir en condiciones extremas e incluso de manifestar aspectos casi humanos. Al domesticarlos, puede que les demos nuestro cariño y, así, nos correspondan. Harán que pasemos buenos momentos, nos ayudarán en situaciones comprometidas y nos consolarán cuando no haya nadie cerca. Ahora pregunto: ¿lo hacen por sí mismos? ¿Puede un animal que no ha recibido nada por nuestra parte dar algo? Creo que no. En tanto que reciben, dan algo. Se “humanizan” al estar con nosotros. Dudo que sea por otra razón. Los animales no son capaces de elegir como nosotros. El hecho de que podamos singularizar a un perro en concreto, de hacerlo nuestro, no significa que el perro lo haga. A él ni le va ni le viene. En cambio, nosotros no somos así. Yo soy “yo” y tú eres “tú”. Nadie puede cambiarte por otra persona. Con el animal podemos hacerlo, ya que no posee personalidad. El perro es singular para mí, porque puedo conocerlo como tal, es éste perro. Y él no puede conocer de manera particular. No es libre.

Pasemos a hablar de la evolución. La fisiología humana es privilegiada. Somos bípedos, tenemos manos e inteligencia. El ser humano puede andar erguido, contemplar el mundo y trabajar. Acciones que le son propias y no de otro ser vivo, ni siquiera del mono. Así como los animales no superan sus limitaciones específicas, la persona sí lo hace: tiene la técnica. Crea instrumentos con los que puede llegar a más. Y esto es por poseer manos e inteligencia. Otro de los atributos que le diferencian y le colocan por encima del resto es su capacidad de palabra. La boca humana está diseñada para vocalizar y articular palabras. Por ello vive en sociedad y es capaz de crecer, de ser más que antes…

Aún más: libertad. La libertad es totalmente humana. No es un atributo específico, sino que es personal. La libertad pertenece a la persona en cuanto que es persona. Esto la diferencia del resto de su especie. De esta manera no está sometida a las necesidades de específicas del grupo, tribu o sociedad. Y lo más sorprendente de la libertad personal es el darse. La persona puede disponer de sí misma para las demás. El don es algo que sobrepasa la naturaleza humana y la naturaleza en general. La capacidad de entrega de una persona no tiene límites, salvo más allá de la muerte. Lo más humano es el amor, el sentido del don. El ser humano es más con los otros, coexiste, es-para-los-demás. Todo ello por la libertad. Encontramos, pues, una tríada en la persona: conocimiento-libertad-amor. Que es lo que más la engrandece, aquello que la sitúa por encima del resto de los animales.

Así con todo, a pesar de lo sublime que resulta la naturaleza y sus especies animales, el ser humano no tiene parangón. Si observamos el horizonte animal, cuando nos encontramos con la persona se produce una hipérbole, como si de una gran montaña se tratase. Desde la que podemos asombrarnos al comprobar nuestra altura.

lunes, 12 de julio de 2010

¡CAMPEONES!

Después de tantos sinsabores, parece que nuestra selección ha conseguido acabar con las maldiciones. Ha sido este año, 2010, en el que nuestros jugadores han dado la talla como tocaba: son campeones del mundo. Es un momento de alegría. Para la derecha y la izquierda, para los de arriba y los de abajo, para... todos. Y es que, entre los avatares de la crisis y la estupidez política, nos merecemos, al menos, alegrías como estas. No somos los más cultos, tampoco un país modelo, pero tenemos un par de… bueno, tenemos los mejores deportistas del mundo. Espero que ese espíritu ganador se contagie y podamos, como los campeones, echarle cara a la vida.

Ayer, al acabar el partido, no dudé en salir a la calle para vivir un momento como este. No soy nada futbolero, y cuando digo nada es NADA, pero este mundial, no sé por qué, lo he visto enterito (los partidos de la selección, claro). En Valencia todo el mundo sacó sus banderas, subió a los coches y se empezó a gritar victoria. Las calles estaban abarrotadas y el frenesí nos invadió a todos. Por un momento, los colores de nuestra bandera inundaron cada palmo de la ciudad y cada uno de nosotros gritábamos con orgullo el haber nacido en España. Yo, desde luego, me alegré al ver, por fin, a tanta gente viviendo los colores, aunque sólo fuera por un día.

Esta mañana en Valencia todo estaba tranquilo. Los coches circulaban con normalidad y cada peatón vestía a su manera. El furor había cesado. Un amigo mío comentaba que el panorama era muy triste, falso. Yo no sabía qué contestarle. Él, al parecer, estaba indignado de que hubiese tanta falta de patriotismo. Consideraba que no era justa la rapidez con que la gente se cambia de camisa. Porque, según me decía, mañana pueden llamarte “facha” por decir que te sientes español. Le dije para tranquilizarle que, por lo menos, teníamos esos pequeños momentos, que no hay que darle tanta importancia. Pero él insistía. En cierta medida creo que tiene razón. Sin embargo, no me voy a rasgar las vestiduras porque la mayoría del país se sienta español tan sólo por “la roja”. Por mi parte, no encuentro otros motivos de orgullo en la actualidad. Podemos volvernos nostálgicos y conmemorar Lepanto o la Guerra de la Independencia, pero mi romanticismo está más que desgastado. Además de que considero estúpido decantarse por una franja morada o por un pollo engalanado.

En la Vieja Europa nos asombramos de que una nación como Estados Unidos esté “tan unida”. Quizá resulten infantiles o incluso estúpidos en algunos aspectos, pero nadie puede negarles el mérito de ser un país fuerte y emprendedor. Aunque no soy ningún experto, creo que esto es debido a que, como saben todos, es una nación joven que está formada por hijos de inmigrantes, gente que buscaba un mundo mejor…, con espíritu de lucha. Está claro que “la roja” no nos va a convertir en potencia mundial, pero es, a mi parecer, un ejemplo a seguir, un equipo que se ha superado a sí mismo.

¡Enhorabuena, campeones!

sábado, 10 de julio de 2010

VERSUS


Después de mi desaparición en el blog, retomo mis letras: he vuelto.

En Navidad pude ver Avatar en el cine, un auténtico espectáculo visual. La calidad de las imágenes y la explosión de colores que nos brindaba la pantalla fueron una novedad. Además, Cameron no hizo la típica historieta amorosa en tiempos revueltos, sino que se atrevió a indagar sobre lo infranatural en una cultura que es, a mi parecer, mesoamericana (más o menos). En fin: me gustó, sin más.

Una película de quinientos millones de dólares tiene esas cosas. El espectáculo está asegurado para todos. De una manera u otra, engancha. Sin embargo, el director de Titanic no obtuvo el mismo reconocimiento con Avatar. El jurado de los Oscar no dudó en conceder seis estatuillas a En tierra hostil, un film de Kathryn Bigelow, que es, nada más y nada menos, la exmujer de James Cameron (¡olé torito!). Lo más novedoso no es este detalle, sino que el presupuesto del film no superaba los diez millones de dólares. Al parecer, un buen vestuario y una realización aceptable pueden superar a los mejores pitufos digitales.

Es gracioso el enfoque que estos dos directores han concedido al ejército. Mientras que Cameron se ha centrado en el lado más irracional y mercenario de la guerra, Bigelow ha optado por lo humano, por la situación y las circunstancias concretas de cada soldado. Que es, creo yo, más meritorio que un sargento de hierro exterminador. Está claro que las tribus selváticas han sido y están siendo arrasadas por el capricho de “la civilización”, pero, desde luego, no creo que el desarrollo sea tan irracional. Al final resulta que el conocimiento científico no es conocimiento; el verdadero saber pertenece a los indios, que “saborean” la naturaleza. Bueno, seamos sinceros, esto es muy poético y queda bien, pero ni la madre de Cameron con toda su compasión aceptaría esta tesis. Con un porrete de por medio puedes imaginarte que el bosque tiene espíritus y libre albedrío, sin embargo no es lo mismo cuando estás sereno, hasta la coronilla y llevas dos días sin dormir bien en medio de la montaña.

Volvamos a nuestro tema. Son dos grandes películas, cada una en su tema y estilo. Recomiendo ambas, pero me ha convencido mucho más En tierra hostil. Ahí os lo dejo.

domingo, 18 de abril de 2010

Libertad e injusticia

Las tres niñas de la portada de Todo fluye anuncian la crítica de su autor. Vasili Grossman consigue con esta obra estremecer nuestra conciencia. Nos traslada a un pasado no muy lejano, en el que mujeres y hombres eran despojados de sus raíces sin motivo, en el que el imperio de la ley era más fuerte que el nombre y la dignidad de cualquier persona.

La obra es una gran crítica del Estado estalinista. Una dictadura que no resuena lo suficiente y que fue camuflada tras las promesas fallidas de la revolución socialista. La gran empresa hegeliana y marxista por alcanzar las cotas más altas de la razón, intentando superar a la propia realidad, se hizo patente en los estados totalitarios que surgieron a lo largo del siglo XX, en especial en el soviético y en el nazi. La pugna hegeliana traspasó los libros para encarnarse en todos los hombres que fueron asesinados en los campos de exterminio. Así, el desarrollo dialéctico de los diferentes progresos (de los nuevos mesías) transformó la faz de Europa, Asia, África y América. Y ahora, tranquilos, vemos reportajes ajenos a la experiencia de aquellos que padecieron la injusticia y que vivieron los miedos de los tiranos a la libertad.

Todo fluye: unas injusticias siguen a otras y las promesas calman las angustias de la vida. La vida siempre sorprende y nunca se acaba cediendo ante la desesperanza. El autor nos introduce en las hambrunas que asolaron a los campesinos rusos. “Conocí a una mujer –dice el autor-, tenía cuatro hijos. Les contaba cuentos para que olvidaran el hambre, aunque apenas podía mover la lengua; los cogía en brazos, aunque no tenía fuerzas para levantarlos. Y es que el amor vivía en ella. La gente se dio cuenta de que allí donde vencía el odio, morían más rápidamente. Aunque el amor tampoco salvó ninguna vida. El pueblo entero murió. La vida desapareció”. Palabras duras, llenas de sentimiento y que nos recuerdan la violencia de un régimen casi olvidado. El hambre transformaba a las personas, les devolvía todo lo animal que reside en nosotros. Así se cometían atrocidades de todo tipo y la necesidad les llevaba hasta extremos que no desearían en circunstancias normales. Grossman llega a decir que la crueldad del Estado soviético llegó a superar a la de los soldados alemanes durante la segunda guerra mundial.

Las críticas al Estado no son pocas. Grossman se jugó la vida como escritor y tuvo la valentía de ser libre en toda circunstancia. Dice: “En este Estado, no sólo los pequeños pueblos, tampoco el pueblo ruso tiene libertad nacional. Allí donde no hay libertad humana no puede haber libertad nacional, ya que la libertad nacional es sobre todo libertad del hombre”. Y añade: “En este Estado no hay sociedad, puesto que la sociedad se basa en la libre intimidad y en el libre antagonismo de la gente, y un Estado sin libertad, libertad de intimidad y libertad de antagonismo son inconcebibles”. Además, se atreve a decir que Stalin era un hipócrita. Y dice de la libertad en Rusia: “El contenido infinitamente precioso, vivo, radiactivo de la libertad y de la democracia fue asesinado y transformado en un animal disecado, en cáscara de palabras”.

Por mi parte me pregunto si las revoluciones han valido la pena. Si la justicia pagada por millones de personas ha sido suficiente para paliar las injusticias anteriores. ¿Y el progreso? ¿Habrá sido acertado? Porque si hubo víctimas de las dialécticas del progreso, ¿cuáles serán las víctimas actuales? Seguramente las estará habiendo y en nuestras sociedades libres no se esté dando a conocer las consecuencias de nuestro progreso.

¿Será tan cara la libertad? Quizá la libertad sea un producto de alto valor en la sociedad del consumo y sólo pueda ser comprada por unos pocos. No sé si será así. Mi intención no es ser pesimista. Considero la libertad el mayor bien del hombre y la defiendo en todas las circunstancias. Pero me preocupa este tema. Ya que la libertad material sólo puede ser vivida en buenas condiciones, y esas condiciones de vida no pueden ser alcanzadas por todos los seres humanos. Es una pérdida en la que participamos todos y que deberíamos solucionar. ¿Por dónde empezar? No lo sé, no quiero ser Marx ni Platón, tampoco Tolstoi. Quizá deba ser tomada por cada persona, poco a poco, para colaborar en las pequeñas relaciones o algo así. Es un tema que me supera.

El libro me ha gustado mucho. Lo recomiendo. Creo que es una lectura obligada. Puede que sea duro, que remueva, pero vale la pena. El autor combina el estilo novelístico con el del ensayo. Y, por otra parte, es profundamente humano.

lunes, 5 de abril de 2010

In vino veritas


Me he leído un libro de Kierkegaard: In vino veritas. Se trata de un diálogo ambientado en una cena donde abunda el vino. Bajo los efectos de la bebida se entregan a sus elucubraciones entorno a la mujer y el amor. Esto me es gracioso, porque no se aleja para nada de la realidad: basta ir a tomar cerveza con los amigos para encontrar un símil de esta situación. Sin quererlo ni beberlo, la conversación se puede volver trascendente o estúpida; y cuando se vuelve trascendente se pueden llegar a superar los diálogos de Platón. No creo que Kierkegaard pretendiese superarlos, pero, desde luego, los imita.

El autor es bastante provocador, además de irónico. Pone en boca de sus personajes las opiniones más curiosas sobre la mujer. Creo que en el fondo está tomándonos el pelo, pues parece ser que ninguno de los personajes tiene la más mínima idea acerca de la mujer. Todos hablan en base a su experiencia. Y por ello digo que son provocadores, porque sus opiniones no son del todo correctas: casi todas son desesperanzadoras o descerebradas. Parece que el amor entre el hombre y la mujer es una ilusión. Que no queda nada por hacer, ya que las mujeres, según dicen los personajes, no tienen remedio. Son el sexo débil (en el libro) y están condenadas a los seductores, las modas y la irracionalidad. Aunque yo creo que esto no lo piensa Kierkegaard. Al final de libro muestra un matrimonio anciano en el que el marido alaba a su mujer y le demuestra que le ama. Esto a pesar de haber renunciado a otras cosas. Es una escena entrañable.

Por mi parte, el libro me ha resultado interesante. Me ha sorprendido. Yo esperaba algo con más enjundia filosófica, un diálogo al estilo de Platón. Pero no ha sido así. Sino que la enjundia estaba de fondo. He podido sacar mis conclusiones. Una de ellas es que la filosofía versa sobre la vida misma, sobre el ser humano. Si no es así, la filosofía se convierte en algo alejado de la realidad. Si no se consigue encontrar el sentido de las relaciones humanas y de la vida, ¿para qué la filosofía? La vida es el objeto de la filosofía. Y la vida gira en torno a las relaciones humanas, en las que el hombre se desarrolla y crece. Por eso, todo aquello que emborrone el sentido de la vida debe ser desechado. No puede ser filosofía aquello que exalta el sinsentido y la tristeza. Como decía Tolstoi, la filosofía es la ciencia de la vida.

No sé si Kierkegaard pretendía trasmitir esto, pero yo lo creo así. Espero que no sea el último libro que me lea de él. Lo repito, me ha gustado, aunque es un poco confuso en su estilo y sus razonamientos.

martes, 30 de marzo de 2010

Poesía e infancia


Hay libros que se pueden leer muchas veces. Uno de ellos es ‘Cartas a un joven poeta’, de Rainer Maria Rilke. En este libro reflexiona sobre diversos temas. Cada uno de ellos particular. Pero, más que nada, habla sobre poesía y la labor del poeta.

Lo he vuelto a devorar. Tiene un estilo limpio, cercano. Te ayuda a adentrarte en ti mismo y a explorar el mundo artístico. Define al artista como una persona humilde y paciente. Alguien que no arranca de su ser sus creaciones, sino que crea con paz y serenidad; sin importarle cuánto tiempo puede esperar su creación. “Todo estriba en gestar y luego dar a luz”, afirma. Las obras de arte no pueden ser fruto de la moda, sino, más bien, de una interiorización del artista que se conoce a sí mismo.

Las cartas van dirigidas a un poeta llamado Franz Kappus. Al parecer fue un joven poeta que buscó consejo en Rilke, y lo encontró. Rilke se nos muestra como un poeta curtido por el tiempo. Un hombre que ama su vocación artística y que la conoce en profundidad. Además, no tiene problemas en abrir su alma a otros artistas que quieren aprender. Y esto es algo que me gusta, pues no hay peor artista que el que se cierra al mundo y a sus congéneres. Ya que ¿no es el arte un acontecimiento universal?

Me ha impresionado la fuerte crítica que realiza contra la crítica artística. Pues dice: “lea lo menos posible reflexiones de orden estético y crítico: o bien son puntos de vista partidistas, fosilizados y que han perdido sentido en su endurecimiento sin vida, o bien son hábiles juegos de palabras en los que hoy gana un punto de vista y mañana el contrario”. Encuentro esta consideración muy acertada. Debemos atrevernos a formar nuestro propio juicio respecto al arte para poder crecer en el mundo artístico. Si todo queda en la academia no habrá verdadera creación en el futuro. Rilke afirma que “las obras de arte son de una soledad infinita y nada las alcanza menos que la crítica”. Esto se lo dice a Kappus porque está preocupado por sus poemas, por la opinión que se puedan formar aquellos que los lean. Y no hay error más tentador para una persona que crea. Pues la opinión ajena puede minar todo el afán creador y hay que estar dispuesto a ser independiente en este aspecto. Los griegos definieron muy bien la noción de catarsis, y no nos podemos dejar llevar por la vulgaridad de una crítica ajena. El poeta es cercano en sus creaciones cuando es leído por aquellos perciben la vida de una manera parecida a la suya.

Una constante a lo largo del libro es la soledad. El autor repite muchas veces que es necesario saber estar solo. La soledad nos pone cara a cara con nuestra interioridad. Sólo descubriremos cuál es nuestro ser si nos adentramos en la selva de la soledad. Si somos capaces de soportarla y amarla con paciencia. “Lo que es necesario sólo es esto: soledad, gran soledad interior. Adentrarse en sí mismo y no ver a nadie durante horas, eso es lo que hay que conseguir”. Otro tema que trata es el de la infancia. Saber ser niño es importante para un poeta. Un niño es capaz de mirar el mundo con asombro y de cantar sus bellezas. Un niño no se enreda en el mundo de los adultos, sino que puede formar una idea genuina y única del mundo al margen de la percepción adulta. Por ello, dice: “Estar solo, como uno ha estado solo cuando era niño, cuando los adultos iban y venían, enredados en cosas que parecían importantes y grandes porque las personas mayores tenían un aspecto tan ocupado y porque uno no comprendía nada de sus quehaceres”. Y luego, “si piensa en su infancia, volverá a vivir entre ellos, entre los niños solitarios, y los adultos no son nada, y su dignidad no tiene ningún valor”. Así podremos mantenernos al margen del ajetreo del mundo adulto y crecer por dentro.

martes, 23 de marzo de 2010

Inspiración


La inspiración no viene siempre. Es una mujer exigente que no se deja mirar por cualquiera. Ahora mismo echo de menos a esa mujer. ¡Es tan hermosa! Recuerdo los momentos que hemos pasado juntos, cuando ella me acompañaba cogida de la mano. Recorríamos la ciudad de palmo a palmo hablando de miles de temas. Ella me miraba con cariño y yo le dedicaba cada una de mis palabras…

Estar inspirado es un privilegio. Por ello dedico esta entrada a la inspiración. Porque cuando ella no está presente, me falta una partecita de mi ser. ¿Qué podemos hacer los pobres escribidores sin esa mujer? ¡Poco! Puede que a los grandes escritores les baste con su genial terribilitá, pero a nosotros, pobres escribidores, no nos sobra ni una sola de las caricias de esa mujer caprichosa. Cuando faltan se convierten en una tortura…

¿Cómo podemos definir la inspiración? Creo que se la podría definir como un susurro que embriaga. Algo que te seduce, que te lleva de la mano con suavidad. La inspiración es delicada, femenina. Habla al oído para ayudarte a crear o escribir. Es algo sencillo y puro que te conmueve. Te ama cuando está a tu lado y la odias cuando se aparta de ti. La inspiración te hace vivir en la contradicción…

sábado, 13 de marzo de 2010

2

Otra vez la clase de matemáticas. Las cuatro de la tarde. No hace mucho que hemos comido. Nadie atiende. El profesor está desganado y tiene que explicar trigonometría… Yo no tengo ganas de atender. Dibujo en la mesa. Miro la pizarra con hastío. Vuelvo a dibujar. Me invade el escepticismo. El profesor se cansa de que no le atiendan. Mira a la clase. La clase le mira… Y se prepara para preguntar. Le toca a Charlie, el macarra. Charlie está dormido. El profesor insiste. Charlie se sobresalta. No contesta. Mira con los ojos rojos a los ojos cansados del profesor de matemáticas. “¿Qué dice?”, dice. “¿Cómo?”, vuelve a preguntar. “¿Te pasa algo?”, pregunta el profesor. “No”, dice Charlie. “Entonces, resuelve el problema”, le dice el profesor a Charlie. “Es que…”, dice Charlie. “Nada de esque. ¡Hazlo!”, grita el profesor. “¡No quiero!”, contesta Charlie. “¿Te crees que puedes hacer lo que quieres?”, pregunta el profesor. “Sí”, contesta Charlie. “Vete fuera de clase”, dice el profesor. “No”, dice Charlie, “me voy yo”. Charlie sale de clase. El profesor se queda perplejo y continua con la trigonometría…

sábado, 16 de enero de 2010

1

La clase de matemáticas. Las doce de la mañana. El profesor no es muy gracioso y, para colmo, pregunta para fastidiar. Los números son para mí como las patatas fritas para los caracoles. O sea, eso. Y al profesor le gusta ver que la gente no entiende nada. Parece más inteligente. Me mira de reojo desde la pizarra mientras escribe una ecuación. “Juan, sal a la pizarra”, me dice. Yo salgo temblando. “¿Puedes hacerla?”, dice. No sé qué contestar. Pongo cara de poker. “¡Venga! ¿No sabes calcular?”, me pregunta. “Eso es evidente”, pienso. Mira a los compañeros. “¿Qué pensáis vosotros?”, pregunta. Levanta la mano Luis, el empollón. “¿Alguien más?”, vuelve a preguntar. “Pues mira”, me dice, “se hace así”, dice resolviendo la ecuación. “¿Tan difícil te parece?”. “No”, le contesto. “¿No? Entonces, ¿qué pasa? ¿No quieres hacerla?”, me pregunta. “No. Es que no creo en las matemáticas”, le contesto. Me doy la vuelta, me dirijo a la puerta y salgo de clase. El profesor se queda estupefacto. Y, mientras bajo las escaleras, veo que me sigue la mayoría de la clase. Luis es el único que sigue en su pupitre.