sábado, 13 de marzo de 2010

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Otra vez la clase de matemáticas. Las cuatro de la tarde. No hace mucho que hemos comido. Nadie atiende. El profesor está desganado y tiene que explicar trigonometría… Yo no tengo ganas de atender. Dibujo en la mesa. Miro la pizarra con hastío. Vuelvo a dibujar. Me invade el escepticismo. El profesor se cansa de que no le atiendan. Mira a la clase. La clase le mira… Y se prepara para preguntar. Le toca a Charlie, el macarra. Charlie está dormido. El profesor insiste. Charlie se sobresalta. No contesta. Mira con los ojos rojos a los ojos cansados del profesor de matemáticas. “¿Qué dice?”, dice. “¿Cómo?”, vuelve a preguntar. “¿Te pasa algo?”, pregunta el profesor. “No”, dice Charlie. “Entonces, resuelve el problema”, le dice el profesor a Charlie. “Es que…”, dice Charlie. “Nada de esque. ¡Hazlo!”, grita el profesor. “¡No quiero!”, contesta Charlie. “¿Te crees que puedes hacer lo que quieres?”, pregunta el profesor. “Sí”, contesta Charlie. “Vete fuera de clase”, dice el profesor. “No”, dice Charlie, “me voy yo”. Charlie sale de clase. El profesor se queda perplejo y continua con la trigonometría…

3 comentarios:

El seminarista dijo...

Vaya hombre. Me has sorprendido con el blog.
Hace días que tenía en mente visitarlo pero ya ves. Hoy sí me he dado el tiempo para conocerlo.
Lo de Edelweiss está bien pensado eh... De éste cuento creo que puedo decir lo mismo. Creo que un buen ejemplo de oraciones cortas, entre otras cosas.

El seminarista dijo...

Vaya hombre...
No me había dado tiempo para visitar el blog, pero ya ves... hoy me he dado una hora libre.
Me parece bien cogido lo de Edelweiss. Lo mismo digo del relato corto que has puesto. Creo que las frases cortas son bastente agradables...

Rafa M. dijo...

Muchas gracias por los comentarios. Un saludo.