martes, 30 de marzo de 2010

Poesía e infancia


Hay libros que se pueden leer muchas veces. Uno de ellos es ‘Cartas a un joven poeta’, de Rainer Maria Rilke. En este libro reflexiona sobre diversos temas. Cada uno de ellos particular. Pero, más que nada, habla sobre poesía y la labor del poeta.

Lo he vuelto a devorar. Tiene un estilo limpio, cercano. Te ayuda a adentrarte en ti mismo y a explorar el mundo artístico. Define al artista como una persona humilde y paciente. Alguien que no arranca de su ser sus creaciones, sino que crea con paz y serenidad; sin importarle cuánto tiempo puede esperar su creación. “Todo estriba en gestar y luego dar a luz”, afirma. Las obras de arte no pueden ser fruto de la moda, sino, más bien, de una interiorización del artista que se conoce a sí mismo.

Las cartas van dirigidas a un poeta llamado Franz Kappus. Al parecer fue un joven poeta que buscó consejo en Rilke, y lo encontró. Rilke se nos muestra como un poeta curtido por el tiempo. Un hombre que ama su vocación artística y que la conoce en profundidad. Además, no tiene problemas en abrir su alma a otros artistas que quieren aprender. Y esto es algo que me gusta, pues no hay peor artista que el que se cierra al mundo y a sus congéneres. Ya que ¿no es el arte un acontecimiento universal?

Me ha impresionado la fuerte crítica que realiza contra la crítica artística. Pues dice: “lea lo menos posible reflexiones de orden estético y crítico: o bien son puntos de vista partidistas, fosilizados y que han perdido sentido en su endurecimiento sin vida, o bien son hábiles juegos de palabras en los que hoy gana un punto de vista y mañana el contrario”. Encuentro esta consideración muy acertada. Debemos atrevernos a formar nuestro propio juicio respecto al arte para poder crecer en el mundo artístico. Si todo queda en la academia no habrá verdadera creación en el futuro. Rilke afirma que “las obras de arte son de una soledad infinita y nada las alcanza menos que la crítica”. Esto se lo dice a Kappus porque está preocupado por sus poemas, por la opinión que se puedan formar aquellos que los lean. Y no hay error más tentador para una persona que crea. Pues la opinión ajena puede minar todo el afán creador y hay que estar dispuesto a ser independiente en este aspecto. Los griegos definieron muy bien la noción de catarsis, y no nos podemos dejar llevar por la vulgaridad de una crítica ajena. El poeta es cercano en sus creaciones cuando es leído por aquellos perciben la vida de una manera parecida a la suya.

Una constante a lo largo del libro es la soledad. El autor repite muchas veces que es necesario saber estar solo. La soledad nos pone cara a cara con nuestra interioridad. Sólo descubriremos cuál es nuestro ser si nos adentramos en la selva de la soledad. Si somos capaces de soportarla y amarla con paciencia. “Lo que es necesario sólo es esto: soledad, gran soledad interior. Adentrarse en sí mismo y no ver a nadie durante horas, eso es lo que hay que conseguir”. Otro tema que trata es el de la infancia. Saber ser niño es importante para un poeta. Un niño es capaz de mirar el mundo con asombro y de cantar sus bellezas. Un niño no se enreda en el mundo de los adultos, sino que puede formar una idea genuina y única del mundo al margen de la percepción adulta. Por ello, dice: “Estar solo, como uno ha estado solo cuando era niño, cuando los adultos iban y venían, enredados en cosas que parecían importantes y grandes porque las personas mayores tenían un aspecto tan ocupado y porque uno no comprendía nada de sus quehaceres”. Y luego, “si piensa en su infancia, volverá a vivir entre ellos, entre los niños solitarios, y los adultos no son nada, y su dignidad no tiene ningún valor”. Así podremos mantenernos al margen del ajetreo del mundo adulto y crecer por dentro.

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