domingo, 24 de octubre de 2010

Cultura vivida

La cultura tiene un tinte personal, íntimo. Se convierte en parte de nosotros, haciendo que crezcamos y nos desarrollemos gracias a ella. Manel Mora en su libro, Leer o no leer, dice algo parecido. Habla de esa relación del lector con sus libros. Cómo saborea las páginas, cómo nos introduce en un mundo para ampliar nuestra experiencia de la realidad. De esta manera, la tarea del escritor es muy importante, fundamental. Ya que se introduce en el misterio del don, del regalo que supone una obra de arte. Estamos hablando de Vida, del sacrificio y empresa que supone la creación artística, también de los riesgos que implican.

Ahora quiero hablar de los enemigos de la cultura: la erudición, la pedantería y el academicismo. Actitudes ante la cultura que hay que combatir, con todos los medios legítimos que dispongamos, como si se tratase de un cáncer o de un totalitarismo. Realmente, estas actitudes socavan la cultura, la limitan e inducen a otros al error. Provocan la cristalización del ser, como una gran helada, impidiendo que los cauces de vida lleven el agua y esta sea germen de nuevas criaturas. Es la cárcel del pensamiento y un gran narcótico que hipnotiza a las nuevas generaciones de estudiantes. Las actitudes que he citado intentan a toda costa la autoafirmación en sí mismas y la autoconciencia de sí. Son un engaño, un fantasma que quietiza a aquellos con los que se encuentra, haciendo que sucumban en el horror. Y esto es lo que debemos aprovechar. Son castillos edificados sobre una ciénaga, altos e inexpugnables, que son devorados por sus mismos cimientos. Cuanto más crezcan, más se hundirán en sí mismos. Por eso, sólo es cuestión de tiempo. Todo fluye, todo es, quien intenta pararse es volatilizado por el tiempo. El presente es vibrante, ¡vivo!, como el pensamiento. Intentar convertir las ideas en piezas de museo es absurdo…, es su sentencia de muerte.

Es el momento de contemplar, esperar, vivir y hacer la estrategia de tierra quemada. No dejemos nada al enemigo, que se muera de hambre por su sed de ambición. Es cuestión de tiempo. Napoleón, Hitler, Stalin… Gengis Khan o cualquier otro conquistador, todos sucumbieron al convertirse en agujeros negros. Son ejemplos de academicismo, pedantería y erudición. Pero siempre quedan los artistas, esos genios de la vida, que se entregan en holocausto por la causa de la verdad. Profetas del amor y sacerdotes de la belleza. Sabios que conocen lo de más aquí y lo de más allá. A fin de cuentas, almas vivas, amigos.

2 comentarios:

Mora Fandos dijo...

Muchas gracias por la cita, Rafa. Estoy muy de acuerdo con lo de los tres enemigos de la cultura: la erudición, la pedantería y el academicismo. Es como tres tapones a los bienes de la cultura, que deberían llegar a todo el mundo. Pero la universidad tiende a estas intransitividades, que hemos de dinamitar desde fuera los que no estamos dentro. Vamos, lo que ya haces.

Rafa Monterde dijo...

Ut unum sint! Manel. Gracias por comentar