viernes, 22 de octubre de 2010

El favor de los dioses

El favor de los dioses es una constante en la mitología. Ahora, en la madurez de la cultura, parece que no lo necesitamos. ¿O sí? Quizá, más que nunca. No es bueno perder la inocencia (¿ingenuidad?). Más que nada, por respeto. ¿A la Naturaleza, a los dioses, Dios? No, a nosotros mismos. Para mirar con confianza, con la mirada limpia, al mundo. Los griegos son maestros en este tema.

Anoche, antes de dormirme (¿durmiéndome?), cogí de mi estantería un libro que me regaló mi padre: Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica, de Gustav Schwab. Imprescindible. Abrí el índice, buscando un capítulo al azar. Creí leer el nombre del capítulo. Me pareció que ponía “Penélope”. Y me decidí a leerlo. Fui hasta la página y me quedé perplejo. No era “Penélope” sino Pélope. Un hombre, un enamorado. Su amada: Hipomadía. La hija del rey Enomao de Élide.

Enomao temía que algún día su hija se casara, pues el oráculo había profetizado que él moriría si su hija encontraba marido. Así que decidió convocar una competición. Carrera de cuadrigas. Y quien obtuviese la victoria tendría derecho sobre su hija. Puso condiciones: dejaría ventaja a su oponente, no iniciaría su recorrido hasta que hubiese sacrificado con calma un carnero a Zeus; tras esto saldría disparado, fustigando Mirtilo, su guía, desde su carro a los caballos más rápidos del reino; además, tendría el poder de atravesar con su jabalina al oponente si este no había llegado a la meta. Muchos pretendientes se echaron atrás al conocer las condiciones. Aunque no fueron pocos los que aceptaron el reto. La belleza de Hipodamía era arrebatadora y la vejez de Enomao daba motivos de confianza. Así murieron más de doce participantes.

Pélope, enamorado, quiso presentarse a la carrera. No sin antes haber pedido un favor al poderoso Posidón, el dios de los mares. Le escuchó y le concedió lo que pedía. “Se agitaron las aguas y un brillante carro de oro con cuatro alados corceles, veloces como flechas, surgió de las olas”. Enomao, al verlo, quedó aterrorizado. Reconoció el carro y los corceles del dios de los mares. Aun así, compitió. Pélope, después de haber descansado, se presentó a la carrera. Y el rey cumplió con sus condiciones de juego. Cuando Pélope llegaba a la meta, Enomao, terminado el sacrificio, salió disparado, furioso, tras el joven, lanza en mano para acabar con él. Pero Posidón favoreció a Pélope y desenganchó las ruedas del carro del rey. El auriga y su señor cayeron con violencia contra la tierra y murieron... El palacio real, donde se encontraba Hipodamía, ardía en llamas tras la carrera, y Pélope fue raudo a salvarla. Se desposó con ella y fue rey. De ahí que la península helénica se denomine Peloponeso.

Me parece una historia magnífica y ensoñadora. Griega. Desde luego que no quiero que el que tenga que ser mi suegro muera (¿No? Bueno, algunos yernos sí lo quieren). Sin embargo, creo que la historia de estos amantes podría ser un referente para el presente. Un gran ejemplo del riesgo del amor.

8 comentarios:

ƒer dijo...

Ten cuidado, que ese fue uno de los libros inspiradores de Hitler en su juventud...

http://juventudrevolucionaria.wordpress.com/2009/10/01/hitler-el-fuhrer-de-la-raza-aria/

Rafa Monterde dijo...

No lo sabía, Fer. Pero también te digo: el libro formaba parte de las lecturas obligatorias del sistema educativo de la segunda república española... También en la Institución Libre de Enseñanza, que tan buenos intelectuales ha dado a España. Así que era un libro de moda. No creo que fuera un libro "nazi"; además, la democracia griega y sus mitos son un gran ejemplo de combate de la tiranía... NO hay que ser TAN pragmáticos. Gracias por comentar. Un saludo

ƒer dijo...

¿Seguro que la democracia griega y sus mitos son un gran ejemplo de combate de la tiranía..?

http://es.wikipedia.org/wiki/Esclavitud_en_la_Antigua_Grecia

Rafa Monterde dijo...

Sí, sin duda. Hasta la llegada del cristianismo, es el mejor ejemplo de libertad. No seas anacronista, ¡joder! La historia no se puede ver desde el puto canuto del siglo XXI, y mucho menos del XX. Porque ambos, que son "épocas democráticas", son el mejor ejemplo de injusticias y genocidios a la humanidad... Los griegos son cojonudos y ya está. NO le busques tres pies al gato.

ƒer dijo...

Siento discrepar, la esclavitud ayer y hoy sigue siendo la misma, eso si, adaptada al momento histórico.

Mira mi entrada:

http://orbesdefer.blogspot.com/2010/10/china-la-gran-muralla.html

Si te gustan los griegos es tu opinión, por mi parte y en ese sentido, quiero alejarme del mundo occidental para buscar otras maneras de interpretar la realidad, por ejemplo:

http://www.scribd.com/doc/7232723/Heraclito-y-El-Taoismo

No le busco tres pies al gato, tan solo no estoy de acuerdo.

Un saludo.

Rafa Monterde dijo...

Muy bien, tú busca lo que quieras, cuando quieras y donde quieras. Eso nadie te lo va a negar. Yo, al menos, no. Ahora, no te digo lo que pienso del espiritualismo oriental... Muy bonito, sí, peeero... bueno: ESO, ya sabes a qué me refiero.

Vi tu entrada ayer. Estoy de acuerdo contigo. La esclavitud siempre es un mal. Pero, al parecer, la única cultura que supo abolir la esclavitud desde sí misma, fue la romana. ¿Por qué fue? ¡Adivina adivinanza!

Torrecavero dijo...

Una entrada muy interesante, tomo nota del libro. La antigüedad clásica constituye una de las piedras angulares de nuestra civilización, no podemos descontextualizar y contemplar la historia con los ojos del presente. Ya empieza a estar demodé la permanente crítica a nuestra civilización, es absurdo tirar piedras contra nuestro propio tejado.
En relación con el comienzo de tu entrada, también abunda en nuestros tiempos el fenómeno de los que se enfrentan a sus orígenes (e incluso los ridiculizan) y se suman a la moda de lo exótico o incluso de lo paranormal.

Un abrazo

Rafa Monterde dijo...

Gracias, Torrecavero, un placer tenerte por aquí. Muy sutil. Un abrazo