domingo, 10 de octubre de 2010

En el camino

Mi camino habitual para ir a la facultad de Derecho es muy particular. Paso por delante de una pequeña iglesia, situada en un bajo discreto, y la verja que la cierra es negra, con una cruz que la destaca; después tengo la oportunidad de rodear una gran mezquita blanca, con su alto minarete, antecedente de los campanarios, coronado por una media luna dorada; tras estos dos templos me topo con un colegio cercado por una valla, que ha sido tapada, al parecer, para evitar a los “mirones”. El colegio es el preámbulo de mi facultad, y siempre me recuerda de dónde vengo antes de crecer en un instante y encontrarme de nuevo con mis veintiún años… y con el peso de la Justicia sobre mis neuronas.

Sin embargo, uno de estos días las puertas del colegio estaban abiertas. Se celebraba una gran fiesta. Todos los niños iban vestidos de caballeros medievales y las niñas iban de doncellas y princesas. Mi curiosidad se disparó, y no tuve más remedio que detenerme unos segundos para “contemplar” la escena (no para “mironear”). Me recordó a mi infancia, cuando mi imaginación se exaltaba al trasladarme a otra época. Pero lo más entrañable de la escena eran las caras alegres y las miradas inocentes de l@s niñ@s. Se sentían mayores, pero ajenos a los adultos. Las unas y los otros se miraban con complicidad, como imaginándose enamorados, prediciendo los sentimientos que han de venir… Aunque sin el más mínimo deseo, pues jugaban esperando que pudiesen volver los chicos con los chicos y las chicas con las chicas.

Tras una sucesión rápida de fotogramas, continué mi camino hacia mi facultad. En Valencia la nueva facultad de Derecho es fea. Tiene la apariencia de un edificio soviético. Las líneas son eso: líneas, sin más. Sacadas del Autocad por algún becario mal pagado. Parece que lo hayan concebido para que nuestras cabezas se encasillen y para nuestros corazones no tengan ilusión. Como si fuéramos discípulos del Reich. Esta facultad es la contradicción de la libertad. Ya que los códigos y las constituciones no buscan cómo ejercerla, sino que sientan las directrices de la conducta humana. Es un gran campo de instrucción para introducirse en el sistema. El Derecho, perdiendo su carácter de medio, de producto humano, se instaura como final, como mesiah definitivo. Porque el progreso, según parece, ha alcanzado su madurez. Hegel así puede descansar en paz…

Por suerte, las clases se acaban. Tras haber divagado sobre cómo alcanzar la paz mundial en Derecho Internacional, puedo salir del edificio y encenderme un cigarro. Me quedo un momento hablando con una amiga sobre el problema de la pobreza, de cómo alcanzar un equilibrio en economía y sobre si la Revolución francesa valió la pena. Las propuestas quedan en el aire… y duran tanto tiempo como las palabras que salen de nuestra boca.

Retomo mi camino de vuelta a casa. La fiesta en el colegio ha terminado. Los niños y las niñas también vuelven a sus casas, acompañados por padres y madres. Sobre todo por las madres, ya que los papás en su mayoría estarán trabajando (qué buena jornada laboral…). Todos van cogidos de la mano de sus progenitores y los miran con admiración y una sonrisa dibujada de oreja a oreja. Yo los contemplo tras mis gafas de sol, con una sonrisa oculta, para demostrar que soy adulto. Y me acuerdo que esta misma semana me ha dicho mi madre que ya no la quiero. No lo entiendo, pero se ve que ella se refiere a detalles como estos. Llego a casa, y lo primero que hago es darle un beso en la mejilla. No como siempre, sino recordando cómo me esperaba en preescolar a la salida del colegio con los brazos abiertos, mientras yo iba corriendo a su encuentro.

9 comentarios:

Luzmaral dijo...

Justo has tocado dos temas que he tratado últimamente con compañeros: la inocencia de los niños y qué malo perderla creyéndonos “mayores” cuando en realidad no tiene que estar reñida… a propósito de esto, me gusta mucho tu idea de “los niños jugando a mayores pero ajenos a los adultos” (creo que lo identifico en cierta manera con lo que fue mi infancia…), y está muy bien expresado ese volver a la infancia, también en el texto (la estructura circular cole-uni-cole); por otra parte… disfrutarías sobremanera con nuestras clases de filosofía política, creo yo; el tema del derecho como medio y no como fin también lo hablo últimamente mucho con mi compañera de piso futura jurista agobiada en el presente y con dudas existenciales sobre el derecho positivo y el derecho natural….

Rafa Monterde dijo...

Por favor, no me recuerdes vuestras clases: se me cae la babilla... Y la envidia no es una virtud, je. Respecto al tema de la infancia: tienes que leer a Rilke (Cartas a un joven poeta). Te encantarán. ¿Una jurista con inquietudes? Habrá que conocerla... ¡Qué importante es saber Metafísica cuando se estudia Derecho! Gracias por comentar.

Eterna dijo...

Mayores, pero no con los adultos. Como si fueran de un equipo distinto.

Yo sigo corriendo con los brazos abiertos.

Rafa Monterde dijo...

Sí, capaces de mirar con complicidad pero sin deseo..., con asombro. Me encantaría volver a jugar a indios y vaqueros... Je. Nos vemos, Berta.

Marcela Duque dijo...

¡Me ha encantado!

Por cierto, ¡menudo cambio! Muy buena la nueva foto.

Hoy me he acordado un montón de ti, porque estamos haciendo un ciclo de cine de Kurosawa en la Universidad y he estado todo el día con el conferenciante de Barcelona que hemos invitado. Hemos hablado un poco de Tarkovski y "Sacrificio" y "Nostalgia". No las he visto, pero he quedado muy intrigada. Ya te contaré.

Rafa Monterde dijo...

Aaaamiga mía, Tarkovsky es fundamental. Pero no soy de esos que dicen "o este o nada". Tienes que ver sus películas cuando más necesidad tengas de hacerlo. Cuando la inquietud llegue hasta el límite. Entonces disfrutarás con Andrei... Kurosawa es un peso pesado. Tarkovsky lo menciona en su libro (Esculpir en el tiempo) como un ejemplo en el cine. Si quieres empezar con Andrei, debes ver 'Andrei Ruvlev', porque, como eres artista, te dirá mucho, ya que es una reflexión sobre la creatividad y la relación del artista con el mundo. Es buenísima. Pero lo dicho: míralas cuando tengas ganas, y punto. Je. Gracias por comentar. Un saludo.

Jesús Garrido dijo...

perdón, llegué por accidente, estaba hablando con mi amiga cuando un inoportuno mosquito se ha detenido en la pantalla del teléfono móvil, echaré un vistazo a tu blog, [el mosquito ha muerto, lo he chafao]

Rafa Monterde dijo...

Pues nada, Jesús, bienvenido. Compondremos un Réquiem para el mosquito. Un saludo

Torrecavero dijo...

Tú y yo pasamos por delante del mismo colegio y se ve que nos sugiere lo mismo.
Me ha encantado la entrada, Rafa, tenemos una ruta casi exacta!

Un abrazo!