jueves, 14 de octubre de 2010

Tarde a la carta

Una tarde lluviosa, otoñal, propia de Oxford. Mi romanticismo se exalta. Empiezo a imaginarme que no estoy en Valencia… Recuerdo a Newman, Waugh, Tolkien y Lewis. Todo fluye al compás de la lluvia que cae intensamente. El destino es generoso: tengo la ocasión de quedar con un escritor que es amigo mío, José Manuel Mora Fandos. Salgo de casa después de haber comido una sopa caliente y lomo con champiñones, ha cocinado mi madre. Me pongo mi chaqueta de pana. Ya es una prenda apropiada. Ha bajado la temperatura y se nota el frío húmedo en los pies. Cojo el paraguas y salgo a la calle. Mucha lluvia, demasiada. Por suerte llevo unos buenos zapatos. Me dirijo al café donde he quedado con José Manuel (Manel para los amigos). Y nos cruzamos un par de calles antes de llegar. Va empapado. Es un auténtico asceta, más bien un bohemio sobrio. Lleva una barbour, que debía protegerle de la lluvia, una boina, pantalones de tela gris y unos zapatos de cuero mojados. Los dos con las gafas puestas. Nos encontramos con una sonrisa y la mirada. Todo bien. Le ofrezco mi paraguas y nos dirigimos al café. Está cerrado. Es un café literario, donde venden libros y puedes presentar tus publicaciones. Un poco snob, pero es interesante. Le ofrezco una alternativa: el Hotel Westin, que es el mejor de la ciudad. Tiene un aire aristocrático que nos gusta a los dos. No sé, como si fuéramos de la Generación del 27. Nos sentamos en la cafetería y pedimos un té cada uno. No se puede fumar. Hablamos de literatura: Fred Uhlman, Shakespeare, Ovidio, Homero, Baricco, Magris… Luego pasamos a la posmodernidad. Nos gusta su cómo tratar los temas pero no el qué tratan. Un buen método. Son grandes comunicadores de masas. Manel ha escrito su segundo libro. Busca una editorial. Ha seguido el ejemplo de estos comunicadores natos. Aunque encontrar un editor interesado es difícil. Yo le comento mis inquietudes, mis proyectos. También quiero escribir un pequeño ensayo. Filosofía. La existencia y la libertad. Hablamos. De una cosa pasamos a otra. Desde Heidegger a Platón. Critico al discípulo de Sócrates. Creo que es un buen iniciador, sin embargo pienso que él tiene la culpa de muchas cosas… La tarde se alarga. Música: Jazz. De repente, llega un hombre tras su gabardina. Manel se fija. Lleva una funda de saxo. Y va a hablar con él. Está contratado por el hotel. Toca los martes y los jueves. Hoy es martes. Es la hora de irse… Pero la música me tienta. Me quedo un rato. “Play it again, Sam” viene a mi cabeza. El saxofonista toca el tema de Casablanca. Es un regalo para mí, vale la pena esperar. Una tarde a la carta con ingredientes británicos. Estamos en Valencia, más encanto. Mediterráneo. Sabor. Escucho un par de temas improvisados y nos vamos del hotel. Puedo, por fin, encenderme un purito. Nos comprometemos a escribir sobre esto antes de despedirnos, y yo he cumplido mi promesa…

8 comentarios:

Pablo Hernández Blanco dijo...

Me encanta. Tanto lo que cuentas como cómo lo cuentas.

Esas tardes son las mejores, te hacen sentirte como alguien que no eres (¿o sí?). Literatura, café, lluvia, jazz (amo, AMO el jazz en todas sus facetas y estilos).

"No se puede fumar" -- cabrones.

Mora Fandos dijo...

Promesa muy bien cumplida, una auténtica crónica. Parece como si siguiera lloviendo, en el blog. Está todo... bueno, quizás falta decir que aquel extraño té era especialidad de la casa.

ƒer dijo...

Leer "Tarde a la carta" escuchando a Gilberto Gil "desde que samba o samba..." ha sido una experiencia realmente agradable, excepto por una cosa...el ¡lomo de tu madre!

Agregué dos nuevos vídeos a esta antigua entrada de Orbes de FeR, échale un vistazo:

http://orbesdefer.blogspot.com/2010/09/con-ocasion-de-la-visita-de-un-blog-de.html

Un saludo.

Rafa Monterde dijo...

Pablo, gracias. Que me lo digas tú es un elogio... Ya te pediré consejo sobre música. Soy un neófito.

Manel, lo dicho. Sigue lloviendo, siempre, con alegría, je. Viviendo...

Fer, gracias también. Como de todo: mea culpa. Pero "el lomo de mi madre" no estaba en el plato. En casa no nos va la antropofagia, je. Nos vemos por la facultad.

Un abrazo a todos.

Montgomery Burns dijo...

Que gran entrada y que gusto por la descripción sin mayor revestimiento que la realidad. De verdad que me gusta y quizá falte un detalle sin importancia... ¿El té era como pólvora del rey?

Marcela Duque dijo...

Qué envidia. El ambiente, la conversación. Todos querríamos más momentos como esos.

Rafa Monterde dijo...

Marcela, los momentos los hacemos nosotros... Sin más condicionamiento que nuestra disposición a vivirlos, ¿no? A vivir, que son two days... Je.

Sr.Burns, no sé quién eres, pero no tengo ni idea de té. Lo que sé es que estaba muy bueno. Me va más el café. Aunque desde que estuve en Londres, mis gustos son diferentes...

Un abrazo a los dos y gracias por comentar.

Anónimo dijo...

Soy nuevo en el blog y la verdad que me ha gustado. Me pasaré de vez en cuando. Por cierto respecto al titulo, hace dos semanas estuve en un sitio sembrado de edelweiss, en serio.

Saludos desde bcn!