domingo, 28 de noviembre de 2010

Se busca un Sócrates

Sócrates era un buen chico. Un chico astuto, más que nada. Se dio cuenta de que no sabía nada. Cosa difícil. No todo el mundo se da cuenta de que aquí nadie sabe nada. Por eso, Sócrates emprendió la tarea de demostrar a los que creían que sabían algo que no sabían nada… ¿Lo consiguió? Sí, creo que sí. El hecho de que al final le condenasen de corrupción, de que le descalificaran, menospreciaran y demás, son pruebas suficientes para pensar que Sócrates era un buen hombre. Tal es así, que cuando le preguntaron si era culpable, él respondió que era culpable de haber sido fiel a Atenas, de dar cumplimiento a sus leyes. Y por ello se merecía un premio como castigo, una especie de pensión completa para toda su vida. Como es de esperar, no se la dieron, porque nadie pensaba como él. ¡Claro, hacer que los demás vean su pecado es un gran pecado! ¿Quién se puede atrever a hacer algo así? Claro está: un loco o un genio. Y Sócrates era un genio.

Ojalá hubiese alguna persona dispuesta a ser como Sócrates. Ahora que hay tantos sofistas (sofista: pedante estúpido que se cree que sabe algo y se dedica a decirle a la gente que él lo sabe todo), creo que es un buen momento para que haya otro Sócrates. Propongo que se ponga un anuncio en el periódico. Por ejemplo: se busca filósofo dispuesto a morir por la verdad. A mi parecer, es poco atractivo, sin embargo muy sugerente. ¿Hay alguien dispuesto a decir la verdad? Lo pregunto para animaros a pensarlo. ¿A quién le interesa la verdad hoy en día? Creo que a muy pocos. Vamos a decir mentiras: todo el mundo es sincero; todo el mundo vive en la verdad; todo el mundo es honrado; todo el mundo cumple las leyes; todos los profesores de Derecho se saben las leyes y están de acuerdo con ellas; todos los sacerdotes tienen fe; todos los socialistas y comunistas piensan en el bien de los trabajadores; todos los sabios saben de lo que hablan; todos los políticos trabajan por la polis (polis: ciudad en la antigua Grecia); todos los miembros del Parlamento/Congreso de los Diputados atienden cuando se votan las leyes; todos los jugadores de fútbol sudan la camiseta por amor y no por dinero; y, para acabar, el dinero no mueve el mundo, es la solidaridad y el amor al prójimo…

Claro, antes hemos dicho mentiras, así que nadie me puede acusar de ser un mentiroso, porque antes he advertido que iba a decir mentiras. Yo no quiero decir mentiras, pero tampoco estoy dispuesto a decir la verdad. Razón de ello es que la verdad es peligrosa. Sócrates es un ejemplo de ello: decir la verdad puede matarte. Y como no me gusta morirme, ¡no voy a decir la verdad! Ahí os quedáis. Que la digan otros, porque yo ya estoy cansado de decirla…

No escribo esto como terapia autocompasiva. ¡Es verdad! Estoy muy, muy, muy cansado… Ahora me dedicaré a mirar los pájaros, disfrutar de las estrellas y, más adelante, me iré a vivir a la montaña. Tendré una casita en el campo, un pequeño campo de cultivo, formaré una familia (si encuentro una mujer que me quiera y de la que yo esté enamorado) y seguramente tendré un perro, un buen perro de caza. Pero creo que esto último no viene a cuento.

Eso: si alguien está dispuesto a ser filósofo, que lo sea. Yo ya no quiero.

2 comentarios:

Fran dijo...

Bueno yo acabo de llegar pero no me voy a preocupar porque seguro que das un paseo y vuelves a ser filósofo porque paseando tendrás más ganas de decirnos lo que se te ha ocurrido y seguro que no es mentira.

Rafa Monterde dijo...

Para qué me voy a engañar... Tienes razón, ya tengo una carga en la recámara... Bienvenido, un abrazo.