miércoles, 27 de octubre de 2010

Lo mejor del día

Hoy ha sido un gran día. Pido perdón por hablar tanto de mí, pero tengo ganas de contarlo… Sí, ha sido un gran día. Asombroso, heurístico. No sé cómo, he conseguido madrugar. Las sábanas han perdido su poder de plomo. El café ha sido café. El sol ha sido sol y el frío era acogedor. No tenía clase por la mañana: horario de tarde. Y he decidido aprovechar mi tiempo.

Al lado de la facultad de Derecho está la nueva facultad de Magisterio. Esta facultad me encanta. Es moderna, blanca y el sol valenciano le da un aire a lo Sorolla. Está pensada para iluminar, como el saber. Los nuevos profesores y profesoras podrán motivar a los niños y darles entusiasmo… Eso: bonita. La biblioteca es para estudiar, no para agobiar. Y se ha convertido en mi nueva cueva, ya que tiene todo tipo de libros. Así que esta mañana he estado un rato allí antes de irme con un amigo.

En la biblioteca he podido darle unos retoques a un guión que tengo entre manos. He consultado un libro de Andrei Tarkovsky para coger ideas. Libro: Esculpir en el tiempo. Es su propuesta del cine como arte. Increíble. Dice, por ejemplo: "Una obra maestra es un juicio -en su validez absoluta- perfecto y pleno sobre la realidad, cuyo valor se mide por el grado en que consiga expresar la individualidad humana en relación con lo espiritual". Aparte, he estado escuchando a Mozart, Beethoven y Tchaikovsky. Imaginad…

Tras esto, a las once, he quedado con Álvaro. Ahora, creo, es amigo mío. No nos conocíamos, sólo de vista. Pero la vida tiene esas sorpresas. Somos inquietos, inconformistas y nos encanta filosofar. Creo que hemos seguido el ejemplo de Sócrates, que, a pesar del tiempo, sigue siendo maestro. Álvaro y yo hemos acabado coincidiendo en muchas cosas. Diálogo. Gracias, Grecia. Y nos hemos ilusionado. Volveremos a quedar, sin duda. Hay muchas cosas que pensar, que hablar y que hacer. Nada está perdido.

La conversación ha acabado pronto, para mí. Para Álvaro también. Según él, ha sido lo mejor del día. Es cierto. Aunque yo creo que el día ha sido lo mejor. Al despedirnos he hecho tiempo. Y he visto a una mujer, con el uniforme de cocinera, que leía un libro. Lo gracioso era que tenía una pequeña linterna acoplada para iluminar las páginas. Es una buena idea. Será de los chinos. Tras esto he ido a consultarle unas dudas sobre Derecho Internacional a Don Jesús Ballesteros. Un sabio, filósofo del Derecho. Ya que por la tarde tenía que hacer una exposición sobre la Globalización.

La exposición ha sido, a mi parecer, un éxito. Hay futuro. Hay libertad. Hay personas. Somos sociedad. He expuesto el primero en el grupo. Sobre los presupuestos filosóficos del Derecho moderno. Son buenos, más o menos, pero se quedan cortos. Ha habido muchos avances, grandes resultados, pero demasiado descontrol, demasiadas pretensiones. No podemos abarcarlo todo. Pero podemos llegar a más. Si buscamos alternativas y apostamos por las personas tendremos mucho que ganar aún… Sólo hay que tener confianza en nosotros mismos, en los demás.

Y eso: el día ha sido lo mejor.

domingo, 24 de octubre de 2010

Cultura vivida

La cultura tiene un tinte personal, íntimo. Se convierte en parte de nosotros, haciendo que crezcamos y nos desarrollemos gracias a ella. Manel Mora en su libro, Leer o no leer, dice algo parecido. Habla de esa relación del lector con sus libros. Cómo saborea las páginas, cómo nos introduce en un mundo para ampliar nuestra experiencia de la realidad. De esta manera, la tarea del escritor es muy importante, fundamental. Ya que se introduce en el misterio del don, del regalo que supone una obra de arte. Estamos hablando de Vida, del sacrificio y empresa que supone la creación artística, también de los riesgos que implican.

Ahora quiero hablar de los enemigos de la cultura: la erudición, la pedantería y el academicismo. Actitudes ante la cultura que hay que combatir, con todos los medios legítimos que dispongamos, como si se tratase de un cáncer o de un totalitarismo. Realmente, estas actitudes socavan la cultura, la limitan e inducen a otros al error. Provocan la cristalización del ser, como una gran helada, impidiendo que los cauces de vida lleven el agua y esta sea germen de nuevas criaturas. Es la cárcel del pensamiento y un gran narcótico que hipnotiza a las nuevas generaciones de estudiantes. Las actitudes que he citado intentan a toda costa la autoafirmación en sí mismas y la autoconciencia de sí. Son un engaño, un fantasma que quietiza a aquellos con los que se encuentra, haciendo que sucumban en el horror. Y esto es lo que debemos aprovechar. Son castillos edificados sobre una ciénaga, altos e inexpugnables, que son devorados por sus mismos cimientos. Cuanto más crezcan, más se hundirán en sí mismos. Por eso, sólo es cuestión de tiempo. Todo fluye, todo es, quien intenta pararse es volatilizado por el tiempo. El presente es vibrante, ¡vivo!, como el pensamiento. Intentar convertir las ideas en piezas de museo es absurdo…, es su sentencia de muerte.

Es el momento de contemplar, esperar, vivir y hacer la estrategia de tierra quemada. No dejemos nada al enemigo, que se muera de hambre por su sed de ambición. Es cuestión de tiempo. Napoleón, Hitler, Stalin… Gengis Khan o cualquier otro conquistador, todos sucumbieron al convertirse en agujeros negros. Son ejemplos de academicismo, pedantería y erudición. Pero siempre quedan los artistas, esos genios de la vida, que se entregan en holocausto por la causa de la verdad. Profetas del amor y sacerdotes de la belleza. Sabios que conocen lo de más aquí y lo de más allá. A fin de cuentas, almas vivas, amigos.

viernes, 22 de octubre de 2010

El favor de los dioses

El favor de los dioses es una constante en la mitología. Ahora, en la madurez de la cultura, parece que no lo necesitamos. ¿O sí? Quizá, más que nunca. No es bueno perder la inocencia (¿ingenuidad?). Más que nada, por respeto. ¿A la Naturaleza, a los dioses, Dios? No, a nosotros mismos. Para mirar con confianza, con la mirada limpia, al mundo. Los griegos son maestros en este tema.

Anoche, antes de dormirme (¿durmiéndome?), cogí de mi estantería un libro que me regaló mi padre: Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica, de Gustav Schwab. Imprescindible. Abrí el índice, buscando un capítulo al azar. Creí leer el nombre del capítulo. Me pareció que ponía “Penélope”. Y me decidí a leerlo. Fui hasta la página y me quedé perplejo. No era “Penélope” sino Pélope. Un hombre, un enamorado. Su amada: Hipomadía. La hija del rey Enomao de Élide.

Enomao temía que algún día su hija se casara, pues el oráculo había profetizado que él moriría si su hija encontraba marido. Así que decidió convocar una competición. Carrera de cuadrigas. Y quien obtuviese la victoria tendría derecho sobre su hija. Puso condiciones: dejaría ventaja a su oponente, no iniciaría su recorrido hasta que hubiese sacrificado con calma un carnero a Zeus; tras esto saldría disparado, fustigando Mirtilo, su guía, desde su carro a los caballos más rápidos del reino; además, tendría el poder de atravesar con su jabalina al oponente si este no había llegado a la meta. Muchos pretendientes se echaron atrás al conocer las condiciones. Aunque no fueron pocos los que aceptaron el reto. La belleza de Hipodamía era arrebatadora y la vejez de Enomao daba motivos de confianza. Así murieron más de doce participantes.

Pélope, enamorado, quiso presentarse a la carrera. No sin antes haber pedido un favor al poderoso Posidón, el dios de los mares. Le escuchó y le concedió lo que pedía. “Se agitaron las aguas y un brillante carro de oro con cuatro alados corceles, veloces como flechas, surgió de las olas”. Enomao, al verlo, quedó aterrorizado. Reconoció el carro y los corceles del dios de los mares. Aun así, compitió. Pélope, después de haber descansado, se presentó a la carrera. Y el rey cumplió con sus condiciones de juego. Cuando Pélope llegaba a la meta, Enomao, terminado el sacrificio, salió disparado, furioso, tras el joven, lanza en mano para acabar con él. Pero Posidón favoreció a Pélope y desenganchó las ruedas del carro del rey. El auriga y su señor cayeron con violencia contra la tierra y murieron... El palacio real, donde se encontraba Hipodamía, ardía en llamas tras la carrera, y Pélope fue raudo a salvarla. Se desposó con ella y fue rey. De ahí que la península helénica se denomine Peloponeso.

Me parece una historia magnífica y ensoñadora. Griega. Desde luego que no quiero que el que tenga que ser mi suegro muera (¿No? Bueno, algunos yernos sí lo quieren). Sin embargo, creo que la historia de estos amantes podría ser un referente para el presente. Un gran ejemplo del riesgo del amor.

jueves, 21 de octubre de 2010

EL CIELO SOBRE BERLÍN

El cielo sobre Berlín: una película de la que no se puede prescindir. La videé ayer. Increíble, sorprendente, asombrosa. Esas son las palabras. ¿Inocente, tal vez? Más que inocente, te conduce a la inocencia. “Cuando el niño era niño…”, recita una y otra vez el protagonista (Bruno Ganz, el que hizo de Hitler en El hundimiento). Y así, paulatinamente, nos hace descubrir la vida misma. El director de la película es Win Wenders, un auténtico artista. Un ejemplo a seguir.

La película tiene como protagonistas a los ángeles de la guarda. Interesante, ¿no? Los ángeles se encargan de cuidar a las personas. Escuchan sus pensamientos, sus deseos y los consuelan cuando toca, además de que acompañan en la alegría. Ternura. Me gusta la idea. A veces me he imaginado algo parecido: seres que no vemos y que están a nuestro lado, ayudándonos, sin pedirnos nada a cambio. Como voluntarios de una ONG, pero, en este caso, la ONG es Dios. ¡Qué gracia! El ángel protagonista tiene nostalgia, ¿de qué? De la vida, la vida de las personas. Añora los sentimientos que nunca ha tenido. Los ángeles son seres intemporales, que viven en la eternidad, suspendidos en el tiempo, sin que les afecte nada. Toman nota de lo que sucede día a día, como un diario, pero no es su historia, sino que es la de los otros. Eso es lo que desea nuestro ángel: ¡vivir, comer, sentir, amar! Quiere sorprenderse ante algo nuevo, quiere sentir tristeza cuando pierde algo y alegría cuando se encuentra con una persona querida. Quiere nacer de nuevo, crecer y envejecer. ¿No es bonito? No busca el sentido de la vida, se trata de la vida del sentido.

Os recomiendo que le veáis. No tiene desperdicio. No sé, los alemanes no son tan cuadrados como parecen. La pasión alemana es serena, madura e inocente. Al menos en este autor. Cuando te encuentras un alemán así no puedes sino beber una y otra vez de la fuente que te ofrece. Como Goethe, como Hölderlin, como… Rilke o Heine, y muchos más.

La calidad de las imágenes es genial, delicada y sencilla. Cada fotograma tiene sus trazos, sus puntos de vista, sus pinturas. Vedlo vosotros, si queréis, claro. Como ya he dicho, a mí me ha gustado.

sábado, 16 de octubre de 2010

TEMPO

Nunca había imaginado que pasaría, pero ha ocurrido. Velero, una revista de poesía, ha publicado una cosa que escribí. No sé si se puede llamar una poesía, sin embargo ahí os la dejo...

El tiempo se ha parado:
no hay futuro.
Pero los días se suceden...

El alma resuena
en el vacío, sorda,
cerrando los ojos
ante el precipicio...

Suena el silencio,
y la muerte toca
la fuga del sinsentido...

jueves, 14 de octubre de 2010

Tarde a la carta

Una tarde lluviosa, otoñal, propia de Oxford. Mi romanticismo se exalta. Empiezo a imaginarme que no estoy en Valencia… Recuerdo a Newman, Waugh, Tolkien y Lewis. Todo fluye al compás de la lluvia que cae intensamente. El destino es generoso: tengo la ocasión de quedar con un escritor que es amigo mío, José Manuel Mora Fandos. Salgo de casa después de haber comido una sopa caliente y lomo con champiñones, ha cocinado mi madre. Me pongo mi chaqueta de pana. Ya es una prenda apropiada. Ha bajado la temperatura y se nota el frío húmedo en los pies. Cojo el paraguas y salgo a la calle. Mucha lluvia, demasiada. Por suerte llevo unos buenos zapatos. Me dirijo al café donde he quedado con José Manuel (Manel para los amigos). Y nos cruzamos un par de calles antes de llegar. Va empapado. Es un auténtico asceta, más bien un bohemio sobrio. Lleva una barbour, que debía protegerle de la lluvia, una boina, pantalones de tela gris y unos zapatos de cuero mojados. Los dos con las gafas puestas. Nos encontramos con una sonrisa y la mirada. Todo bien. Le ofrezco mi paraguas y nos dirigimos al café. Está cerrado. Es un café literario, donde venden libros y puedes presentar tus publicaciones. Un poco snob, pero es interesante. Le ofrezco una alternativa: el Hotel Westin, que es el mejor de la ciudad. Tiene un aire aristocrático que nos gusta a los dos. No sé, como si fuéramos de la Generación del 27. Nos sentamos en la cafetería y pedimos un té cada uno. No se puede fumar. Hablamos de literatura: Fred Uhlman, Shakespeare, Ovidio, Homero, Baricco, Magris… Luego pasamos a la posmodernidad. Nos gusta su cómo tratar los temas pero no el qué tratan. Un buen método. Son grandes comunicadores de masas. Manel ha escrito su segundo libro. Busca una editorial. Ha seguido el ejemplo de estos comunicadores natos. Aunque encontrar un editor interesado es difícil. Yo le comento mis inquietudes, mis proyectos. También quiero escribir un pequeño ensayo. Filosofía. La existencia y la libertad. Hablamos. De una cosa pasamos a otra. Desde Heidegger a Platón. Critico al discípulo de Sócrates. Creo que es un buen iniciador, sin embargo pienso que él tiene la culpa de muchas cosas… La tarde se alarga. Música: Jazz. De repente, llega un hombre tras su gabardina. Manel se fija. Lleva una funda de saxo. Y va a hablar con él. Está contratado por el hotel. Toca los martes y los jueves. Hoy es martes. Es la hora de irse… Pero la música me tienta. Me quedo un rato. “Play it again, Sam” viene a mi cabeza. El saxofonista toca el tema de Casablanca. Es un regalo para mí, vale la pena esperar. Una tarde a la carta con ingredientes británicos. Estamos en Valencia, más encanto. Mediterráneo. Sabor. Escucho un par de temas improvisados y nos vamos del hotel. Puedo, por fin, encenderme un purito. Nos comprometemos a escribir sobre esto antes de despedirnos, y yo he cumplido mi promesa…

domingo, 10 de octubre de 2010

En el camino

Mi camino habitual para ir a la facultad de Derecho es muy particular. Paso por delante de una pequeña iglesia, situada en un bajo discreto, y la verja que la cierra es negra, con una cruz que la destaca; después tengo la oportunidad de rodear una gran mezquita blanca, con su alto minarete, antecedente de los campanarios, coronado por una media luna dorada; tras estos dos templos me topo con un colegio cercado por una valla, que ha sido tapada, al parecer, para evitar a los “mirones”. El colegio es el preámbulo de mi facultad, y siempre me recuerda de dónde vengo antes de crecer en un instante y encontrarme de nuevo con mis veintiún años… y con el peso de la Justicia sobre mis neuronas.

Sin embargo, uno de estos días las puertas del colegio estaban abiertas. Se celebraba una gran fiesta. Todos los niños iban vestidos de caballeros medievales y las niñas iban de doncellas y princesas. Mi curiosidad se disparó, y no tuve más remedio que detenerme unos segundos para “contemplar” la escena (no para “mironear”). Me recordó a mi infancia, cuando mi imaginación se exaltaba al trasladarme a otra época. Pero lo más entrañable de la escena eran las caras alegres y las miradas inocentes de l@s niñ@s. Se sentían mayores, pero ajenos a los adultos. Las unas y los otros se miraban con complicidad, como imaginándose enamorados, prediciendo los sentimientos que han de venir… Aunque sin el más mínimo deseo, pues jugaban esperando que pudiesen volver los chicos con los chicos y las chicas con las chicas.

Tras una sucesión rápida de fotogramas, continué mi camino hacia mi facultad. En Valencia la nueva facultad de Derecho es fea. Tiene la apariencia de un edificio soviético. Las líneas son eso: líneas, sin más. Sacadas del Autocad por algún becario mal pagado. Parece que lo hayan concebido para que nuestras cabezas se encasillen y para nuestros corazones no tengan ilusión. Como si fuéramos discípulos del Reich. Esta facultad es la contradicción de la libertad. Ya que los códigos y las constituciones no buscan cómo ejercerla, sino que sientan las directrices de la conducta humana. Es un gran campo de instrucción para introducirse en el sistema. El Derecho, perdiendo su carácter de medio, de producto humano, se instaura como final, como mesiah definitivo. Porque el progreso, según parece, ha alcanzado su madurez. Hegel así puede descansar en paz…

Por suerte, las clases se acaban. Tras haber divagado sobre cómo alcanzar la paz mundial en Derecho Internacional, puedo salir del edificio y encenderme un cigarro. Me quedo un momento hablando con una amiga sobre el problema de la pobreza, de cómo alcanzar un equilibrio en economía y sobre si la Revolución francesa valió la pena. Las propuestas quedan en el aire… y duran tanto tiempo como las palabras que salen de nuestra boca.

Retomo mi camino de vuelta a casa. La fiesta en el colegio ha terminado. Los niños y las niñas también vuelven a sus casas, acompañados por padres y madres. Sobre todo por las madres, ya que los papás en su mayoría estarán trabajando (qué buena jornada laboral…). Todos van cogidos de la mano de sus progenitores y los miran con admiración y una sonrisa dibujada de oreja a oreja. Yo los contemplo tras mis gafas de sol, con una sonrisa oculta, para demostrar que soy adulto. Y me acuerdo que esta misma semana me ha dicho mi madre que ya no la quiero. No lo entiendo, pero se ve que ella se refiere a detalles como estos. Llego a casa, y lo primero que hago es darle un beso en la mejilla. No como siempre, sino recordando cómo me esperaba en preescolar a la salida del colegio con los brazos abiertos, mientras yo iba corriendo a su encuentro.

martes, 5 de octubre de 2010

En la biblioteca

Llego a la biblioteca. Tengo toda la mañana para estudiar. Me he levantado tarde y no puedo llegar a clase. El profesor “te ficha” si ve que te retrasas. Bueno, al menos aprovecho el tiempo. Pero no, mierda. No he traído los manuales de Derecho. Me conformaré con los apuntes, si se pueden llamar apuntes. Qué asco. ¿Derecho? A quién se le ocurre. Bah, un sistema encerrado en sí mismo que intenta imponerse a la realidad. Es como pegar un puñetazo a la naturaleza. Menuda panda de idiotas. Son unos hijos de… Hegel, o tal vez bastardos de Kant. Los libros sobre la mesa: ninguno es de Derecho: El mito de Sísifo (Camus), El acceso al ser (Polo), Entre el muro y el foso (Martínez Mesanza)… Por suerte quedan personas sensatas. Los “intelectuales” aún no han acotado la vida tras un sistema absoluto e imperativo. Una de las ventajas aparentes de la “democracia”… Empiezo a estudiar: Derecho Constitucional II, los derechos fundamentales y las libertades públicas. Menudo tema.

viernes, 1 de octubre de 2010

Veritas


No calles, Verbo querido,
que tu voz no desagrada.
Con la luz de tu mirada
y el calor de tu latido
consigo no estar perdido
en medio de los dolores.
Los seres son resplandores
que pronunció tu Palabra,
con la luz que los consagra
vistosos como las flores.
(luminosos como soles)