viernes, 4 de marzo de 2011

El espíritu y el rostro


La cara es el espejo del alma, dicen los clásicos. No se equivocan. Lo compruebo día a día. El hombre, que es espiritual, no puede ocultar su alma tras un rostro postizo. La sinceridad de una mirada, de una sonrisa, es mucho más elocuente que el mejor de los discursos o un papel bien interpretado en una película.

El rostro es sincero, un libro abierto. Es más que un libro abierto, pues no hacen falta palabras ante un rostro. Un escritor no puede interpretar un rostro, eso queda reservado a los pintores, los poetas y, si podemos considerar a algunos como artistas, a los directores de cine…

¡Cuántos rostros pasan a nuestro lado! Por lo que veo, las miradas están muertas. Pocas sonrisas trasmiten alegría y las risas son tristes. Esto me hace pensar y preguntarme qué le hace falta a las personas, a mí en particular.

Una amiga mía escribió sobre la insoportable incomunicabilidad del ser. Creo que esto va relacionado con el tema. Me preocupan las fachadas de las vidas de los otros. Vivimos de la apariencia. Ya lo decía Platón, yo lo sigo viendo. Quizá sea una constante humana y son pocos los que se preocupan por vivir en la verdad. Porque la verdad es, a mi modo de ver, la mejor red social que existe.

Dos almas despiertas en la verdad tienen certeza matemática cuando hablan de lo mismo. De la misma manera, cuando dos almas despiertas se encuentran, se reconocen al instante. Es sintonía, comunicación. Ante todo: alegría. La alegría es el síndrome de la verdad. Dudo mucho que una persona triste haya encontrado la verdad. La verdad mueve hacia el color, te saca de la sequedad del corazón para llevarlo arriba, hasta los manantiales, donde el agua aún es fría y no se ha ensuciado.

El rostro es la expresión del espíritu. Un rostro feliz, hace feliz. Se trasmite a los otros. Filosóficamente, eso se llama trascendencia. Es decir: ser-con. Por eso, creo que estoy hablando de la trascendencia humana. Si no me equivoco, me da la impresión de que todo en el ser humano es trascendencia. El hombre es un ser espiritual. No voy a decir por naturaleza, ya que eso no viene al caso. ¿Por qué es trascendente el ser humano? Lo voy a decir: porque es espiritual. Y me preguntarán, “¿por qué es espiritual?”. Y yo les diré que en su mismo hablar están manifestando su espiritualidad. Espero que no digan que los animales también se comunican, porque, en ese caso, tendré que contestarles que, quizá, la naturaleza es más espiritual de lo que parece…

Volviendo al tema de la comunicación, la sinceridad es importante para la trascendencia. Abrir el interior es una dura tarea de confianza y, sin la ayuda del otro, no podemos abrirnos. A veces, el corazón tiene complejo de molusco y, cuando siente el calor y el afecto, se siente inseguro y se cierra. Pero basta la constancia en el cariño para que, poco a poco, la confianza le haga sentir de nuevo la libertad. La confianza es síntoma de amor, de trascendencia, de verdad. Sin todos estos requisitos, la libertad es imposible y la mirada ante el mundo se torna marchita y, al final, muere.

Por eso, creo que es importante mirar a los ojos con cariño. Las relaciones humanas se han vuelto muy frías, casi hostiles. La falta de confianza entre las personas es la mejor manera de infelicidad. La confianza se trasmite en el gesto, la mirada, la sonrisa… Y si nuestro corazón es alegre, podremos alegrar a los demás. Es decir, reavivar su espíritu.

3 comentarios:

Fandescribi dijo...

La verdad es lo primero,lo importante,lo unico,lo real.

Todo gira alrededor de la verdad y la verdad gira alrededor de todo.

¿No te parece?
Salu2

Luzmaral dijo...

"La verdad es la mejor red social"
La alegría
El molusco
....
crack, rafa!

Rafa Monterde dijo...

Cómo no, Lucía...

Tú sí que eres una fiera escribiendo.

Un abrazo.