martes, 8 de marzo de 2011

El joven cerilla

En una clase de Teoría del conocimiento, el profesor dijo “el fuego pensado no quema”, entre otras muchas cosas. Luis, que era de naturaleza cerebral –excesivamente cerebral-, se puso a pensar con ahínco en el fuego. Al cabo de unos minutos, su cabeza se encendió como una cerilla. Comenzó a correr de un lado para el otro de la clase, mientras sus compañeros eran presas del pánico. El profesor se quedó junto a la pizarra, con la tiza apoyada en ella. Luis, al final, acabó estampándose contra la pared y quedó inconsciente. Pudieron, así, echarle un cubo de agua sobre la cabeza. No tenía quemadura alguna. El profesor, con las cejas entornadas, lo miraba, pensando que, igual, el pensar es algo más serio y no un simple juego de palabras…

3 comentarios:

Fandescribi dijo...

Si,no estaria mal,que todo lo que pensamos nos saliese por la cabeza.
Que quedase completamente al descubierto,uff que guay!!

Fran dijo...

Es por pensar mucho por lo que sale humo de las orejas. :)

adrian dijo...

Así es, el fuego pensado no quema, así como es pensamiento cuando no pretende nada, no es más que un juego de palabras.
La filosofía pone al hombre frente a sus actos, por eso no es sólo pensamiento, por eso quema, por eso el hombre teme pensar.