sábado, 2 de abril de 2011

Las capillas y la libertad


Al parecer, el ambiente en España es un poco inestable… La religión, las libertades y la paz no están de acuerdo. Una pena, porque no encuentro razones para ello. Estos días pasados ha habido manifestaciones por la libertad que intentaban reclamar la “laicidad” de las Universidades.


Reclamos que, a mi modo de ver, son lícitos. Ya que uno de los requisitos más importantes de la religión es la libertad. Y como cristiano (digamos que intento ser cristiano) comprendo que el cristianismo, a veces, molesta. ¡Pero tampoco es motivo para ponerse violentos!


La laicidad es importante, importantísima. No creo que una religión impuesta sea verdadera. Pienso lo mismo respecto a cualquier pensamiento o creencia. Por eso, porque vivimos en un momento histórico en el que la libertad debe ser vivida con toda su intensidad, me parece que el respeto es clave para quienes creen y para quienes no creen en Dios, sea la religión que sea.


Respecto a las Universidades y la religión, en España somos un poco, o bastante, radicales. Tanto los católicos como los no-católicos. Ya que, si miramos la historia universitaria con un poco de detenimiento, vemos que la tradición universitaria europea es cristiana. De hecho, grandes intelectuales europeos han sido eclesiásticos, también laicos y, muchos de ellos, santos… Pienso en hombres como Tomás de Aquino, Erasmo de Rotterdam o el mismo Martin Lutero, que también fue universitario en una Europa “cristiana”.


En pleno siglo XXI es difícil imaginarnos que Dios sea un tema científico o universitario. Pero antes lo era. Por eso había capillas en las Universidades, ya que a Dios se le consideraba el culmen de la Sabiduría. En el escudo de la Universidad de Oxford, por ejemplo, aparece escrito “Dominus illuminatio mea” (el Señor es mi luz). Ahora puede que la luz del saber no sea Dios, sino el “progreso”. Sin embargo, no creo que se pueda arrancar de raíz esa tradición, ese poso cristiano que queda en Europa. Porque, además, sería intentar negar nuestro pasado como cultura cristiana, que tan buenos frutos ha dado.


El progreso es, ahora, el que motiva la sociedad en todos sus ámbitos. Y no puede haber progreso sin entendimiento mutuo, sin serenidad ni perdón. ¡Todos, de alguna manera, se equivocan al exponer sus razones o sus pasiones! Sé que no está bien que se hable de virtudes, parece moralismo. Sin embargo, para el progreso es importante una virtud: la prudencia.


Sin la prudencia no se pueden valorar las cosas ni las situaciones. Sin la prudencia es imposible el diálogo, pues se acabará imponiendo una opinión sobre la otra sin fundamento alguno. Mucho menos se podrá si lo que motiva el cambio social es el odio, ya que el odio es lo contrario a la razón y a la libertad. Por ello, me da miedo que se ataque y se reaccione con virulencia ante la religión y que el laicismo sea tan irreverente, pues volverán los lamentos a España y, lo peor de todo, volverán las injusticias…

1 comentario:

Angelo dijo...

He aquí uno que entiende lo que es la libertad, el respeto y la tolerancia. Magnífica tu exposición.
Un abrazo