lunes, 17 de octubre de 2011

El pequeño filósofo

Érase una vez un pequeño filósofo que escribió lo que ahora estás leyendo. Al comenzar sus estudios de filosofía no se dio cuenta de que la filosofía estaba acabada. Por ello se quedó admirado como un niño. Contempló los pensamientos de los filósofos como obras maestras y, como no entendía nada, vio el futuro de una manera optimista.

Sus profesores intentaron hacerle ver que la vida no tenía sentido. Él, en cambio, veía la vida misma como un sentido. Se decía a sí mismo que “la vista no puede verse” y ello le llevaba a no entender lo que todos entendían… Él le daba vueltas y vueltas a la cabeza y llegó a la conclusión de que un pensamiento que quiere pensarse es como una peonza: al final pierde su propia inercia y cae al suelo… hasta que vuelven a lanzarla.

Así que, como niño que era, un día lanzó la peonza… y, al ser muy torpe, cayó tan lejos que la perdió. En su tristeza anduvo cabizbajo por la calle. Sin preverlo, llegó hasta la playa cuando caía el sol. El naranja y el azul le hipnotizaron. Contempló el sol hasta que se puso. No quiso volver a casa pronto: miles de luces parpadeantes cubrieron el cielo y no tuvo más remedio que acompañarlas.

Nuestro pequeño filósofo se quedó admirado como si el hombre contemplase por primera vez el cielo. Su cabeza se libró de las dudas y tristezas que le habían acompañado hasta ese momento. Pero nuevas preguntas y misterios surgieron ante sus ojos. De la misma manera que Tales, Erastóstenes, Platón o Aristóteles se quedaron embobados tiempo atrás, él se quedó toda la noche mirando el cielo tumbado en la playa.

A la mañana siguiente, no podía creer lo que le había pasado: sin querer había comenzado a filosofar. Sin duda alguna, se había equivocado, porque no tendía dudas. Simplemente se había quedado mirando y pensando, sin entristecerse, sin darse cuenta de que estaba pensando. Dejó que el mundo le cautivara con su belleza sin que él pudiese ponerlo en tela de juicio… Pensó, por ello, que tenía que ser verdad lo que le había pasado, pues no sólo había dejado atrás la tristeza, sino que una alegría insospechada había enraizado en su corazón.

Volviendo a casa, se dijo: “Existe la verdad, pues si no existiera la verdad nunca conoceríamos la tristeza ni la alegría”. Al llegar habló un rato con su madre. Estaba preocupada. Él la tranquilizó como pudo e intentó hacerle ver que no había bebido. Ella no sabía qué pensar, ya que lo vio demasiado embobado. Él no se preocupó, pues sabía qué era lo que le mantenía en ese estado.

Fue a su cuarto, después de desayunar un poco, y se puso a escribir sus intuiciones. Por la tarde fue a clase. Al ver que sus profesores volvían con su coda intelectual se preocupó por ellos, y se preguntó si alguna vez habían tenido el privilegio de no dudar nada… y mirar el cielo como él lo había hecho.

12 comentarios:

Joseph Kabamba dijo...

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Antes que la verdad, el ser.

Atentamente,
Joseph Kabamba

preguntaspolianas.blogspot.com

Angelo dijo...

Vaya gustazo encontrarse con un filósofo de tal calibre. Con uno así me apunto a la asignatura.
¡Genial! Me ha encantado tu reflexión. Un abrazo

Luis Ballesteros Andreu dijo...

Y hay que seguir mirando el cielo aunque, como Tales, te caigas en el pozo de lo cotidiano o en la trampa que te puso un cartesiano.

Rafa Monterde dijo...

Joseph: el ser suscita la verdad en sentido trascendental, ¿no te parece? Pero... ¿cuándo nos topamos con el ser, cuándo dejamos de suponerlo como supuesto antes de conocerlo "desde" el ser? Lo pregunto con toda sinceridad...

Joseph Kabamba dijo...

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Cher Rafa,

El ser se dice de muchas maneras:
Ser Idéntico, el Creador.
Seres inidénticos, las criaturas.
Ser personal humano.
Ser del universo.

Caemos en la filosofía, como nuestro "petit philosophe" al admirar el cielo estrellado.
Gracias al firmamento podemos "advertir" el ser "sencillo" del universo.

No suponemos nada, conocemos y poseemos intencionalmente la realidad.
Polo propone como método, abandonar el límite mental. Al excluirlo (1ª dimensión del abandono) "advertimos" el ser del universo.

Y al darnos cuenta de que no cambia, de que está fuera del tiempo, sabemos que que hay algo en nosotros que también está fuera del tiempo. Somos capaces de verdad.
Al desaferrarnos del límite (3ª dimensión del método del abandono) "alcanzamos" nuestro ser personal. Que no es sencillo, sino dual, abierto por dentro.

La verdad no está en el ser, sino en el acto de conocer. No hay verdad sin cognoscente.
No es el ser de la cosa el que suscita la verdad.
Es el ser de la persona (cognoscente) quien ilumina la realidad, poseyendo intencionalmente, aspectualmente, objetivamente, alguna dimensión de la realidad de la cosa.
La verdad de la cosa es la intencionalidad.

Nunca nos "topamos" con el ser.
Siempre podemos pensar más. Siempre podemos conocer mejor la cosa.

Ahora bien, hacia dentro, "alcanzamos" nuestro ser personal como pura transparencia.
¿Quiénes somos?
Nuestro ser personal aparece como un "encargo" (es el cuento de Caperucita).
El desvelamiento de nuestro ser personal es la verdad personal. Se vive como enamoramiento.

Esperando el encuentro definitivo.
Que es más que toparse, abrazarse.


Atentamente,
Joseph Kabamba

preguntaspolianas.globspot.com

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Rafa Monterde dijo...

Me encanta. Gracias. Pero, una cosa: la presencia, en cuanto presencia, es supuesto, ¿o no? Es el tema de "A es A, supone A". Advertir la suposición es la cuestión de la latencia: el ocultamiento que se oculta. Por ello, pregunto: ¿cuándo advertimos la distinción entre ser y pensar? Porque en este punto se juega la carta de la filosofía moderna y contemporánea...

Un saludo y muchas gracias por comentar, es muy nutritivo.

Rafa Monterde dijo...

Nota: hay verdad si hay congruencia. En caso contrario, es imposible, más bien absurdo.

Fandescribi dijo...

El texto me gusta y lo que dices en los comentarios ¡¿¿¡?!vamos me suena a chino,la vida es mas sencilla que todo eso hoooombre.

Joseph Kabamba dijo...

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Es cierto, fandescribi, que la vida no es tan complicada.
Quizá esto nos da la clave para sentenciar: se aprende a nadar nadando.

Sin embargo, aunque manejar un blog no es tan complicado, se han necesitado muchos quebraderos de cabeza desde que se inventó hasta que se realizó.

Detrás de la elegancia de la natación rítmica hay muchas horas de trabajo.

Una bella edelweiss tiene, dentro, una naturaleza compleja.

Atentamente

Joseph Kabamba
preguntaspolianas.globspot.com

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Joseph Kabamba dijo...

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¿Cuándo "advertimos" la distinción entre ser y pensar?

La advertencia del ser del universo se consigue excluyendo el límite mental.

El ser personal se "alcanza" desaferrándose del límite mental.

En ambos casos hay que ponerse en condiciones de abandonar el límite.
¿Cómo?
Se aprende a nadar nadando.
Es casi como aprender a montar en bicicleta o a saltar el potro.

La filosofía de Polo es una "propuesta".

Atentamente

Joseph Kabamba
preguntaspolianas.globspot.com

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Joseph Kabamba dijo...

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La "presencia", amigo Rafa, significa suposición del objeto.
Lo supuesto es el objeto.
Es decir, pensamos el objeto como si fuera una cosa física, cuando el objeto es solamente intencionalidad, el objeto es irreal.

Si suponemos el objeto, lo detenemos, y no podemos entender la riqueza que falta por conocer.
El objeto es aspectual, no nos da a conocer la realidad entera de la cosa.
En la realidad hay otros aspectos a conocer, que esperan otros actos superiores de conocimiento.

Los actos de conocimiento son jerárquicos, como una escalera. Pero con una particularidad, no podemos tirar la escalera.

El método del abandono del límite no significa que en lugar de pensar nos dedicamos a conocer trascendentalmente.
Para alcanzar los temas trascendentales debemos hacer pie en las "operaciones" mentales.

La operación mental se puede describir, tal como tú apuntas, como el ocultamiento que se oculta.

"Lo que se oculta" es la operación mental. (Concretamente, se oculta el carácter dual de la operación mental –acto de conocer coactual con el objeto pensado– ) y se nos presenta solo el objeto.

Y al mismo tiempo la operación mental es un ocultamiento, pues cuando pensamos objetivamente queda oculto el carácter objetivo de lo pensado.
Al pensar objetivamente se supone el objeto.

Esto no quiere decir que pensar objetivamente no tenga valor. Si pienso, por ejemplo, un machete, puedo "seguir" pensando y darme cuenta de que el machete sirve para cortar la hierba.

Y gracias a los hábitos innatos puedo encontrar sentido trascendental al machete.

Pero si tiro el machete… me caigo de la escalera.
Sé que me entiendes.

Atentamente

Joseph Kabamba
preguntaspolianas.globspot.com

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Rafa Monterde dijo...

¡Qué maravilla! Joseph, te agradezco muchísimo tus indicaciones. Son muy valiosas. ¡Ojalá pudiésemos hablar!

En clase de filosofía estamos tratando temas que se solucionarían sin complejidades si se conociese el tema del abandono del límite.

Continuaremos hablando.


Un abrazo,

Rafa Monterde