sábado, 8 de octubre de 2011

El ser humano: un mundo de posibilidades



Esta semana he escuchado varias veces frases desesperanzadas sobre el ser humano. Todas ellas se referían a él como un ser perdido, acabado y sin capacidad de ser mejor. La tristeza y el desengaño envuelven la imagen que tenemos de nosotros mismos, como si las ilusiones que teníamos se hubiesen perdido y nuestro fuero interno hubiera perdido la aspiración a ser algo más…

Las imágenes que me mostraban eran tales como la crueldad y el engaño de la religión, como un elemento que usamos para dominarnos en base al miedo a lo desconocido; también me mostraban un ser humano descontrolado por el conocimiento científico, abusador y asesino de la naturaleza y de sí mismo. En modo alguno parece que podamos concebir algo diferente a nuestra condición y estemos abocados a la autodestrucción, como si esa faceta fuera nuestra mejor definición. A fin de cuentas, lo que pensaba Hobbes: homo homini lupus…

Si el ser humano es así, si estamos destinados al fracaso, nuestra condición es miserable. Sin embargo, no me fío de los pesimismos. Porque, como tales, los pesimismos conllevan una carga emocional incontrolada, y, por tanto, subjetiva. De la misma manera no me inspira confianza el utopismo. No obstante, sí que confío en el ser humano.

Se me puede decir: la religión es la causa de grandes males en el mundo, como las guerras de religión, la quema de brujas y también atenta contra la ciencia. Y yo puedo pensar, “sí, ha habido personas que en nombre de la fe han provocado el horror”. Pero… ¿todo aquel que tiene fe es por ello culpable de los males cometidos por otros? Teresa de Calcuta, por ejemplo, ayudaba a los pobres en nombre del Dios que defendía, asimismo, el inquisidor Torquemada. Entonces, no se puede decir: la religión “es la causa” de los males. De la misma manera, tampoco se puede afirmar que todos los que profesan una la fe son buenos. Debemos hablar siempre de casos particulares, de personas concretas. Pues a la hora de hablar de las acciones humanas, hay que descender siempre a lo concreto, pues ni todos son santos ni todos son asesinos. Se podría hacer, así, otra afirmación: inspirados por la fe que profesaban, muchos hombres y mujeres han realizado grandes acciones por la humanidad, e incluso han dado su vida por otros… Y esta sentencia sería más ponderada que la primera que hemos hecho. También se podría aplicar a los temas de ciencia, pues grandes científicos han sido creyentes: el mismo Galileo, con todas sus controversias, no renegó de la fe… (y no creo que no lo hiciera por miedo, sino porque no hay que mezclar las cosas).

A la ciencia se le podría decir: ¡bomba atómica!; ¡contaminación!; ¡campos de concentración!; ¡experimentación genética desmedida…! Y muchas malas consecuencias de su uso y avance. Pero yo vuelvo a preguntarme si por ello la ciencia es perjudicial en sí misma. A mi parecer, no, en absoluto la ciencia es mala. Es más, la ciencia es uno de los grandes descubrimientos humanos. El mismo método científico con el que se puede destruir la naturaleza puede servir para favorecerla. Por ejemplo, conforme avancemos en el conocimiento científico, podemos vivir en mayor conformidad con la naturaleza, encontrando alternativas a los problemas que surgen y ayudando a otras especies que se encuentren en peligro. Si destruimos con la ciencia, a mi parecer, es porque la usamos imprudentemente, sin calibrar bien los resultados y consecuencias de su uso. No podemos negar las aportaciones y descubrimientos de la ciencia en todos sus ámbitos, como, por ejemplo, la medicina. Volvemos, así, a decir que hay que descender a lo concreto y particular. Pues no podemos comparar al Dr.Mengele, que experimentó con seres humanos en los campos de concentración nazis, con el Dr.Fleming, descubridor de la penicilina…

El ser humano es, por todo esto, impredecible. Para bien o para mal, cada persona es inédita, y, como tal, es capaz de acciones nuevas. No se puede empaquetar a todo el género humano en una “generalización” determinante que lo malentienda como un ser destructivo (concepto que me parece bastante depresivo). El ser humano es como es, posee unas facultades que puede dirigir a lo más alto o lo más bajo de sí mismo. Y por ello merece un reconocimiento, un lugar apropiado desde donde poder dirigir sus pasos, reconociendo la libertad que le es propia y que puede ejercer para ser la especie más excelsa de la naturaleza.

6 comentarios:

Angelo dijo...

Aprovecho la fotografía que acompaña a esta espléndida reflexión para resumir la mía con una frase de Madre Teresa:"Cada niño que viene al mundo nos dice: “Dios aún espera del hombre” por eso yo creo también en él.
Un abrazo

Rafa Monterde dijo...

Me encanta la cita. Muchas gracias. Un abrazo.

Gemma dijo...

Me pareció muy interesante leerte... pues sí, yo tampoco creo que se pueda generalizar, yo siempre digo que cada persona es un mundo, algunas mejores, otras peores y creo que cada uno elige su camino, unos con más libertad, otros con menos, pero al fin y al cabo, cada ser humano es responsable de sí mismo y de sus propias acciones. Gracias por seguir compartiendo. Un saludo!

Fandescribi dijo...

Total y adsolutamente de acuerdo y encima bien dicho,si señor.

Marcela Duque dijo...

Bien dicho y bien escogida la foto. De hecho me ha hecho gracia la coincidencia, pues justo el lunes Adam, un sacerdote que va a algunas clases con nosotros, y que además es un excelente dibujante, hizo un dibujo de la Madre Teresa con un niño, muy parecido a este, y me dijo: "He aquí la respuesta a Hobbes". Chapó!

Rafa Monterde dijo...

Es que a Hobbes sólo se le puede mirar con ternura, pues fue un hombre atormentado... A ver si puedo conocer a Adam algún día, porque no creo en las coincidencias... Un abrazo.