martes, 8 de noviembre de 2011

¿Indignados o inconformes?

Los indignados se han hecho famosos. Están por todas partes. Indignarse se ha convertido en una actitud de vanguardia en tiempos de crisis económica. Pueden amenazar con su indignidad a cualquier político, pontífice o economista. Y por ello ya tienen cierto poder.

El poder es peligroso. Sobre todo cuando no sabemos a quién pertenece. Cuando el poder es anónimo o general, como diría Rousseau, puede ser ejercido por todos y por nadie. A causa de ello nadie es responsable de sus actos y es el grupo o la masa lo que justifica los hechos. Así se afirma lo que decía Vico sobre la verdad: la verdad son los hechos. Es decir, una vez se ha hecho algo, eso ya es verdadero y no cabe cambiarlo.

Esta postura respecto a la verdad es revolucionaria. Es revolucionaria no porque sea nueva y lo cambie todo, sino porque es típica de los revolucionarios, que lo cambian todo sin que les importe nada: sólo quieren cambiar algo para sentir que hay algo nuevo, y lo nuevo, después, resulta que no es mejor que lo viejo… Lo que más se puede resaltar en la sentencia de Vico es “la posibilidad”. Si una cosa es posible, es verdadera. Si puedo hacer una cosa a pesar de que me lo impidan, es que eso que me impiden es verdadero, y por tanto me están privando de mi libertad.

Lo que resulta de este planteamiento es claro: lo establecido es un límite impuesto, no acordado, con el que me engañan para que me quede parado. Este pensamiento conlleva muchos problemas. El primero es que el principio de legalidad queda abolido por la fuerza propia de los hechos: si se puede actuar al margen de la ley o contra la ley, es que la ley es falsa. Pero ¿es esto cierto? ¿Realmente es lícito quitar algo si podemos hacerlo simplemente? El poder hacer es tentador, jugoso, pero, como decía antes, es ciego. Porque cuando actuamos “en masa” no se diferencian unos de otros, como una gran falange espartana que lo detiene todo y arrasa cualquier obstáculo que se ponga en su camino…

Por otra parte, el término “indignado” no me gusta. Ya que el “in-” es excluyente. La dignidad es propia de las personas, y junto a la dignidad está la libertad, sin que puedan separarse. Cuando no se tiene dignidad no se puede ser responsable de lo que se hace. Puedo encabritarme si nadie me doma o detiene y al final me convierto en un toro bravo. Para colmo, los toros son típicos de los ibéricos y el movimiento de los indignados ha empezado en España (¿hay alguna relación?). Bromas aparte, las personas, ontológicamente hablando, son dignas, son dignidad en sí mismas por ser personas. La dignidad y la libertad humanas no son una concesión de ningún Estado o sociedad, sino un reconocimiento de algo que es propio. ¡Nadie puede privarse de su dignidad ni de su libertad! Por eso no me gusta el término “indignado”, porque es claudicar ante el Estado, darle un poder que no tiene: darnos dignidad o libertad.

Para protestar me gusta más que me califiquen de “inconforme”. El inconforme manifiesta una rebeldía con nombre y apellidos. Dice quién es. La conformidad o inconformidad es, además, moderada. Porque se está inconforme con algunas cosas, posturas o pensamientos sin que, por ello, quieras excluir algo en bloque. Respeta y es respetado, a pesar de que le hagan injusticias. El inconforme es bastante socrático. Quizá Sócrates sea un ejemplo para cualquier democracia, ya que la criticó, la amó y la respetó a la vez. Hasta aceptó la última voluntad de la democracia y fue condenado a muerte. Es decir, Sócrates fue fiel a la democracia a pesar de que no estaba siendo justa. Pero no calló ni una sola vez cuando vio que la democracia se estaba degenerando. ¡Qué difícil es la fidelidad en tiempos de crisis!

Hay que recordar en tiempos de crisis ese pensamiento socrático tan importante: más vale padecer una injusticia que cometerla. ¡Hay que conservar la dignidad, no podemos perderla! Si la crisis hace que cometamos injusticias, habremos sido protagonistas y cómplices en un delito gravísimo. Yo no quiero convertirme en un delincuente más en la crisis. ¡Prefiero evitarla, solucionarla, sin ser partícipe de la crisis! No estoy conforme con la crisis ni con muchas cosas. Soy un inconforme…

1 comentario:

Fandescribi dijo...

Pues yo tambien soy un inconforme que esta indignado.