domingo, 13 de noviembre de 2011

La exclusividad de la verdad

El pasado jueves, después de un seminario de filosofía moral, los compañeros y compañeras de primero de filosofía nos fuimos al bar a tomar unas cervezas. Allí tuve la oportunidad de mantener una conversación, que me pareció interesantísima, con unas compañeras. Puedo decir a su favor que me considero un privilegiado por ser su compañero… En primer lugar porque ellas hacen que la carrera de filosofía sea más interesante; en segundo porque mi clase es en su mayoría masculina, y eso para mí supone una gran pérdida…

La conversación que mantuvimos fue edificante, moral, elevada, ¡sublime!, como diría un romántico. Me recordó un poco a Kierkegaard, que también fue un gran tabernero y sabía cómo ganar la atención de todo el mundo, a pesar de que era jorobado y no tenía buen parecido para las mujeres. La conversación fue así:

“Después de haber hablado de varios temas sin importancia, mi corazón se llenó de sinceridad al mirar bien los ojos de mis compañeras…

RAFA (YO): Si os digo que estoy enamorado de vosotras, ¿me creéis?
CHICA 1: ¿Cómo, de nosotras dos? ¡No, eso no puede ser!
RAFA (YO): Pues sí, sí que puede ser, porque estoy enamorado de las dos, os lo aseguro…
CHICA 2: No me lo creo, eso es imposible. Sólo te puedes enamorar de verdad de una. Si no es así, no estás enamorado.
RAFA (YO): Os lo aseguro, estoy enamorado de las dos…
CHICA 1: ¿Cómo es eso posible? Sólo puedes tener sentimientos de verdad para una.
RAFA (YO): Es que tengo un corazón muy grande, ¿sabes?, y necesito querer a muchas mujeres. Si no, no podré querer de verdad…
CHICA 2: ¿Cómo? ¡Mira este qué espabilado! No, chaval, de eso nada…
CHICA 1: Sí, es verdad, eso no puede ser. Tienes que elegir una.
RAFA (YO): No puedo, lo siento, eso es muy cruel…
CHICA 1: Vale, pues al menos tienes que elegir algo de cada una con lo que te quieres quedar.
CHICA 2: Sí, eso, elige algo de cada una, me parece bien.
RAFA (YO): Pues… Ay, no sé, ¿de verdad tengo que hacerlo?
CHICA 1 y CHICA 2: ¡Sí!
RAFA (YO): Si me obligáis, vale, tendré que elegir… ¡Me quedo con vuestros corazones!
CHICA 1: ¡Qué tío!
CHICA 2: Eso no vale, macho…
RAFA (YO): Ya he elegido, lo siento…

La conversación siguió, me hicieron cambiar de elección. Al final tuve que elegir sus cabellos, pues una es rubia y otra morena. De ahí sacaron la conclusión de que a mí me gustan las mujeres castañas… Pero la conversación no llegó más lejos, porque tenía que irme en pocos minutos a cuidar de mi hermano pequeño…”.

La filosofía se enriquece con las cosas cotidianas, saca conclusiones de sucesos sin importancia. Y como soy un filosofador, esta conversación me sirvió para pensar qué es la verdad. Me gustó ver cómo mis compañeras se empeñaban en que tenía que elegir a una de ellas. También cómo, al ver que yo no me decidía, me daban una oportunidad al quedarme con un aspecto de cada una. Pero esto, sin lugar a dudas, era una farsa. Creo que intentaban ponerme contra las cuerdas. Ya que, si hubiese elegido un aspecto que favoreciera más a una que a otra, me habría delatado…

Con la verdad pasa algo parecido. Es una amante celosa, es exclusiva. Sólo podemos estar con ella o con nadie; si no es así, no podemos contar con ella, nos quedamos solos… Tenemos que entregarnos a ella por completo. No caben las miradas furtivas que se escabullan de su encanto. La verdad lo abarca todo o no abarca nada. Y eso es lo que más me gusta de ella: es posesiva y apasionada, pero se mantiene discreta y silenciosa; no se entrega con facilidad ni se deja ver por cualquiera. Hay que ganarse el mérito de tratar con la verdad, de ser su amigo y, más tarde, su amante…

3 comentarios:

Marcela Duque dijo...

Por eso la filosofía es amor, pasión y hasta deseo. Al parecer Llano está ahora trabajando en estas cosas. Cómo amor y deseo van de la mano.

Rafa Monterde dijo...

Si hay deseo, puede que haya cierto carácter personal en la verdad. La verdad tiene su protagonismo. Es ella la que guía nuestras intenciones. Sin que, por ello, nos obligue a nada. La verdad es un juego de miradas... Es una sonrisa, una conversación y un silencio... Una auténtica amistad, el mejor de los romances. ¿No te parece?

Angelo dijo...

Oyeeee, tu lección de hoy me ha dejado sin palabras. ¡Qué tío! Con estos argumentos vas a tener cola.
Felicidades. Me ha encantado tu entrada. Un abrazo