martes, 22 de noviembre de 2011

Los que no sabemos leer



Nota: Nadie me ha insultado. He escrito esto deportivamente, sólo por gusto. Se me ha ocurrido y me ha hecho gracia escribirlo. Es pura diversión...


La lectura y la escritura van unidas. Un buen escritor es, generalmente, un gran lector. Pero no todos los lectores llegan a ser escritores. Yo no soy buen lector, porque no sé leer. Quizá por ello tampoco sé escribir.

Me han dicho en más de una ocasión que escribo mal. Dicen que no se me entiende, que intento hacer juegos de palabras para expresar ideas que no tienen ningún sentido. Lo cierto es que tienen razón: no sé escribir. No sé escribir porque me cuesta entender las cosas que leo. Cuando me expreso me pasa lo mismo: expreso cosas que probablemente no entiendo. O puede que eso es lo que me dicen. Porque la pregunta puede que no vaya referida a quien escribe, sino a quien lee lo que se ha escrito. El problema puede que no lo tenga el escritor que ha escrito una cosa difícil de escribir, sino que lo tiene el que ha leído algo que era difícil de escribir. Por ello no lo entiende. Entonces, ¿quién no sabe a fin de cuentas, el lector o el escritor? Los dos a la vez.

Cuando alguien critica alguna cosa, cree que sabe algo sobre aquello que critica. Cuando criticamos una obra de arte, seguramente le estamos diciendo al artista que nosotros somos más artistas que él. De la misma manera, cuando criticamos una reflexión escrita, estamos diciéndole al escritor que sabemos pensar, leer y escribir mejor que él. Esto no lo niego para mí, porque soy un lector y un escritor pésimo, y dudo mucho que haya pensado algo alguna vez. Pero cuando se critica algo porque no se entiende, el juego cambia bastante. Cuando un lector, un buen lector, no entiende algo que ha leído, tiene dos opciones: a) sentir insultada su inteligencia y decir que el que ha escrito eso no sabe escribir; b) intrigarse y preguntarse si cabe la posibilidad de que él no tenga ni idea de aquello que ha leído.

Esto me ha pasado a mí en más de una ocasión. Sea lector o escritor, no entiendo muchas veces aquello que leo y no se me entiende cuando escribo. Puede que sea por mi manera de pensar, si es que pienso… Digamos que imito. Imito a gente que sí que ha escrito cosas difíciles de escribir y de pensar. Por eso no sé ni escribir ni pensar. Si no se me entiende cuando escribo, lo que me gustaría pedir es que no me insultaran. Me conformaría con que me dijeran educadamente que soy un inepto en las letras. Lo digo de verdad. Pero no me gusta que me insulten porque alguien que me lee se sienta insultado. Yo no insulto a nadie. El problema es que no insulta quien puede, sino quien quiere. Quien quiera sentirse insultado, puede sentirse insultado, pero no piense que porque quiere sentirse insultado, han intentando insultarle…

Me conformo con que me recuerden mis pocas facultades de escritura y reflexión, pero no que me insulten porque se sienten insultados al leerme. Quizá el que se insulta es uno mismo al darse cuenta de que en realidad es él, el que lee creyendo que sabe leer, el que es insultante cuando cae en la cuenta de que no sabe leer y mucho menos reflexionar… Pero bueno, como yo ya me he incluido en el grupo de los que no saben leer, me excluyo por completo del grupo de los que saben insultar escribiendo… ¡Soy de los que no sabemos leer!

1 comentario:

Criso dijo...

Pues coincido contigo totalmente, y si creo que coincido contigo, es porque creo que he entendido lo que has escrito, y si sigo en lo cierto, no debes ser tan mal lector como piensas, lo cual me lleva a pensar que no debe ser tan complicado tampoco insultar. Un saludo Rafa. Y que perduren los juegos de palabras, y la incoherencia aleatoria con motivo.