lunes, 5 de diciembre de 2011

Revisemos Europa

Europa es un continente que, desde el final de la Edad Media, está en continuo cambio cultural. Las iniciativas del Renacimiento por recuperar la cultura grecolatina fueron un gran avance, pues se revivió la cultura clásica con las aportaciones del cristianismo. Europa recuperó lo que era suyo, por decirlo de alguna manera. La recuperación de lo clásico trajo nuevos frutos para la cultura europea e iniciativas que hasta ese momento no se habían tenido. El humanismo cristiano de tantos intelectuales y artistas devolvió el aliento a una Europa cansada del medioevo. Así, el hombre se descubrió a sí mismo, los europeos descubrieron el valor del hombre, y se intentó proclamarlo por los cinco continentes.

El humanismo cristiano fue desarrollándose, pero las luchas religiosas hicieron que, poco a poco, la imagen de Dios en el hombre se difuminara. Dios fue perdiendo protagonismo para el hombre, el hombre se fue viendo solo, sin necesidad de Dios. Puede que el hombre aún no estuviera preparado para hablar de Dios. Puede que, al descubrir de nuevo sus propias riquezas, Dios fuera un tema demasiado grande y se lo tratara como un tema pequeño. Dios se convirtió en algo particular, en una imagen que se crea el hombre por su cuenta, para poder vivir tranquilo, sin necesidad de comparar una imagen de Dios con la otra. De esta manera, el humanismo cristiano pasó a mero humanismo: la armonía de Dios y el hombre fue sustituida por la armonía entre los hombres: el hombre era, en verdad, la medida de todas las cosas.

El hombre, pues, había alcanzado su mayoría de edad. La armonía entre fe y razón fue sustituida por una confianza plena en la razón natural del hombre. Una razón natural que casi sobrepasaba lo sobrenatural: la razón podía precisar qué era Dios, cómo era Dios y de qué manera había que pensarlo para que fuese, realmente, universal. Dios pasaba a un segundo plano, como un problema solucionado y que se podía dejar en el cajón de la mesilla de noche. Ahora le tocaba al hombre definirse…

Definir al ser humano es, posiblemente, una de las tareas más apasionantes y problemáticas que han intentado los europeos. Pero todos los problemas que ha generado ese intento han aportado gran cantidad de avances. Hemos descubierto el valor de la libertad, el de la sociedad, el del Estado. Las artes se han desarrollado a un ritmo vertiginoso, el mundo es, ahora, pequeño, pues hemos conseguido conectar todas las culturas. Hemos generado guerras mundiales y, al mismo tiempo, hemos sabido acabar con ellas. Las grandes paces han dado nuevas oportunidades al mundo entero. Los europeos encontramos oportunidades cuando surgen problemas. Somos los grandes solucionadores problemas.

Al intentar definir al ser humano hemos generado grandes problemas, ya que hemos visto, al final, que no sabemos qué define en realidad al ser humano. Pero hemos visto con claridad que sabemos enfrentarnos a cualquier circunstancia. Y eso es una gran definición del ser humano. Pues, ante todo, la colaboración ha sido el gran avance de Europa. Los europeos hemos encontrado el mayor tesoro de la Historia: la persona. La persona nos asusta, porque nos da miedo encuadrarla y quitarle la libertad, o, también, nos da miedo darle demasiada libertad.

Europa se encuentra ahora con el mismo problema que antes. ¿La libertad no tiene medida o la libertad hay que someterla a un absoluto control…? Ese es el gran tema de la crisis económica, si se me permite hacer una reducción así. ¿Qué le ha pasado al hombre? El hombre no se encuentra a sí mismo. Al no encontrarse, la persona no se comporta como una persona. No colabora con las otras, es egoísta. Así anula lo que más le define. La persona se define como colaborante, lo más característico de la persona es encontrarse con las otras. Es decir, la persona se conoce con las otras personas y vive con ellas. No puede estar sola. La crisis está poniendo en claro estos aspectos de la persona: basta aislarse para generar grandes problemas, basta no tener nada, ser pobre, para ver cómo nos necesitamos unos a otros. ¿Qué vamos a solucionar ahora, de nuevo, los europeos?

Los europeos necesitamos vernos de nuevo. La revisión que se hizo en el Renacimiento es, otra vez, necesaria. El Renacimiento, con su inspiración cristiana, acabó viendo que Dios era un problema. Pero, hoy en día, vemos que el problema es el hombre. Pues el hombre no se ve como una persona, sino como un dios, un dios autosuficiente. ¿Pero es autosuficiente, son los hombres “como dioses”, como esa promesa que hizo la serpiente a Adán y Eva? Es evidente que no. El hombre no puede ser autosuficiente. El hombre no es Dios. Y, de nuevo, surge la pregunta por Dios. Pero esa pregunta no debe darnos miedo. El hombre ha perdido su confianza, ese impulso ciego en sí mismo que le llevó a prescindir de Dios. Dios es algo más que un concepto. Dios es más que una imagen creada por nosotros. Dios no es nuestro, sino de todos. No es un tema privado, es el tema más público de todos. Pues Dios es aquel donde podemos mirarnos todos, donde encontramos nuestra identidad. La pregunta por el hombre es la pregunta por Dios. Y cuando la pregunta por el hombre nos lleva a la persona, cuando vemos que somos personas y que dependemos unos de otros, Dios salta a la vista, de nuevo, como algo universal. Europa necesita revisarse, como hizo en el Renacimiento, para ver dónde estaba su Dios. En el Renacimiento revisó qué tenía de Grecia, de Roma. En el siglo XXI necesita ver qué tiene de Cristo.

Jesucristo es un hombre revolucionario. Es un Dios que sabemos que conoce todas las jugadas en ajedrez, pone en juego tanto la fe como la razón. Por eso nos intimida pensar que Dios es más humano de lo que parece, porque si Dios es humano, le corresponde a Dios decirnos quiénes somos. Dios es capaz de hacernos un jaque y mate rápidamente si jugamos con él. Pero resulta que Dios nos enseña a jugar bien al ajedrez cuando jugamos con él. Dios nos enseña lo que es ser persona. Nos lo enseña dándonos a conocer a Cristo. Cristo es la armonía entre Dios y el hombre, y no los confunde. ¿Hay mejor solución al problema que han venido planteando los europeos hasta ahora? Cristo libera al hombre, el hombre es libre con Cristo…

Europa necesita recuperar lo que es suyo. Europa sigue siendo renacentista. Recuperó al hombre, ahora tiene que recuperar a Dios. Dios es el tema latente de Europa. Preguntar por el hombre es preguntar por Dios, decía antes. El gran intento de Europa es responder a la pregunta por Dios y el hombre. Seguimos siendo el futuro de las culturas. Si Europa cae en la cuenta de su importancia cultural, si se da cuenta de que el núcleo de las culturas se encuentra en sus raíces, en su profundo conocimiento del ser humano y de Dios, seguirá teniendo el protagonismo que ha tenido hasta ahora en la Historia. Si Europa descubre de nuevo a Dios, si muestra la humanidad de Dios, el humanismo cristiano volverá a ser el eje del desarrollo humano.

5 comentarios:

Nicias Duainz dijo...

Me perdonarás el comentario pero veo alguna contradicción en el texto. Esto es, dices que las personas no pueden ser egoístas ya que "per se" la persona es colaborante, entonces... ¿por qué apuestas por recuperar algo que es propio de la cultura europea (como el cristianismo) y que no comparten culturas como la asiática o africana?

Sinceramente creo que, "Historia magistra vitae est" y que el Renacimiento ya se produjo hace unos cuantos siglos cuando en el mundo parece ser que solo existía Europa, y sí que es cierto que recuperó a Europa.
Pero Europa ya no está sola, y este Renacimiento por el que apuestas es hermano gemelo del anterior.

Europa ahora es una parte del mundo y para poder definir tanto a la persona como al desarrollo humano, ahora mismo, tenemos que adoptar una definición un tanto ecléctica que tenga en su interior lo mejor de cada una de las culturas y no ceñirnos solo a una, que además, y cada vez más, los europeos le estamos dando la espalda.

Un Saludo.

Rafa Monterde dijo...

Ya, Nicolás, pero tienes que fijarte que la cultura europea ahora está presente en todas las culturas. Queramos o no, sea bueno o malo, es así. Por eso es una cultura principal ahora mismo. Lo que quiero decir es que Dios no es un tema cultural, va mucho más allá de la cultura. Dios y el hombre están más allá de las culturas.

Ahora mismo el cristianismo está presente en el mundo entero y es vehículo de entendimiento mucho más allá de cualquier perspectiva cultural, puesto que el cristianismo proclama la humanidad de Dios, y es capaz de englobar a todos los seres humanos. Esto no es mera historia, supone una comprensión global de todo, del hombre, de Dios, del Universo... Cuando Dios se hace hombre, todas las religiones quedan conectadas, están en deuda con ese mensaje, puesto que es superior a cualquier otro. Dios es hombre significa: todos los hombres pueden, por fin, hablar con Dios en igualdad.

Esto, si se mira con paciencia, sin remordimientos culturales y con mente abierta, es más rico de lo que parece, no es un veto, sino una auténtica solución. Más que contradictorio, es algo paradójico. ¿No te parece?

Un saludo.

Angelo dijo...

Europa está pasando por su desierto particular. Al igual que el pueblo hebreo llegó a la tierra prometida tras 40 años de purificación, donde Dios fue abandonado en muchas ocasiones, así nuestro continente necesita esos años de interiorización interior. Dios ha sido olvidado, apartado, la soberbia del hombre se ha atrevido a aconsejar a Dios. ¡Volveremos a la tierra prometida, estoy seguro de ello! Un abrazo

Rodolfo Plata dijo...

JAQUE MATE A LA DOCTRINA JUDAIZANTE DE LA IGLESIA. La importancia de la crítica a la cristología de san Pablo, radica en que nos aporta los elementos de juicio necesarios para visualizar nítidamente __la omisión capital que cometió Pablo en sus epístolas al mutilar al cristianismo de su doctrina más importante. Desechando la prueba viviente en Cristo hombre que nos confirma que es posible alcanzar la trascendencia humana practicando las virtudes opuestas a nuestros defectos hasta adquirir el perfil de humanidad perfecta, patente en Cristo (cero defectos), que nos da acceso a las potencialidades del espíritu (doctrina sustentada por filósofos y místicos)__ Y la urgente necesidad de formular un cristianismo laico enmarcado en la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, a fin de afrontar con éxito: el ateismo, el islamismo, el judaísmo, el nihilismo, la nueva Era y la modernidad, que amenazan con sofocar el mensaje universal de Cristo. http://es.scribd.com/doc/73946749/Jaque-Mate-a-La-Doctrina-Judaizante-de-La-Iglesia

Rafa Monterde dijo...

Rodolfo, si niegas el judaísmo, niegas a Cristo. Si no valoramos el papel fundamental del pueblo hebreo y su fidelidad a la Alianza, Cristo es un hombre más, un simple hombre virtuoso. Si lo que queremos son simples virtudes al margen de la religión, no hace falta tomar el mensaje de Cristo, pues Cristo sin la Antigua Alianza no se puede entender. Cristo no es un filósofo que ha alcanzado un estado de perfección, es Dios mismo encarnado, y eso lo diferencia radicalmente de cualquier pensador: es el Logos, la Palabra que lo dice todo. En Cristo el conocimiento es perfecto siempre, sin mediación ni aspiraciones a alcanzar virtudes ni ser mejor persona: es el ser perfecto siempre.

Lo que hace que Cristo sea hombre perfecto es su continuo diálogo con el Padre. En ello se fundamenta su mensaje, es su gran enseñanza: nos enseñó a tratar a Dios, a conocerlo como Padre; en ese diálogo con el Padre, en el que fluye la gracia divina, es donde se nutre el alma para, poco a poco, ser más semejantes a Cristo y vivir de cara a Dios. Cristo es Maestro porque enseña al hombre a vivir como Dios quiere que viva, le recuerda al hombre cuál es su verdadera condición: el hombre es hijo de Dios. Todo ello dentro de la Alianza de Yahvé con Moisés, confirmada en Jesucristo y renovada con su Resurrección (la resurrección de la carne no es un acto virtuoso alcanzado por perfeccionamiento, es voluntad del Padre).

Un saludo.