domingo, 27 de febrero de 2011

La ironía y la filosofía

El sentido de la filosofía está en su sinsentido. Quizá la manera más rápida para llegar a la verdad sea prescindir de la lógica. Porque, lógicamente, la lógica no tiene sentido. Si usamos la lógica para convencer, no convencemos. Convencer con lógica es lo mismo que vencer una batalla sin estrategia: fuerza bruta.

¿Por qué sin la lógica llegamos a la verdad? No lo sé. Tal vez la verdad no sea tan lógica como parece. Tal vez la verdad posea su verdad y no la nuestra. Y esa es la razón de la racionabilidad de la verdad, que posee su razón. No podemos im-poner la razón, sino encontrarnos con ella. Pienso que la lógica de un argumento puede ser la mejor manera de desecharlo. La lógica de un argumento es una noche sin estrellas. ¿Qué misterio guía tal argumento? Creo que ninguno. La verdad es misteriosa, seduce. Cuando una mujer me muestra sus bazas, pierde encanto. Con la verdad pasa lo mismo, no me puede ser dada sin más… ¿Qué verdad sería esa? Una verdad debe poseer algo de ironía, de secreto, debe ser paradójica.

Si la filosofía se resolviera con una fórmula, ya habríamos acabado de hacernos preguntas. 1 + 1 = 2 es un cogito, ergo sum. No me convence. Además, una lógica tan aplastante debe tener un truco de magia. De la misma manera, la lógica de una dialéctica es sospechosa. Me inspira sospecha, no porque sea mala, sino, más bien, porque es una solución rápida a un problema que no se conoce a fondo. La contundencia de un argumento no es, a mi modo de ver, suficiente: siempre queda algo más.

La ironía concede ese “algo más”. Deja paso a lo que es además de lo que ya se posee. Digamos que además hay algo más. Pienso que no hay que dejar las cosas tan claras, ya que eso es claudicar… Cerramos el pensamiento con las ideas claras y sencillas. ¡Las cosas no son tan sencillas ni tan claras! Cuando llegamos a ese punto, en el que no todo es tan claro, podemos seguir preguntando. Pero sin preguntar por la pregunta, porque preguntar por el preguntar es estancarse donde no hay nada… La ironía sirve para hacer que se pregunte. Sin embargo, la ironía no es contradicción. La verdad es en sí no-contradicción. No obstante, el pensar en sí no puede concederse el mérito de acabar, porque entonces llega el absurdo de verdad, o, más bien, la verdad es absurda.

En fin, es bueno no dejar las cosas claras. La claridad es muy soberbia. Y, para mí, lo mejor para la verdad es ser humilde y buscarla sin resolverla. Si resolvemos la verdad en un momento, el que está detrás se desanima o, lo más seguro, intentará ser mejor que el que ya ha resuelto la pregunta anterior… y nos olvidamos otra vez de la verdad. Pobrecita. Así que no seamos tan lógicos, porque la lógica se presta a la contradicción. Y la verdad no es contradictoria. Además, la filosofía es el amor a la verdad.

jueves, 24 de febrero de 2011

La escritura sencilla


Escribir no es tan fácil como parece. A algunos les es fácil escribir. Lo hacen y ya está. Para otros no es tan fácil. A mí me resulta muy sencillo escribir. Lo hago en un momento, como lo estoy haciendo ahora… De hecho, me había cansado de escribir buscando la sencillez, porque ser sencillo y claro es lo más difícil del mundo. Además, no me gusta que se me entienda.

Mi antiguo profesor de Metafísica me ha dicho que escribo de una manera críptica. Lo sé. Lo hago conscientemente. No me gusta hablar de temas metafísicos para que todo el mundo los entienda. Es más: sería peligroso que todo el mundo entendiera la Metafísica, porque hay muchas personas que se aprovechan del saber para engañar a los demás… Por eso, como bien dice el Evangelio: quien quiera entender, que entienda.

Volvamos al tema: escribir no es tan fácil como parece. El problema está en que hay demasiada gente que escribe. Antes, en los siglos anteriores, como poca gente sabía leer y escribir, los que escribían se lo tomaban en serio. Ahora mismo, escribir da pena. Los que escriben, sobre todo, dan mucha pena. Porque ser escritor no es nada del otro mundo. Cuando veo a un escritor con sus aires petulantes, me dan ganas de meterme con él. Es un instinto básico que tengo. Más que la libido sexual, me mueve acabar con la petulancia.

Los escritores son, en general, personas complicadas. Yo soy complicado. No me considero escritor, pero soy una persona muy difícil de tratar. Un pequeño trazo de mi personalidad que estimo y aborrezco a la vez. No sé, es como los cuadros de van Gogh… ¿Por dónde iba? Los escritores son… raros. Sí, no sé por qué hay gente que se empeña en ser escritor, porque los escritores no son atractivos como personas. Los poetas sí que lo son; los escritores, hoy en día, dan asco. Pocos escritores escriben porque disfrutan haciéndolo. A mi modo de ver, la mayoría están hartos de su vida. Por eso la escritura que hay ahora es tan decadente: son pocos los libros que te ayuden a ver la vida con realismo y ganas de vivir…

Esa es la razón por la que creo que hay que escribir de manera sencilla: hay que ser feliz. Si no se es feliz, lo mejor es no escribir nada. Porque la vida es difícil y no se puede estropear más con los pensamientos decadentes de un escritor acomplejado. ¡Hay que ser sencillos! Ya sé que no soy la mejor persona para decir esto, sin embargo pienso así: si quieres escribir algo, procura que sea sencillo y hazlo con buen humor.

viernes, 18 de febrero de 2011

La Teología

Sin la Eucaristía, es imposible hacer Teología. No puedo comprender que un hombre se atreva a manifestar pensamientos teológicos si no tiene la Eucaristía como culmen y fuente de todo el saber... La Sabiduría vive en el corazón pacífico y verdadero, que no se enturbia por la ambición del saber, sino que, con sencillez, se inclina ante la inmensidad del Creador y sus misterios. Además está la Palabra, que habla y se expresa a quien ella quiere. Y a la que podemos acudir siempre en las Escrituras. Pero, a fin de cuentas, la Eucaristía es la máxima expresión del Verbo y el cumplimiento fiel de su promesa, verdadera fuente de Vida.

jueves, 10 de febrero de 2011

La Providencia de Dios


Hoy he hablado con un amigo mío sobre la Providencia de Dios. Le he dicho, entre otras cosas, que Dios siempre actúa, sin dejar de mantener el Universo, constantemente. A raíz de esto ha salido el tema del mal y las catástrofes naturales. Evidentemente, el dolor humano no tiene sentido, o, quizá, no sabemos cómo explicarlo. Yo pienso que nunca hay que perder de vista que el mismo Dios experimenta el dolor, que él mismo es humano. La imagen del Crucificado nunca debe de sernos habitual. No se trata de un símbolo, sino de una realidad: Dios mismo sufriente, sangrando, ajusticiado por nosotros. También pienso en la Misericordia de Dios, que está más allá de nuestro entendimiento. Es así. No podemos ponernos en la mente del Creador, tampoco intentar entender ni explicar cómo actúa, pero sí que tengo claro que nunca deja nada en suspenso ni al azar. Eso es Providencia. Más allá de nuestras previsiones y dudas, Dios está ahí, paciente, sin dejarnos de lado. Sé que es duro decirlo, sin embargo yo lo experimento así día a día. Sólo que, a veces, como todo el mundo, he sentido la rabia del desaliento y la duda, y, a la vez, el consuelo y la paz de no sentirme abandonado… Lo digo de verdad. Sin ánimo de convencer a nadie. Es mi experiencia. Mía y de nadie más. Cada uno tendrá la suya. Y quien intente negarme esto, no podrá hacerlo. Porque es mi certeza. Algo personal. No se puede aprender con un 2+2=4. Hace falta vivirlo. Como todo en esta vida.

lunes, 7 de febrero de 2011

Genialidad

Cultura sin genio artístico es un sinsentido. De nada sirve tenerla si la consumimos como un producto. Porque la cultura sigue al mismo ser humano que la crea. "Culturizarse" es... decirle al mundo que se es mejor que él. Buscar datos culturales como sellos busca un coleccionista, es eso: coleccionismo. También, tener algunos conocimientos y no saber enlazarlos, ni separarlos, ni acompasarlos según su método y tema, y escupirlos en público como muestra del complejo que se padece, es lo que más exhaspera al genio. En cambio, el genio no necesita demostrar nada. Lleva dentro la inquietud que le agota. El deseo que le consume. La felicidad imperfecta... No puede parar, pero sin afectamiento: el magma surge del volcán sin arrasar y, con delicadeza, lo consume todo. Eso es la cultura, la manifestación del ser propio de la libertad. La cultura es libertad. Por ello digo: no te culturices si quieres ser mejor que los demás. Esa cultura es la cadena que impide mirar a los otros con comprensión. Esa cultura es la que mata el interés. Esa cultura es la careta de la ignorancia. Porque el que conoce sabe que es un ignorante. Y, también, el que crea cultura sabe que ni su crear ni la misma cultura le pertenecen: todo le es dado. Él (o ella), esclavo de su libertad, sirve a los demás. Conoce que en su servicio al otro, en su renuncia a la libertad común del resto, manifiesta y realiza su existencia, pues sin esa renuncia nunca ex-istiría. Esa es la vida del genio, esa es su libertad y su alegría, la verdadera felicidad: el servicio. Ya que, para mí, una vida que no esté dedicada, además, a los otros, es una vida muerta. Y esa es la cultura del que se "culturiza" sin genio ni amor al arte.