jueves, 14 de abril de 2011

La beatificación de Juan Pablo II


El próximo 1 de Mayo beatificarán a Juan Pablo II. No tengo palabras para hablar de esto. Un hombre como él, igual que todos los santos, es incomparable. ¿Qué cabe decir cuando se habla de personas que han aceptado a Dios en su vida? Tan sólo el asombro, pues vidas así son inconcebibles en este mundo y en cualquier otro.

No cabe duda: Dios es una locura, pues el Amor mismo es una locura. La locura de la incondicionalidad, del sacrificio, de la felicidad..., de los enamorados. La locura de una cuestión insoluble, tan sólo manifiesta por la misma vida de aquellos que siguen a Jesucristo. Y Karol Wojtyla fue uno de aquellos que le siguió, un ejemplo para los que le siguen ahora.

domingo, 3 de abril de 2011

El futuro de la democracia

La democracia ha aportado grandes avances y valores a la sociedad. Nadie duda de que nuestro sistema político haya dado una nueva vivencia de la libertad. Sin embargo, la actitud de la sociedad me alarma, pues no veo que se cuide la democracia.

La libertad humana requiere una actitud sincera y solidaria. La libertad de cada persona es solidaria con la de otra persona. Por ello veo que la libertad que se fomenta en nuestra democracia es perjudicial para la misma democracia. La libertad que más mueve nuestra sociedad es la del individualismo. La del “sujeto de derechos” por antonomasia. Y esa concepción y práctica de la persona no es propia de ella, ya que la desliga, al final, de las demás. Junto con ello, el desarrollo integral de la persona no se realiza.

No me gusta la política. Aunque la veo necesaria. Veo que influye en nuestras vidas más de lo que debería. Tanto es así, que el nuevo paradigma de valores, tendencias humanas y pensamiento es dictado por los partidos políticos, además de los medios de comunicación. Esa es la razón por la que me preocupa la política: la misma clase política es un fraude en muchos aspectos.

Los políticos son, además, el ejemplo de demócratas que tenemos en los medios de comunicación. Y vemos que no son de fiar… ¿Cómo debo entender entonces la democracia, siendo joven? Al ver que quienes sustentan la democracia son los primeros que la corrompen, ¿qué debo hacer yo, que soy libre, tan libre como esos políticos que la aborrecen? La respuesta más sensata sería: “no es para tanto, sigue viviendo tu vida”. Y yo contestaría que es cierto, que no vale la pena preocuparse.

No obstante, no puedo pensar así. Veo que la sociedad se va a pique. La corrupción no es sólo económica o jurídica, sino humana. Por ello me alarmo: es imposible la libertad sin personas que la vivan. Y sin libertad, no hay sociedad. Sin sociedad, no hay democracia. Sin democracia, hoy en día, no puede haber paz política… A fin de cuentas: temo por la democracia, pues tiene sus días contados. Si la actitud de la sociedad sigue siendo el egoísmo individualista, que se ve plasmado en todos los aspectos de la vida, no creo que las democracias sean verdaderas democracias.

Me gustaría señalar un factor conflictivo en la democracia: está supeditada a la economía. La política se mueve al compás del dinero. ¿Es eso democracia, es eso política? Ahora es cuando se podrá pensar que soy un ingenuo, que no veo el mundo tal cual es. Y yo creo que… quizá tengan razón cuando dicen eso. Pero no es casualidad que Platón y Aristóteles ya temieran por la democracia griega cuando se referían a su economía...

Si se quiere recuperar la democracia, a mi modo de ver, hay que encontrar el lugar idóneo de la economía, establecer un orden de factores que rijan la sociedad de otra manera. Así se podrá encauzar la sociedad en orden a un progreso equilibrado, más humano. Quizá haya que dar más importancia a la educación, la familia y, por supuesto, restar importancia a los partidos políticos en el sistema. Es decir, mayor participación ciudadana. Porque los ciudadanos de a pie son, a fin de cuentas, la democracia.

Esto son propuestas, al fin y al cabo…

sábado, 2 de abril de 2011

Las capillas y la libertad


Al parecer, el ambiente en España es un poco inestable… La religión, las libertades y la paz no están de acuerdo. Una pena, porque no encuentro razones para ello. Estos días pasados ha habido manifestaciones por la libertad que intentaban reclamar la “laicidad” de las Universidades.


Reclamos que, a mi modo de ver, son lícitos. Ya que uno de los requisitos más importantes de la religión es la libertad. Y como cristiano (digamos que intento ser cristiano) comprendo que el cristianismo, a veces, molesta. ¡Pero tampoco es motivo para ponerse violentos!


La laicidad es importante, importantísima. No creo que una religión impuesta sea verdadera. Pienso lo mismo respecto a cualquier pensamiento o creencia. Por eso, porque vivimos en un momento histórico en el que la libertad debe ser vivida con toda su intensidad, me parece que el respeto es clave para quienes creen y para quienes no creen en Dios, sea la religión que sea.


Respecto a las Universidades y la religión, en España somos un poco, o bastante, radicales. Tanto los católicos como los no-católicos. Ya que, si miramos la historia universitaria con un poco de detenimiento, vemos que la tradición universitaria europea es cristiana. De hecho, grandes intelectuales europeos han sido eclesiásticos, también laicos y, muchos de ellos, santos… Pienso en hombres como Tomás de Aquino, Erasmo de Rotterdam o el mismo Martin Lutero, que también fue universitario en una Europa “cristiana”.


En pleno siglo XXI es difícil imaginarnos que Dios sea un tema científico o universitario. Pero antes lo era. Por eso había capillas en las Universidades, ya que a Dios se le consideraba el culmen de la Sabiduría. En el escudo de la Universidad de Oxford, por ejemplo, aparece escrito “Dominus illuminatio mea” (el Señor es mi luz). Ahora puede que la luz del saber no sea Dios, sino el “progreso”. Sin embargo, no creo que se pueda arrancar de raíz esa tradición, ese poso cristiano que queda en Europa. Porque, además, sería intentar negar nuestro pasado como cultura cristiana, que tan buenos frutos ha dado.


El progreso es, ahora, el que motiva la sociedad en todos sus ámbitos. Y no puede haber progreso sin entendimiento mutuo, sin serenidad ni perdón. ¡Todos, de alguna manera, se equivocan al exponer sus razones o sus pasiones! Sé que no está bien que se hable de virtudes, parece moralismo. Sin embargo, para el progreso es importante una virtud: la prudencia.


Sin la prudencia no se pueden valorar las cosas ni las situaciones. Sin la prudencia es imposible el diálogo, pues se acabará imponiendo una opinión sobre la otra sin fundamento alguno. Mucho menos se podrá si lo que motiva el cambio social es el odio, ya que el odio es lo contrario a la razón y a la libertad. Por ello, me da miedo que se ataque y se reaccione con virulencia ante la religión y que el laicismo sea tan irreverente, pues volverán los lamentos a España y, lo peor de todo, volverán las injusticias…