lunes, 13 de junio de 2011

Motivos para vivir


Un día cualquiera de un año cualquiera, pero del mes de mayo, estaban paseando dos amigos por un parque, en el que abundaban las flores, también el césped, y los árboles eran altos. Uno se llamaba José, el otro Alberto. Y hablaban sobre el sentido de la vida...

-Entonces, ¿tienes algún motivo para vivir? -dijo Alberto.
-¡Puff! Vivir... Eso es muy fácil, pero también es difícil decir por qué vivimos sin decir algo típico... -contestó José.
-¿Como qué?
-No sé, lo de siempre, ¿no? Puedes decir que lo que te mueve es el amor, el dinero, tu madre, tú mismo...
-¡Venga, hombre! -dijo Alberto riéndose.
-¿Te parece poco?
-No, eso está bien, esos motivos no los discuto. Aunque parece que a ti no te gustan...
-Gustar, lo que se dice "gustar", no.
-¿Por qué?
-Pues... me dan igual esos motivos.
-¿Y eso?
-No sé. Supongo que hay cosas más importantes.
-¿El qué?
-A ver... -decía José llevándose las manos a la barbilla-. Mozart, ¿quizá?
-¡Mozart! ¿Eso es un motivo?
-¡Claro que sí! ¡No me digas que no te parece un buen motivo para vivir!
-Bueno, puede serlo... cuando lo escuchas... Pero no es suficiente.
-Pues escuchas a Mozart todo lo que puedas.
-Ya, ¿algo más para vivir?
-Pues... ¿más Mozart?
-Aparte de Mozart...
-Em, ¿Bach? -dijo José con cara de duda.
-¡Ah, no tienes remedio! ¿Puedes decir algo sin tomarle el pelo a la gente?
-¡No te estoy tomando el pelo!
-¿No? Entonces, estás mal de la cabeza.
-¿Por qué?
-¿Te parece normal tener a Mozart o Bach como motivos para vivir?
-¿Qué pasa? Otros tienen a Ronaldo o Shakira como motivos y yo no digo nada...
-Vaya, en eso tienes razón...
-¿No has pensado que puede que no haya motivos para vivir?
-Hombre, eso sería muy triste...
-No, el motivo para vivir es la vida misma, sin más. No tenemos por qué liarnos más la cabeza, ¿no?
-Em, bueno, pues... Algo más habrá... -dijo Alberto mirando cabizbajo al suelo.
-¡Ja! Ya sé qué quieres que te diga.
-¿Sí, el qué?
-El motivo de siempre, pero este no está tan mal. Tiene sentido, porque es un quebradero de cabeza para todos...
-¿Cuál?
-¡Cuál va a ser! ¡Dios, hombre, Dios! El motivo por antonomasia.
-Ya, pero... no sé.
-¡Ahora eres tú el que no tiene motivos para vivir!
-No, no es eso. Es que no quiero hablar de Dios.
-Ah, vale, lo entiendo. Es un tema complicado...

Continuaron hablando sobre muchas cosas, tampoco demasiadas. Salieron después del parque y se fueron a comer (un Kebab, creo).