miércoles, 22 de febrero de 2012

Mero polvo, amor infinito

Ha comenzado la Cuaresma. Tiempo de reflexión, de penitencia y recogimiento. Una oportunidad que nos concede el calendario litúrgico para meditar sobre nuestra existencia, nuestro paso breve por este mundo. Es tiempo de moribundos. Tiempo para recordar la muerte de Dios, su Sacrificio de amor y misericordia. Pero, también, es tiempo de vivos, de considerar que nos encaminamos a la eternidad, y que, como Cristo, resucitaremos.

Con la imposición de la ceniza se nos recuerda: polvo eres y en polvo te convertirás. Estas palabras pueden resonar en nuestro interior con dureza, parece una sentencia del Creador, que nos condena a la muerte y no nos permite tener nada. Un Creador injusto, que arranca de nuestro corazón lo que más queremos sin previo aviso, que nos recuerda que ni siquiera nosotros mismos nos pertenecemos. Sin embargo, no olvidemos el pecado, nuestra desobediencia originaria. Cuando pecaron nuestros primeros padres, todo parecía perdido. Pero no. La misericordia del Padre todo lo suple. ¿No es, acaso, un signo de locura esa desobediencia que llevamos impresa en nuestra naturaleza herida? Por ello el Padre, desde la eternidad, puede sostener nuestra podredumbre, recuperar nuestro corazón de las cenizas y llenarlo de vida con su Amor. El Padre es sabio, paciente, y nos permite el tiempo de espera para que recapacitemos sobre nuestra vida. “Polvo eres y en polvo te convertirás”, más que una sentencia, es un recuerdo, un susurro cariñoso del Creador, que no quiere perdernos, que, una y mil veces, nos ayuda para volver a Él. El Padre sabe esperar para que sus hijos recuperen la cordura. Y, con cariño, habla en el silencio del corazón, en lo más íntimo de nuestro ser, suavizando las heridas que nos inflingimos al no amar con la libertad que nos corresponde…

La Cuaresma es tiempo de amor. Es la nostalgia del Padre, que, habiendo consumado su amor con la Pasión de su Hijo, espera desde su Sabiduría eterna el momento oportuno para que nos encontremos con Él de nuevo. “Polvo eres…”, tiempo finito llamado a la eternidad. La llamada de la esperanza, pues hay un tiempo que ya no pasará, en el que podremos contemplarlo todo en verdad, sin reflejos ni velos. Pero… “en polvo te convertirás”: hace falta la Cruz, seguir el ejemplo del Hijo, que nos enseñó a decir, de nuevo, “¡Padre!” y a volver a andar seguros entre sus manos.

4 comentarios:

Joseph Kabamba dijo...

¿Qué es eso de la primavera de Valencia?

Atentamente,
Joseph Kabamba

Rafa Monterde dijo...

Es una protesta de estudiantes que, debido a los recortes económicos en Educación, han salido a la calle y están cortando estos días las zonas céntricas de la ciudad. La protesta no está legalizada, por ello la policía ha recurrido en varias ocasiones a la fuerza para despejar las calles. Ello ha provocado que se sumen más estudiantes y haya más crispación. Espero que no llegue a más, porque está empezando a convertirse en una situación violenta. La gente está con ganas de violencia, y eso me da muy mala espina... Un saludo, Rafa.

Angelo dijo...

Como siempre una magnífica exposición. Me encanta con la confianza que acaba tu post. No podías haber dejado un mensaje mejor.
¡Santa Cuaresma!
"Callemos a todo, para que en el silencio oigamos los susurros del amor, del amor humilde, del amor paciente, del amor inmenso, infinito que nos ofrece Jesús con sus brazos abiertos desde la Cruz. (Rafael Arnáiz)
Un abrazo

Rafa Monterde dijo...

Ché! Ángel, muchísimas gracias por la cita del hermano Rafael. ¡Es toda una autoridad! Ojalá pudiésemos ver y sentir al Padre como él lo hizo en esta vida. Qué privilegiado. Un fuerte abrazo.