martes, 17 de abril de 2012

A María

Qué puedo decir de ti, no lo sé. Las palabras se quedan cortas. Basta suspirar un momento, cerrar los ojos, reposar el corazón entre tus manos, para saber que estoy a salvo, que tu cariño envuelve mi alma con ternura, como acogiste al Verbo eterno en tus entrañas. Bastó un momento para que el tiempo se parara, para que la eternidad tomara forma, para que la Historia fuera cierta. Todo cobró sentido cuando tu mirada, temblorosa, posó sus pupilas en la luz del Espíritu, y quedaste embriagada de amor. El sí de una joven hizo que el Cielo se llenara de esperanza, que todo un Dios inclinara su cabeza, agradecido ante la generosidad de su criatura. Cómo no se van a llenar los ojos de lágrimas, al contemplar un hecho tan suave y ardoroso, cuando tu corazón se abrió, mostrando toda su pureza. Cómo no sobrecogerse cuando miras, cuando hasta el Creador llora de amor al unirse contigo. Cómo no arrodillarse, al saber que eres tú mi Madre, mi amiga… Esa sonrisa discreta, esa palabra callada, esa caricia dulce, esa mirada tierna… ¡Oh, María! Qué momento tan sublime. Llena de gracia… Llena de vida… Llena de esperanza.

1 comentario:

Angelo dijo...

Pues lo dicho, ¡es precioso!