martes, 10 de abril de 2012

Y volvió a escribir...

Estaba en su cuarto, tumbado en la cama. Le daba vueltas a la cabeza. No sabía muy bien qué hacer. Aunque quería leer, no tenía ganas. Levantó la cabeza, mirando al frente. Vio la estantería, llena de libros. Se levantó y pasó la mirada por encima de los títulos, buscando alguno que le tentara. Uno le llamó la atención. En el lomo no tenía nada escrito. Lo sacó. Era su diario. Lo tenía abandonado. Al abrirlo y mirar la última fecha se dio cuenta de que había olvidado su ilusión por escribir. Hacía más de año y medio que no escribía nada. Empezó a leerlo y a recordar tantos pensamientos olvidados. Sus pensamientos, quién lo iba a decir… “Leo tantos pensamientos ajenos, que no caigo en la cuenta de los míos”, pensó. Fue leyendo de adelante hacia atrás. Una sonrisa se fue dibujando en su cara conforme retrocedía. La letra cambiaba de tamaño y de trazo al paso de las páginas. Se veía a sí mismo escribiendo, con el bolígrafo en la mano, e imaginaba los gestos que tendría al escribir aquellas palabras. Intentaba recordar los sentimientos y los pensamientos que pasaban por su cabeza en cada momento. Llegó a unas páginas que le llamaron la atención, no recordaba haberlas escrito. La letra era pequeña, los párrafos breves, las líneas no estaban bien trazadas. Los pensamientos estaban deshilados y cada frase parecía encerrar miles de ideas que no había podido expresar. Se preguntó qué le pasaba al escribir eso. Retrocedió hasta donde empezaban aquellas palabras tan difíciles de leer. “Vuelvo a escribir. Lo necesito. Aunque me tiemblan las manos, no puedo pasar sin escribir un poco. No tengo suelta la pluma. A pesar de todo, lo intento. No puedo vivir sin escribir. Me quejo de no poder hacerlo, pero lo intento. La enfermedad no me deja. La vida así me resulta pesada. No soy yo mismo. Me cuesta razonar y articular las ideas. Además de no poder escribir. ¡Como ocurre ahora mismo!”. Estas eran las palabras que había escrito. La letra era ilegible, temblorosa, reducida. La última frase estaba escrita con esfuerzo, apretando mucho el bolígrafo, las letras casi formaban una línea recta… No recordaba haber estado enfermo. Lo había borrado de su memoria. Había olvidado sus esfuerzos por salir de aquella situación, cuando retener el bolígrafo entre los dedos y escribir unas pocas palabras suponían una tortura. Y ahora, después de todo lo pasado, no escribía. Justo ahora, que podía hacerlo, no tenía siquiera la intención de escribir ni una línea tonta. Volvió a leer el diario. Pero esta vez desde el principio. Al ver todo lo que había pasado, cayó en la cuenta de que se había acomodado. No valoraba todo lo que había conseguido. Pero bastó un segundo para que empezara a buscar en su mesa algo con lo que escribir. Cogió un lápiz, abrió el diario por la primera página en blanco, apuntó la fecha y volvió a escribir…

6 comentarios:

♥AMBre dijo...

Ecris, ne t'arrête pas !

Rafa Monterde dijo...

¡Por supuesto, siempre adelante! Muchas gracias.

Joseph Kabamba dijo...

.
Courage !

Maximiliano María (Lukas Romero) dijo...

Según Rilke, necesitar escribir es la definición del escritor, ¿lo sabías? En sus "Cartas a un joven poeta", anima a su interlocutor a preguntarse, no si sus versos (sus escritos) tienen calidad, sino si los necesita para entenderse a sí mismo, si algo dentro de él no va bien a menos que coja una pluma y se exprese... Y termina diciendo que si le pasa eso, entonces es poeta (escritor), independientemente de la calidad, de las publicaciones en el caprichoso mercado, de cualquier otra cosa...

Leer tu entrada me ha recordado eso. Yo hace poco pasé una experiencia similar, me bloqueé y sentía que me ahogaba por no estar escribiendo. No sé. Si hacemos caso a Rilke, me parece que soy escritor. Y tú también.

Rafa Monterde dijo...

Lukas, no puedo estar más de acuerdo contigo. Tengo las cartas de Rilke en mi mesilla de noche. Las releo de vez en cuando, antes de dormir. Son magníficas. La escritura es más importante de lo que parece, descuidarla es descuidarse a uno mismo... Un fortísimo abrazo.

Fran dijo...

Es mejor rejuvenecer cada día volviendo a lo que fuimos, porque en realidad seguimos siendo los mismos con nuestras inquietudes y propósitos de alcanzar metas, que acomodarse en lo fácil y rutinario.
Lo mismo que dices que pasa con la escritura me pasa a mí con la pintura.