domingo, 27 de mayo de 2012

Una conversación curiosa


Hace unos días, salí de la biblioteca a airearme un poco. Estaba cansado, llevaba unas horas leyendo textos sobre filosofía, porque tengo exámenes esta semana. A pesar de que estaba en la biblioteca de Humanidades, en las escaleras de la entrada había dos alumnos de Derecho. Su conversación me llamó la atención, porque no estoy acostumbrado a escuchar una conversación así salvo en las aulas de filosofía. Como la curiosidad me mataba, me senté cerca de ellos, mirando al infinito, como si lo que hablasen no tuviera nada que ver conmigo. Y esto es lo que escuché:

-No sé qué decirte, quizá no sea para tanto.
-¿Cómo que no? A mí me preocupa, ¿no te lo has preguntado nunca?
-Hombre, sí, alguna vez, pero tampoco me mareo mucho la cabeza. Me digo “eres libre” y punto. Tampoco hay que tomárselo tan a pecho…
-A ver, no es cuestión de tomárselo a pecho. Sólo que la libertad, a veces, es una putada. No sé cómo decirlo… El problema es que somos responsables de lo que hacemos.
-Eh, no saques ahora ese tema…
-Sí, tío, sí. Somos responsables, siempre, sin excusa… A pesar de que haya circunstancias que nos hagan hacer cosas que no queremos, siempre somos nosotros quienes decidimos actuar, al fin y al cabo. Somos libres siempre, sin que podamos dejar de serlo un momento para no ser responsables de lo que hacemos…
-Ya, bueno, ¿y qué? Soy responsable de lo que hago… ¿Y ahora qué hago?
-Capullo, no es cuestión de lo que vas a hacer… Y no te pongas en plan pasota, porque sabes que no es una estupidez…
-Lo sé, lo sé… Sólo que no veo eso que dices de la responsabilidad.
-Pues es simple: nunca dejas de ser libre.
-Nunca dejo de ser libre… A ver, ¿y qué problema ves en eso? Es bueno, ¿no? Supuestamente, estamos en democracia. Libertad y todo eso… ¿no?
-Ah, es que tampoco es eso. ¡No es un problema! ¡Es una realidad! Soy responsable de cada segundo de mi vida. Y si soy responsable… tengo que responder por mis actos. Hay algo que me hace responder de mis actos. Mi libertad me grita que soy libre y me dice que no puedo desperdiciarla en gilipolleces… Más bien, me dice que no puedo desperdiciarme yo mismo…
-Pero…

En ese momento vi a Lourdes y a Alex, son amigos míos de filosofía, venían a “la biblio”. Los saludé y empezamos a hablar del trabajo del Libro de Job, que nos lleva a todos de cabeza. Así que entramos para seguir aprovechando el tiempo y para que no nos dijeran que los filósofos estamos todo el día “mareando”. Me perdí la conversación, porque cuando nos decidimos a entrar, los dos de Derecho ya habían entrado. Así que no puedo contaros cómo acabó su diálogo. Estaré atento a las dudas existenciales de los estudiantes. Igual me ayudan a escribir más cosas…

3 comentarios:

Raquel dijo...

Genial! Hace unos meses me pasó algo muy parecido (por lo que no sé si es una cuestión del gremio o qué). Iba de vuelta a casa, cuando cojo la vuelta del castillo bajo el ritmo y disfruto del paisaje. Y sin quererlo me sentí partícipe de una discusión entre un grupo de señoras (muy) mayores que estaban disfrutando de su vejez. In media res (y en esencia):

- Hay que decir las cosas como son y a la cara.
- Bueno, yo creo que hay que tener educación. No se puede decir todo así...
- Pero qué educación ni qué leches, ¡la verdad!, ¡LA VERDAD! Las cosas son lo que son y así hay que decirlo.

Aunque entendí lo que la señora decía sobre la educación, me encantó la respuesta apasionada y filosófica sobre la verdad.

Ains! Quizá aprendiéramos más si supiéramos escuchar de "verdad".

Un saludo!

Rafa Monterde dijo...

¡Raquel, qué alegría tenerte por aquí! Es curioso cómo la filosofía nos hace estar atentos a lo humano, ¡es tan universal! Siempre estaremos preguntándonos "¿por qué?", "¿dónde?", "¿hacia dónde?", así que, aunque en las facultades, a veces, se prescinda de estas preguntas, estarán presentes en todas las personas de algún modo... Philosophia perennis! Un saludo.

Rafa Monterde dijo...

Por cierto, podría ser el tema de un congreso... ¿No te parece? "Philosophia perennis!"...