domingo, 29 de enero de 2012

ENCONTRAR, DESCUBRIR, AMAR

Miramos. Lo que nos rodea adquiere sentido y no hay nada que nos resulte extraño después de haberlo contemplado por primera vez. El mundo es nuestro mundo. Todo por una mirada, por una sonrisa inocente que expresa nuestra alegría cuando encontramos algo nuevo. Es increíble cuánto puede hacer un niño cuando nace, pues ese Universo inexplorado queda inédito para todas sus impresiones, sus ilusiones, su asombro… Nadie, sólo él, puede mirarlo como él lo mira. Puede que haya algo nuevo bajo el sol, y es esa luz que mira la luz limpiamente, sin juzgar nada, sonriéndole a la vida que alcanza su principio.

El encuentro, qué novedad más humana. Cuántos sentimientos habrá suscitado este mundo cuando lo miramos por primera vez, cuando encontramos nuestro sitio, nuestro hogar, aquello que nos define, aquello que nombramos con nuestros nombres. Me gusta pensar en los primeros rostros que contemplé por primera vez, que me miraron, que me dijeron quién era. Mis padres me dicen que les miraba fijamente a los ojos, intentando decir algo, encontrarme con aquellos que habían dado origen a mi existencia. Porque encontrar es lo que nos hace nuestros. Yo vivo, miro, encuentro… Somos mirada que encuentra, que dice. Pero no sólo eso. Basta darse cuenta de que su mirada no es la mía. ¿Cómo mirar-se, cómo encontrar-se?

¿Qué más me queda por mirar? Falta algo, pues el espejo me engaña. Quiénes son ellos, lo sé. Pero yo… ¿quién soy? Me miro, no puedo. Exploro… Sé dónde estoy y… ¡ay! ¿Por qué he venido aquí? ¿Desde dónde, hacia dónde? ¿Hasta cuándo? ¡Esto tiene fin, no ha acabado, sigue, y aquí estoy sin saber por qué! Busco alrededor y no hay nada. Pregunto a los demás y tampoco me basta.

Tal vez haya una mirada más. Una mirada escondida, latente, que no he visto hasta ahora. Una mirada desde dentro, que ilumina la misma luz, que ilumina mi luz. Una luz diáfana que lo conoce todo, que lo sabe todo, que mira mi vista y me ayuda a encontrar. Pero no está fuera. Fuera se ve todo con claridad, lo sé. Hay algo más que siento dentro. Y las preguntas surgen sin respuesta. Yo no tengo respuesta. No tengo la palabra adecuada. Quizá haya una palabra que lo diga todo: palabra de la Palabra. Aquella que lo pronuncia todo, que me pronuncia a mí y que yo no escucho. La Palabra que me mira, que me sonríe y que espera mi mirada, mi respuesta. ¿Seré yo quien tenga que responder? ¿Acaso soy yo el responsable de decir lo que soy? ¡No puedo! Espero que alguien que me conoce lo diga.

¿Dónde estás, por qué te escondes? Mejor tendría que preguntarte por qué te busco. Ya había encontrado mi familia, mi hogar. Y sin embargo aún me pregunto quién soy. ¿Será porque no sé quién eres Tú? Necesito de tu Yo, de tu Soy, porque yo no lo tengo, me doy cuenta de ello. Antes no estaba, ahora sí, habrá un momento en el que no sea así… ¡Cómo es eso posible! La memoria de los que me conocen desaparecerá. Seré olvido, seré nada, pues ni mi nombre perdurará en la lápida, ni mis huesos resistirán la tierra. Ni siquiera estas palabras me harán vivir más tiempo. Pero aquí, en el centro de mi pecho te siento escondido sin que me digas lo que quiero escuchar. Espero encontrar lo que nunca he encontrado, descubrir lo que nadie puede ver en mi corazón. Este corazón que veo que no me pertenece, porque se conformaría con lo que ya tiene si fuera mío, si pudiese verlo con mis propios ojos... ¡Quedas y sigues sin pronunciar palabra!

Espero ansioso este encuentro durante toda mi vida, esta vida tan corta que se me ha hecho eterna. Me tienes angustiado, sintiendo mi muerte, y sigues callado, ahí, contemplando mi desesperación. Nada me llena, nada me dice nada, no reconozco nada. Solamente espero descubrir aquello que más pesa en el pecho, que reclama su lugar y que no lo encuentra. Este vacío duele, se retuerce en su sequedad. Ya no pido nada, ni siquiera a Ti: eres inalcanzable. Renuncio a querer nada, porque querer es morir.

Ya muero, es la solución… Y, de repente, sin querer nada… ¡ahí estás ! ¡Te descubres, me descubres! ¡Te veo! ¿Por qué has tardado tanto tiempo? Explota mi pecho sin estallar, llenándome de alegría, de vida, de ilusión inesperada. Hasta ahora no había esperado nada, esta dulzura insospechada que inunda todo mi ser no se puede describir. ¡Este gozo inigualable al sentir Tu Mirada, cuando tocas mi pecho con tus manos! Un fuego que abrasa sin quemar, que me hace caer entre tus brazos extenuado, escuchando Tu Amor. ¡Por fin he visto tu mirada, la mía, pues me dices quién soy para Ti! ¡No, no hay muerte, sólo vida, eternidad presente que crece concentrada en Tu Ser! ¿Cómo decirlo con estas palabras efímeras, que no pueden decir nada de Tu Palabra? Sólo puedo escuchar la Voz que me había susurrado hasta ahora, y que, ¡por fin!, me grita, me canta y que ahoga mi voz, llena de emoción… ¿Qué es el tiempo? Mi espera, que ya se ha colmado.

Ahora, lleno de Ti, me sueltas, dormido, de nuevo a este mundo mío, que sé que sólo es Tuyo. Despierto de este sueño de amor. Contemplo de nuevo, escuchando el canto suave en mi corazón de la Palabra que canta este mundo lleno de música, acompasado con tus labios. ¿Será cierto? No cabe la menor duda de que lo conoces, que vuelve a Ti cuando aspiras el aire con el que lo acabas de pronunciar. Aunque yo he escuchado mi melodía, el canto con el que iluminas mi pecho. Y ahora me pregunto, ¿todos tienen su melodía? Me dices que sí. Qué canto tan maravilloso el de nuestra existencia... ¿Podemos igualarlo? Según parece, ese es nuestro reto, la chispa que se nos lanza desde la eternidad para que encendamos nuestro mundo. Es posible mirar como Tú nos miras, porque dentro de nosotros, de cada uno de nosotros, estás Tú, Amor mío.
En este instante es cuando te pido descubrir tu mirada en otro corazón, que me diga quién soy como me lo has dicho . La busco por todas partes y vuelvo a encontrarme sin descubrir nada. Tengo la esperanza de este encuentro otra vez, pero me dices que no, que ahora será de otra manera. Será una mirada que pueda ver con mis ojos, pero que me volverá a coger como lo has hecho Tú. Confío en Ti…

Cómo no, la casualidad, Tu casualidad, hace que un encuentro insospechado surja de nuevo. Algo habitual, que parecía efímero, se convierte en la presencia de la eternidad, en un auténtico descubrimiento. Esa mirada que me prometiste encuentra mis ojos, y yo, de nuevo, te encuentro a Ti en ella… La encuentro, la descubro y un nuevo trance que no había imaginado me embriaga en este tiempo que tiene sabor de fuego, de amor. Vuelve tu canto pianissimo con la forza de tu pasión… haciendo que nuestra libertad sea inmortal, que nuestras voces sean tuyas.