lunes, 26 de marzo de 2012

Carta sobre el Humanismo, de Martin Heidegger

Sobre el ser humano se han dicho innumerables cosas. Quizá hablar sobre el ser humano se ha convertido en un clásico. Es por ello que la palabra “humano” ya no designa aquello que en su origen definía. El humanismo era, en principio, el pensamiento sobre lo que era humano y lo que hacía que el ser del hombre fuera ser humano. Sin embargo, dadas las circunstancias, es posible que no se haya pensado lo humano de una manera suficiente ni definitiva. A la vista de los resultados obtenidos bajo la luz de las ideas modernas, no cabe duda de que lo humano, la esencia del hombre, está más oculto que nunca. El hombre no sabe qué es ni quién es. Y Heidegger, en este librito, Carta sobre el Humanismo, reflexiona entorno a estas cuestiones. Que, aunque hayan sido debatidas tantas veces, siguen siendo tan actuales que desconcierta ver la confusión que producen.

A mi modo de ver, pensar sobre el hombre hoy en día es todo un reto. Al pensar ponemos en juego nuestra propia vida, pues la definimos y destinamos según aquello que hemos pensado. El pensar compromete nuestra existencia. No cabe duda de ello. Basta ver la ausencia de pensamiento sobre el hombre para comprobar la desorientación que padecemos. Sea por la exageración del pensar o por su ausencia, el ser humano se ve comprometido por el mismo. Heidegger lo repite varias veces en el texto. Se empeña una y otra vez en conducir el pensar a la esencia de la verdad, donde el pensar puede cuidar el ser en su morada, en el lenguaje. Ya que “el lenguaje es la casa del ser, que ha acontecido y ha sido establecido por el ser mismo. Por eso se debe pensar la esencia del lenguaje a partir de la correspondencia con el ser, concretamente como tal correspondencia misma, esto es, como la morada del ser humano”. En su decir el hombre lo arriesga todo. En su decir el hombre se juega la existencia, el poder vivir esencialmente como hombre. Como “el lenguaje es la casa del ser: al habitarla el hombre ex-siste, desde el momento en que, guardando la verdad del ser, pertenece a ella”. De esta manera el hombre se hace cargo de su ser y del ser de lo ente según el lenguaje. Si no cuida el lenguaje, si no es capaz de hablar del ser según el mismo ser, su ex-sistencia entra en conflicto, y el destino de su ser se compromete para el fracaso, puesto que no se hace cargo de su “cuidado”.

Heidegger se pregunta en este libro hasta qué punto se ha pensado lo humano, aquello que define al hombre en su origen y su destino. Dicho de otra manera, su esencia. A pesar de todo el recorrido que hace a lo largo y ancho de la carta, deja en suspenso la pregunta acerca de la esencia del hombre. Tan sólo se refiere a que el hombre es ex-sistencia. Según Heidegger: “ex-sistencia es, a diferencia fundamental de toda existentia o «existence», el morar extático en la proximidad del ser. Es la guarda, es decir, el cuidado del ser”. Como decíamos antes, el hombre debe cuidar del ser. Sin embargo, ¿podemos hacernos cargo de su cuidado, como pide Heidegger? A pesar de la insistencia de este filósofo por cuidar del ser en su verdad, de decir con la palabra adecuada aquello que le pertenece, puede que el ser sea lo más descuidado…

“El ser está aguardando el momento en que él mismo llegue a ser pensado por el hombre”. El pensador alemán desconfía de lo que podamos decir del ser, ya que el acontecimiento de nuestra filosofía actual es el olvido del ser. Ya no decimos, en verdad, el ser. Sino que hacemos de él lo que queremos que sea, pero no lo cuidamos. Este hacer lo que queremos es, a la vez, ilusorio. Ya que el ser sólo se da, se desoculta, en la verdad, y la verdad sólo se piensa en el ser. Puesto que el ser no ha sido pensado aún, el intento de dominarlo es imposible. “Antes de hablar, el hombre debe dejarse interpelar de nuevo por el ser, con el peligro de que, bajo este reclamo, él tenga poco o raras veces algo que decir. Sólo así se le vuelve a regalar a la palabra el valor precioso de su esencia y al hombre la morada donde habitar en la verdad del ser”.

Martin Heidegger hace una apuesta por el silencio. No porque se niegue a decir nada, sino en cuanto a que, ahora mismo, nuestro decir es marchito, nuestra palabra no encuentra su morada. La filosofía se ha desvinculado de su destino, ha perdido aquello que la hacía verdadera. “Ya es hora de desacostumbrarse a sobreestimar la filosofía y por ende pedirle más de lo que puede dar. En la actual precariedad del mundo es necesaria menos filosofía, pero una atención mayor al pensar, menos literatura, pero mucho mayor cuidado de la letra”.

Tengo que decir que el libro me ha gustado mucho. Las palabras de Heidegger incitan a la reflexión, a replantear tus ideas, tu manera de ver el mundo. Puede que no comparta algunas de sus ideas, pero sólo por incitar a pensar vale la pena leerlo. Esa es la tarea del filósofo, y Heidegger la lleva a cabo como nadie en el siglo XX.

lunes, 12 de marzo de 2012

Unidos por la belleza

El sábado pasado estuve en Pamplona, en la Universidad de Navarra. Después de mucho tiempo, tuve la oportunidad de volver a esa ciudad tan querida. El motivo fue el Primer Congreso de Filosofía Joven. El Congreso se titulaba “KALON: la necesidad de lo inútil”. Las ponencias que se expusieron iban referidas a este tema, la belleza, y fueron enfocadas desde muchos puntos de vista.

Se habló de la maternidad, del arte y el fin que tiene, de la belleza y la política, de la capacidad que tiene la literatura para influir en nuestras vidas, de biomímesis (la imitación de la naturaleza para resolver problemas en las aplicaciones técnicas), y sobre libertad y belleza, que fue mi exposición… También se habló de “fluxus”. No puedo explicar qué es, porque hay que fluxificarse para poder entenderlo.

Ha sido una experiencia inigualable. Exponer filosofía, hablar de la verdad, de la belleza, del amor y de la libertad en público llena el corazón de una manera que pocas cosas pueden hacer. No sé cómo explicarlo. Quizá sea una sensación parecida a la que tenía Sócrates cuando decía que le poseían las musas mientras hablaba de la verdad. Sin saber cómo, superas todos tus miedos por un momento y comienzas a hablar, dejándote llevar, atento a tu público para conectar con él, y seguro de ti mismo, porque sabes que tienes algo que decir…

Además, el tema de la belleza no podía tentarme más. Es evidente que me encanta. Y ver a universitarios interesados en conversar, debatir y proponer ideas sobre algo tan sublime, me llena de emoción. Aprendí muchísimo escuchando a mis compañeras y compañeros de mesa. Las ponencias que escuché, las preguntas que se hicieron, las conversaciones que surgieron, fueron muy intensas. Ojalá se repita algo así. Tengo que agradecer a Raquel, Isabel y Philip que hayan organizado el Congreso. Espero que se repita, pues no dudo que ha sido todo un éxito. Es cierto que “la belleza convoca”… y que sólo en libertad podemos percibir lo que es la belleza: el Congreso me sirvió para comprobarlo.

¡MUCHAS GRACIAS!


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