domingo, 23 de marzo de 2014

Una carta sobre la filosofía


Querido Francisco:


En tu última carta me preguntaste qué era para mí la filosofía. Es una pregunta que me he hecho muchas veces. A decir verdad, nunca he tenido muy claro qué es lo que busco estudiando filosofía. En los pocos años que llevo preocupándome por ella, que ya son siete, he tenido muy claro que buscaba algo concreto, pero a la vez universal y, también, que se encuentra más allá del tiempo. Es cierto que ser filósofo es ser amante de la sabiduría. Sin embargo, la sabiduría no sabemos qué es. Si supiéramos qué es, dejaríamos de amarla. Siempre se queda escondida. Es como si al mirar el sol a mediodía supieras que tras los rayos que emana y tras la fuerza de su luz hay algo que la misma luz del sol no te muestra: no podemos mirar a la sabiduría a los ojos... Siento que la sabiduría es aquello que nunca vamos a conocer y por ello me apasiona ser amante de ella. Sé que es algo que está más allá de mí, que no me pertenece y que yo le pertenezco a ella. Lo cierto es que me siento su esclavo y que no deseo quitarme sus cadenas, pues me las he puesto yo, como un loco que ama su locura y que no quiere salir de ella. ¡Si supieras las maravillas que esconde la sabiduría cuando quiere manifestarse, comprenderías lo que quiero decirte! Cuando te concede un instante de su presencia, el corazón se llena de alegría y vibra con la fuerza de la música del Cielo; la eternidad se manifiesta en el alma, aunque sea solamente rozando el corazón con el susurro de su canto. Es una experiencia parecida a la hemorroísa del Evangelio: ella se acercó hasta el Señor pasando entre la muchedumbre con dificultades y con la intención de pedirle que la curara, pero pensó que solamente tocando su manto ella quedaría curada de su enfermedad. Es la misma experiencia que tengo yo y cada vez estoy más convencido de que la búsqueda de la sabiduría es la búsqueda de la salud del corazón, pues estamos enfermos por la ignorancia que padecemos: el desconocimiento de la verdad es la peor enfermedad de todas, pues sin la verdad la vida es lo más parecido a la muerte. Ser filósofo para mí es comprender que estamos enfermos y que nuestra enfermedad no tiene una cura posible dentro de nuestras posibilidades. Ser filósofo, para mí, es convertirse en uno de esos personajes del Evangelio que acuden a Jesús pidiéndole ayuda: ser como el paralítico que necesita la ayuda de sus amigos para llegar hasta el Maestro, ser el ciego Bartimeo que pide a gritos que recupere la vista o ser como ese leproso de Galilea que se arrodilla ante el Señor y le pide que, si quiere, puede limpiarle… Para mí la filosofía es arrodillarse ante Cristo, es pedirle ayuda, es adorarlo como el Salvador y comprender que su Cruz es la puerta de la eternidad, que en la Eucaristía está Él mismo presente y que ese pan, que en apariencia no es nada, es la fuente de la vida del mundo y que todos los seres se encuentran unidos a esa fuente como ríos que manan desde el costado abierto del Crucificado. ¡Para mí la filosofía es eso y nada más! La filosofía es estar ante lo incomprensible, es saber que no entendemos el Amor de Cristo en la Cruz, es saber que aunque esté ante su mirada y Él fije sus pupilas en las mías, mi miseria hará que mi corazón rechace su luz y que la Belleza de su Corazón romperá las barreras que he creado yo entre su ser y el mío, haciendo que goce de los clavos y de las astillas del madero de la Cruz, amando todos los dolores que ésta provoca. A fin de cuentas, la filosofía es comprender algo que se escapa de nuestro entendimiento, pues es comprender el sacrificio, comprender que inmolarse por el otro, morir por el otro, confirma nuestro ser en el ser de Dios, haciéndonos uno con Cristo, transformándonos en el mismo Cristo… Por ello, la filosofía es el amor a la Eucaristía, porque ese pan es el Pan de Vida que ha venido al mundo para la Salvación de los hombres. Un misterio en el que podemos contemplar el Ser Infinito del Dios Oculto manifestado en nuestro pecho cuando recibimos la Comunión… 

Un fuerte abrazo, Rafa.

2 comentarios:

MANUEL MOYA GARCIA dijo...

Extraordinaria y reveladora posición. Me ha sido de mucha validez; sólo un párrafo, una idea, un sentimiento, una vivencia, ...que cambiaría: "Lo cierto es que me siento su esclavo y que no deseo quitarme sus cadenas, pues me las he puesto yo, como un loco que ama su locura y que no quiere salir de ella. " por: Lo cierto es que me siento libre por vincularme voluntariamente en la búsqueda de esa sabiduría y ello me ha resultado y me resulta grato, pues su luz me ilumina y me provee de aliento.

Rafa Monterde dijo...

Muchas gracias, Manuel. Estoy contigo, tienes razón. Lo he expresado así metafóricamente, intentando expresar que me apasiona el tema: no es esclavitud, es libertad...

¡Un saludo y gracias por comentar!