miércoles, 20 de agosto de 2014

Lo que cambia en Medjugorje

Dicen que cuando la Virgen se empeña, vas a Medjugorje. Tiene que invitarte Ella en el momento adecuado. No depende de tus planes, sino que es María quien lo decide. Y después de estar allí, puedo decir que es así.

Hace unos años que tengo noticia de la existencia de Medjugorje. Creo que me hablaron de este lugar en el año 2007. Desde entonces tenía intención de ir, pero aún no había encontrado la ocasión. Me entusiasmaba el hecho de que la Virgen María se estuviese apareciendo en ese pueblecito de Bosnia-Herzegovina. Ya había estado en Lourdes y Fátima, por ello no me parecía extraño que la Virgen se apareciera y nos trasmitiera sus deseos de Madre.

Durante este año fueron varias las personas que me dijeron que tenía que ir. Sin embargo, mi respuesta siempre era negativa, porque las dificultades económicas me lo impedían. A lo que me contestaban que ese no era un problema, pues si la Virgen quiere que vayas, acabas yendo. Así que yo me encomendaba a María y ponía en sus manos ese viaje que para mí era tan difícil.

A finales de julio me dieron la oportunidad de ir al Festival de los jóvenes que se organiza allí cada verano. No puedo negar que desde ese momento se apoderó de mí una ilusión parecida a la de un niño. No sé cómo explicarlo, pero tuve la certeza de que María quería que fuera a visitarla a Medjugorje.

De este lugar se han contado cantidad de historias sorprendentes. Son muchas las personas que llegan a Medjugorje sin conocer a Dios y allí experimentan su Amor y su Misericordia. Cuando escuché a María Vallejo-Nájera me quedé convencido que era así. La descripción que hizo de su experiencia de Dios me pareció suficiente para saber que allí la gracia de Dios actúa de una manera especial y que toca los corazones de los que acuden.

Desde que he vuelto de Medjugorje muchas personas me han preguntado –unas con ilusión y otras con escepticismo– si yo he sentido o visto algo especial en ese lugar. Tengo que decir que no he tenido ninguna experiencia extraordinaria. Es decir, no he experimentado a Dios en éxtasis ni he visto a la Virgen con mis propios ojos. Pero lo que sí que me pareció extraordinario fue ver a miles de jóvenes reunidos la primera semana de agosto en Medjugorje adorando al Santísimo, rezando el rosario, haciendo oración o cantando alegremente en Misa.

Puedo decir que en Medjugorje se respira paz, esa paz que pide María en cada uno de sus mensajes, esa paz que brota del corazón cuando se encuentra en gracia de Dios… ¡Son tantas las personas que recuperan la confianza en Dios cuando van allí! Las colas de los confesionarios son inmensas y todas las personas que están ante los sacerdotes confesándose salen con una sonrisa en los labios cuando reciben la absolución.

En Medjugorje se puede ver la riqueza que tienen los Sacramentos. Ves que realmente Dios se manifiesta y se hace presente en este mundo a través de su Iglesia y de sus sacerdotes cuando ejercen su Ministerio. Y es que el mensaje de María en Medjugorje es sencillo, pues pide vivir los Sacramentos para que Dios se haga presente en nuestros corazones. Ella pide que descubramos a su Hijo, a Jesús, en la Eucaristía y que nuestra vida gire entorno a ella, pues la Eucaristía es la llama que mantiene viva la fe en el mundo.

De Medjugorje he vuelto convencido de que si descubriéramos la fuerza que tiene la Eucaristía para restaurar los corazones y para devolverles la confianza en el Amor de Dios y la paz que éste engendra, nos atreveríamos a pensar que otro mundo es posible, que Dios no nos ha abandonado y que nos sigue de cerca, día tras día, escondido en ese pedacito de pan.

¡El mismo Dios está ahí, en el pan, esperándonos! ¡Qué fácil y qué difícil es caer en la cuenta de ello! Quizá lo realmente extraordinario sea alcanzar la sencillez de María para acercarnos a la Eucaristía y decir como ella: Magnificat!

Lo importante en Medjugorje no es lo que ocurre a nuestro alrededor, sino lo que ocurre dentro de cada uno de nosotros, en lo más íntimo del corazón, porque es ahí donde quiere aparecerse María para que su Hijo pueda acomodarse. Eso es lo más importante para mí. Creo que allí tienes una oportunidad especial para el recogimiento y para descubrir que Dios puede habitar dentro de nosotros si le damos la oportunidad de hacerlo.


Si me preguntan si ha cambiado algo en mi vida después de visitar a la Virgen en Medjugorje contestaré que sí que ha cambiado algo. Puedo decir que he recuperado la confianza en la Iglesia, porque allí he visto la riqueza de la fe vivida con sencillez y alegría. Esa fe que es tan propia de María: Ella te devuelve la ilusión de ser hijo de Dios acercándote a su Hijo y te enseña a creer como Ella creyó en Él.

4 comentarios:

Amparo dijo...

Después de leer esto creo que tengo que ir!!

MARÍA JOSE Garrido dijo...

Rafa me ha encantado! Espero q la gente q lo lea se anime a ir y vivir la experiencia

Rocío Miralles dijo...

Si no escribes en un tiempo, escribes tres artículos en tiempo récord. Ya estaba echando en falta tus interesantes y profundas entradas.
La verdad es que me ha pasado un tanto de lo mismo pero aún no he ido, creo que la Virgen quiere pero no por el momento. Me lo han comentado un par de personas y ahora veo que se acrecienta el interés por ese sagrado lugar.

Si todo ello mueve a la gente a acercarse a Dios, empezar de nuevo o reemprender el camino, bienvenido sea. Y me alegro por tu bonita experiencia.
¡Gracias por compartirla!

Rafa Monterde dijo...

Me alegro de que os haya gustado. Os recomiendo ir de veras, es un lugar del que hay que formarse el propio juicio.

Rocío, tengo que escribir más... A ver si me dedico más a ello este curso. Muchas gracias por preocuparte por leer las entradas. También he leído las últimas que has publicado.

Un afectuoso saludo a las tres.