martes, 4 de noviembre de 2014

El suicidio y el sacrificio

Ayer vi en las noticias del telediario que Brittany Maynard se había suicidado el pasado 1 de noviembre. Tomó su decisión porque padecía un cáncer cerebral incurable. Por ello, para evitar el sufrimiento que la enfermedad provoca al que la padece y a los que están cerca de él, decidió programar su suicidio y anunciarlo en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Antes de suicidarse, se despidió de sus seguidores de Facebook. Al parecer, anunció su suicidio porque era una decisión que le hacía feliz y le ayudaba a obtener paz. El anuncio de su suicidio fue una reivindicación de derechos para que se empiece a considerar en Estados Unidos la legalización de la eutanasia.

Se entiende de este modo que el suicidio es un acto libertario, pues nos libera del sufrimiento que padecemos y libera a los demás de la carga que supone la enfermedad, que no es necesaria, no tiene por qué ser padecida ni aceptada como una parte inevitable de nuestra existencia. Por ello, si no es posible evitarla, lo mejor es eliminar la causa que la provoca, que es la propia vida.

La noticia de Brittany me recordó un debate que tuvimos hace unas semanas en la clase de Bioética. No recuerdo cómo surgió, pero salió a colación el tema del suicidio asistido como un asunto a tratar, pues, como se puede ver, no es cualquier cosa. El suicidio asistido plantea la cuestión de ampliar el horizonte de nuestra libertad hasta el punto de poder decidir cuándo nuestra vida debe acabar.

Se puede ver cómo la libertad de la acción humana no se limita solamente a su comienzo, sino también a su final. El suicidio sería la decisión definitiva, terminativa, de la libertad. Es la decisión que completaría la libertad y que capacitaría al ser humano para ser el autor total de su vida.

Sin embargo, no puedo dejar de ver en el suicidio una contradicción inherente respecto a la libertad que reivindica. Si se quiere, se puede decir que es una paradoja. En el suicidio, el acto libre acabaría con toda capacidad de decisión ulterior. Es una decisión que libremente anula la libertad, la suprime, pues agota cualquier posible decisión después del suicidio.

En el debate que tuvimos en clase, se me ocurrió de repente que, de igual modo que el suicidio es una decisión libre respecto al sufrimiento, el sacrificio también es una decisión que asumiría la cuestión del sufrimiento, pero desde otra óptica: en el sacrificio se acepta libremente el sufrimiento, no se huye de él.

Cuando decidimos sacrificarnos, abrazamos el dolor que nos ha sobrevenido con la misma libertad con la que otros deciden suicidarse. Pero, además, en el sacrificio acontece algo más: no es terminativo, sino que abre el horizonte de la libertad más allá del límite que nos impone el sufrimiento que provoca el dolor, porque al aceptar el dolor nos abrimos paso a través de él para realizar nuevas acciones que no habíamos previsto antes de que el dolor nos encarcelara.

Cualquiera que se haya tenido que enfrentar al dolor y haya tenido que buscar la manera de comprenderlo sabe que llega un momento en el que, a pesar de la sinrazón que entraña, el corazón encuentra una nueva perspectiva desde la que contemplarlo, pues se mueve en un espacio diferente, que no se había previsto y que nos descubre una vida nueva que nos otorga unas posibilidades impensables antes de que conociéramos el dolor. Daniel Stix, un joven parapléjico famoso por aceptar retos deportivos, dice en una entrevista que “para mí, los obstáculos son desafíos y siempre consigo superarlos”.

El sacrificio amplía nuestra capacidad de acción. La amplía respecto a nuestra vida y a la vida de los demás. El sacrificio también anuncia otra libertad. Una libertad que es capaz de superarse y de dotar de sentido a aquello que no cabe dentro del razonamiento. El dolor y el sufrimiento, que acaecen en nuestra vida como un sinsentido, pueden ser ocasión para declarar que no sólo son un límite para el corazón humano, sino que pueden ensancharlo y le ayudan a comprender aquello que está más allá de las alambradas de la angustia. El sacrificio declara que hay vida más allá del dolor, una vida que vale la pena ser vivida, una libertad que acepta la vida plenamente y que la incrementa, que no renuncia a ella.

4 comentarios:

d4a5 dijo...

Buenas, después de leer este post quisiera aportar este artículo que es la carta que un seminarista con el mismo cáncer que Brittany le escribió para disuadirla del suicidio http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=38536

Abelardo dijo...

Enhorabuena por tu blog y gracias por tratar estos temas tan complicados y actuales.

Rocío Miralles dijo...

En su día pensé escribir sobre este complicado tema pero, leyéndote ahora, sé que mejor lo dejo estar que ya he encontrado las palabras que me hubiera gustado utilizar para expresar lo que es la libertad, el sufrimiento y el valor de la vida.
¡Enhorabuena! No es fácil encontrar el sentido a ese gran dolor pero enfrentándose a él, más bien, acogiéndolo, se vislumbra. No hay un por qué ni explicación sino una vivencia; a partir de la experiencia se puede entender.
Y de eso te pueden hablar todos lo que han pasado por ahí, pero, como bien me has comentado, el sufrimiento es personal y cada uno lo vive desde su persona (valga la redundancia).
Tema peliagudo donde los haya pero de los más enriquecedores. Un saludo

homeless dijo...

Esto no es ni complicado, ni suicidio. Ni es libertad, ni atañe al sufrimiento. Se enmarca en una campaña global de "pensamiento único", también denominado "Gobernanza Mundial".
Los medios animan al suicidio como algo bueno, consideran libertad SÓLO destruir (deconstrucción del arte, música, historia, creencias, costumbres)... vidas.
Lo opuesto no es el sufrimiento. Lo opuesto es "la ecología": respetar el transcurrir normal de la vida hasta su consumación. No "alterar" el medio (la vida), protegerla. Vamos, que valemos menos que un animal o un trastornadito sexual. No es el sufrimiento (ya se paliaba antes). Es la soberbia de los que en los 60 defendian el aborto diciendo que nadie les había pedido permiso para nacer. Ahora, tontos, dicen que es un derecho decidir cómo y cuando se mueren. Pero son ideologías inducidas. ;)