martes, 21 de enero de 2014

RENUNCIO AL DOMINIO


He decidido dejar de intentar ser Dios. Ya no quiero, nunca he podido, aunque siempre lo haya intentado… He querido conocer, he querido dominar con mi intelecto las esencias de los seres, haciéndolas mías, apropiándome de aquello que no me pertenece. Ya no quiero vivir robando. Sólo encuentro sufrimiento, dolor, sinsentido. Dominar es la peor de las esclavitudes… Poseer el objeto… ¡Qué terrible! ¿Cuándo habré aprendido a hacerlo? ¿Quién me habrá enseñado? Alguien que no conoce, de eso estoy seguro. Quien conoce sabe que no conoce, que cuanto más se conoce más se ignora. Ésa es la pretensión que no entendemos… Que el conocimiento es un abismo, un barranco abarrotado de piedras escurridizas que te hacen caer en el vacío. Ese conocimiento que no es de Dios, que es de aquellos que quieren hacer suyo el mundo que no poseen y que nunca han tenido. Es el conocimiento de los ladrones de la vida. La vida no pretende poseer el conocimiento, sino que quiere darse a conocer. Conocer no es poseer, conocer es dejarse ver, no querer nada para poder quererlo todo; estar ante todo, viendo la inmensidad de aquello que me es dado sin que yo lo haya querido. Ése es el conocimiento de Dios, el conocimiento del Amor, el conocimiento de Aquel que no quiere hipotecar a sus criaturas, sino que lo regala todo sin interés alguno… Decido dejar de ser Dios para que Dios me haga ser. Lo dejo en sus manos. Renuncio al dominio, busco el cariño. Es el camino que hay que seguir: caminar, descubrir, amar...