lunes, 12 de enero de 2015

La violencia religiosa y el ateísmo

Hay muchas maneras de ser ateo. Para negar a Dios se puede ser tremendamente ingenioso y creativo, pues es un auténtico reto para la inteligencia hacerlo, ya que si se consigue demostramos con ello que el poder de Dios es ínfimo y que nosotros somos capaces de arrebatárselo cuando lo negamos, de modo que logramos hacernos con su poder y nos hacemos iguales a Él. 

Por ello, una manera de ser ateo es proclamarse Dios, ocupar su lugar negándolo con nuestro poder: negando a Dios demostramos que Dios no es Dios, puesto que no tiene poder sobre nosotros, porque podemos negarlo. Sin embargo, es una paradoja negar a Dios ocupando su lugar: solamente intentamos desalojar el lugar de Dios y ocuparlo nosotros hasta que la muerte se encargue de refutar nuestro argumento.

Pero también hay otras formas de ser ateo. Se puede ser ateo para evitar el conflicto que provocan las diferencias religiosas. Ante la violencia que ha habido y hay actualmente en el panorama de la pluralidad de las religiones, es razonable situarse en el plano de la negación de Dios, del ateísmo, para lograr una situación de paz o de no violencia. 

No obstante, esta actitud entraña la dificultad y el reto de negar a Dios. De tener poder para negarlo. Lo cual es lo mismo que afirmarlo, puesto que para negar a Dios hay que situarse en su mismo nivel o estar por encima de Él. Y estar por encima de Dios es lo mismo que serlo. 

Cuando se llega a este punto, es preciso justificar ante aquellos que son creyentes de diferentes religiones que uno tiene poder para negar a Dios, lo que hace, quizá, más grande el problema de las diferencias religiosas, puesto que si es dificultosa la diferencia entre las religiones, su negación es un ingrediente que sólo acrecienta las dificultades para resolverlo, pues surgen los radicalismos que intentan justificar sus posturas con violencia, intentando imponer el poder de su divinidad sobre aquellos que afirman que pueden negarlo.

No obstante, justificar el poder de Dios con la fuerza es sinónimo de inseguridad, de no estar convencido de que Dios posee tal poder, porque si Dios es Dios, es impasible, no le afecta la negación, y por ello el creyente puede estar en cierta paz, pues realmente Dios es Todopoderoso, porque Dios  es El que verdaderamente Es. Así, defender el poder de Dios con la violencia es lo mismo que decir que Dios no tiene poder y ocupar su lugar para demostrar que lo tiene, de modo que el que se declara creyente en ese Dios Todopoderoso niega su poder, y negando el poder de Dios niega a Dios mismo, porque si Dios no es Todopoderoso no es Dios. 

Podemos ver cómo el ateo y el fundamentalista religioso llevan a cabo el mismo acto: dudar del poder de Dios, negándolo y ocupando su lugar. Ambos son ateos, porque ambos niegan el poder de Dios. Pero ambos afirman que creen en la existencia de Dios, pues pretenden ocupar su lugar y hacerse cargo de su señorío divino.

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