martes, 2 de junio de 2015

El hombre que pudo reinar


El hombre que pudo reinar, ese es el nombre de la película. El título nos indica el desarrollo de esta aventura ideada por Rudyard Kipling en 1888 y llevada al cine por John Huston en 1975. El film contó con la participación de Sean Connery, Michael Cane y Christopher Plummer.

Connery y Cane interpretan a dos aventureros ingleses en la India que, tras servir como oficiales en el Ejército británico, firman un contrato ante Plummer, que da vida al mismo Kipling, prometiendo aventurarse en Kafiristán, una región del noroeste de Afganistán, para gobernar allí como reyes. 

La aventura está llena de simbolismo. Desde el comienzo, los protagonistas dejan claro que pertenecen a la fraternidad de los hijos de la viuda, la francmasonería. Ayuda a comprender algunas de las actitudes e ideas de esta sociedad, que tantas intrigas suscita cuando se la menciona. Quizá la aventura de Daniel Dravot (Connery) y Peachy Carnean (Cane) nos ilustre un poco con los símbolos de la película. 

Esta historia es un homenaje a la astucia y a la valentía. Podemos ver cómo la voluntad de dos hombres, en tierras desconocidas, puede ser suficiente para construir un mundo que, en apariencia, es imposible. Un mundo en el que el azar acaba convirtiéndose en destino. Un mundo en el los hombres pueden superar sus divisiones y unirse bajo un mismo símbolo... 

Sin embargo, se trata de un mundo en el que las palabras pierden su significado. Pues la verdad y la mentira se confunden con la luz de la ilusión y de los sueños. El precio de la verdad es demasiado alto... y su valor, incluso cuando se ha logrado construir un imperio, trasciende la fuerza de los hechos.

En un momento como el actual, en el que la política se encuentra sacudida por la frustración de la mentira y la esperanza de los nuevos proyectos políticos, es una película más que recomendable para valorar las consecuencias de nuestros actos.