domingo, 3 de enero de 2016

¿Y cuándo la Belleza?

Me gusta escribir Belleza con mayúscula. Así tiene más sentido para mí. Dice algo más. Algo que no se conoce. Algo que no se puede decir de otra manera. Cuando escribo belleza con minúscula hablo de cosas que conozco, que veo, que escucho, como el sol del Mediterráneo, su calor, o una mirada cristalina y brillante. Son preciosas. Pero las puedo ver. Están ante mis ojos. También en mi corazón. Se reflejan en él como el mundo se refleja en tus pupilas y, sin embargo, no llenan la profundidad en la que se reflejan. Si te fijas, una mirada es más profunda, más infinita, que el Universo entero. Puedes contemplar las estrellas que nos envuelven, pararte a contarlas y sentir cómo su luz nos acaricia atravesando el tiempo cuando puede que ya se hayan apagado, pero no llenar el infinito vacío que hay en una pupila. Cuando veo tus ojos me pregunto si voy a perderme en la oscuridad de su reflejo. Es bello y, a la vez, terrible, porque sé que estoy ante un abismo. Ese vacío que no voy a poder llenar y que también soy yo. Tu mirada es bella. Contemplarla es una maravilla. Sin embargo, me da miedo, no puedo medirla, porque cuando veo mi rostro en tus ojos me encuentro con mi corazón. En él también se refleja el mundo que conozco. Te reflejas tú. Y me da miedo que te ahogues en sus profundidades y que la fuerza de sus mareas te lleve lejos, allí donde no pueda encontrarte. El deseo puede destruir aquello que más anhela. Puede ahogarse en sus propias aguas. No tiene fondo. Detrás de todo lo que veo se esconde ese vacío que no se puede llenar. Se esconde la nada, el abismo de mi alma. El torbellino de mi corazón que me arrastra a las profundidades de mí mismo. Ese yo que no existe, que busco en tu mirada y que me arrastra. Parece que el corazón se haya convertido en un remolino que absorbe todo mi ser y que lo llena de angustia y de vértigo. No es mío, no soy yo. Por eso da miedo. No es la belleza. No eres tú. Es Otro que me llama, que me hiere, que ha agitado la comodidad de mi alma. Que me obliga a cerrar los ojos con fuerza porque quiere que solamente le mire a Él. Y cuanto más los cierro más tiemblo. Pero me da confianza. Es doloroso y es tierno. Es afilado y es suave. Es hiriente y es dulce. Conforme avanzo, comprendo. Siento. Y no veo. ¿Se puede hablar de lo que no se ve? ¿Hay palabras cuando el sonido se esconde en el silencio? El silencio de la nada, de la antesala de Tu Amor. ¿Cómo iba a saber que en ese momento ibas a cogerme entre tus brazos y a susurrarme, con palabras que no pueden pronunciarse, que en el fondo de todo estabas Tú? ¿Cómo recordar la angustia cuando esas llamas ardientes, frías, acariciaban mi alma, llenándola de gozo? Sí, es Belleza. ¿Y cuándo llega? No lo sé. No lo preguntes. Llega cuando quiere: es Amor.