domingo, 8 de enero de 2017

Silencio, de Martin Scorsese



Ayer, no sé si por la fuerza del azar, del destino o por la acción de la Providencia, acabé viendo en el cine el último film de Martin Scorsese, Silencio. Está ambientado en el Japón de la primera mitad del siglo XVII. Tiempo de la rebelión de Shimabara, en la que los campesinos cristianos fueron vencidos por el shogunato Tokugawa. A causa de ello se impuso una política rigurosísima de promoción de la cultura japonesa que pretendía acabar con cualquier foco de cultura extranjera. Por supuesto, ello implicaba ahogar la fe de las comunidades cristianas y se realizó una auténtica labor inquisitorial para sacar a la luz a todos los “cristianos secretos” en Japón, conocidos como los kakure kirishitan.
Los protagonistas de la trama, además de los cristianos japoneses, son dos jóvenes sacerdotes jesuitas que se ofrecen a acudir a Japón en busca de su maestro, del que se dice que ha cometido apostasía. Así, el Padre Rodrigues y el Padre Garrpe se aventuran en la búsqueda del Padre Ferreira.
Solamente puedo decir que es una película que me ha suscitado muchas preguntas y que, a la vez, me ha ayudado a comprender mi propia fe. En cierto modo, te pone contra las cuerdas, porque te hace plantearte el sentido que tiene el acto de fe y hasta qué punto el sufrimiento físico y espiritual entran dentro del plan de Dios para la salvación de uno mismo y de la Humanidad. No creo apropiado hablar de escenas de la película. Aún así, la veo apropiadísima para abrir debates de todo tipo, tanto teológicos como filosóficos y cotidianos. La recomiendo sin duda alguna.
En el fondo de todo el film late la cuestión de si lo más íntimo de la persona está libre de las acciones externas que realizan los otros y de las circunstancias que acaecen en cada momento. Es decir, ¿hasta qué punto puedo ser yo mismo y resistir a la erosión del sufrimiento y de la duda cuando se introducen en el corazón y ser libre de la presión externa para no ceder a la voluntad de los otros? La pregunta no es fácil contestarla. Porque se añade, además, una cuestión que atañe a la experiencia de la fe: el silencio de Dios. Ese vacío interior que tantas veces sentimos en las peores circunstancias y que arrebata cualquier certeza o recuerdo del Creador en el alma.
El silencio de Dios puede ser una experiencia más terrible que la peor de las torturas. Es una gran paradoja para un cristiano. El Dios que se revela como Palabra calla. Parece que se abstiene de ser Él mismo. El Omnipotente se hace nada, casi vacío, un vacío que hiere el alma en lo más profundo. Pero puede que ese vacío sea una demostración de su existencia, de su presencia: solamente un Dios puede desaparecer de esa manera, solamente un ser infinito puede dejar una herida dolorosa e incurable, insustituible por las cosas que podemos ver y tocar. ¡Ese es el poder de lo intangible!
Sin embargo, ¿no será acaso ese silencio y ese vacío profundo del corazón una de las mayores delicadezas del Creador con la criatura? Llevo bastante tiempo preguntándomelo y he intentado responderme muchas veces a las dudas de fe me provoca el ocultamiento de Dios. Fue ayer, mientras veía esta película, cuando me dije: “Rafa, qué finura tiene Dios, cómo conoce tu naturaleza y la de todos los hombres. Ese silencio y ese vacío que deja el Creador cuando se oculta son una acción delicada y amorosa de tu Padre: son el espacio que prepara el Creador a la criatura para que su sí sea auténtico y plenamente libre. Es así como Dios te permite decir «¡creo!» sin coacción alguna. Todo lo contrario a lo que muestran los poderosos de la Tierra, que buscan atrapar a todas las personas con artimañas y falacias para que acepten su poderío y se sometan a él”.
Es posible que no sea una respuesta satisfactoria para muchos, pero a mí, desde luego, me ayuda ahora mismo a avanzar en la oscuridad de la fe y verla como un mimo divino.
La cuestión de la libertad, como he dicho antes, también es importantísima en la película. Pues no sabemos cómo la suerte moral puede jugar a favor o en contra de nuestro libre albedrío para acertar en la elección del bien con firmeza. ¿Es posible, acaso, decirle sí al bien de una manera definitiva? ¿Es posible hundirse en el mal hasta que la corrupción interior del ser humano sea insalvable? Creo, sinceramente, que no. Me parece que una de las maravillas de la libertad humana es que, hasta la muerte, nunca está nada concluido, y cabe también que después de la muerte tampoco, pero esa cuestión debemos dejarla a los teólogos…
Esto viene al caso de la apostasía. ¿El acto de apostasía es definitivo, determinante? ¿Puede un hombre consolidar su ser con alguna de sus acciones a lo largo de su vida? ¡Qué terrible si fuera así! Si mis acciones pasadas me definieran por completo ahora mismo me agobiaría infinitamente, mucho más que un existencialista con su angustia. Por suerte no hay una idea de Rafa fija y cristalina. Es un consuelo saber que no soy una idea ni una especie de escultura griega expuesta en un museo, fragmentada e inmóvil, incapaz de cambiar su ser. Por eso, no creo que se pueda apostatar de manera definitiva, tampoco comprometerse con Dios de una vez. En mi opinión, la vida, en su transcurso, es una gran deliberación que dura hasta el último momento. Si no disfrutáramos de esa deliberación, de esa apertura del ser que proporciona la libertad, nuestro ser libertad, ¡qué pobre y aburrida sería nuestra vida! ¡Qué monótona! Sin entrar en cuestiones teológicas, no podríamos ser humanos, seríamos ángeles, que consolidan su libertad con un solo acto para toda su existencia atemporal.
Puede que esa gran deliberación que forma parte de la esencia de la libertad sea lo que haga posible el acto de fe. Si no disfrutáramos del espacio vital e íntimo que proporciona la libertad, el acto de fe no tendría sentido alguno. La fe no sería un camino que dura toda la vida. No consistiría en la oportunidad de ser fieles a Dios día a día por voluntad propia (y por iniciativa divina, por supuesto). No podríamos ser semejantes al Dios de la Alianza, que permite que, como Él, seamos llamados fieles.
Y todo por ese silencio de Dios, por mantenerse oculto y atento a cada latido de nuestro corazón, a la espera de que se acompase con el suyo en la sinfonía del Espíritu Santo…
Son muchas más las preguntas que se me han ido ocurriendo y muchos más los temas que toca Scorsese a lo largo del film. Pero sería alargar demasiado las cosas. Solamente puedo recomendaros que la veáis y que saquéis vuestras propias conclusiones.
Sería fantástico tener la oportunidad de debatir sobre ella con un buen café. Así que, como dice un buen amigo mío, hay que desvirtulizarse…

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me pillas en Pamplona y sin haber visto la película. Después de leer el post voy a verla. Si a mi vuelta te sigue interesando el tema me tomaría encantado el café.

Un fuerte abrazo,

Guillermo Mislata

ÁNGEL ST dijo...

Felicidades por el post. Has hecho una excelente exposición. También a mí me han surgido numerosos interrogantes al finalizar la película. de hecho aún estoy dandóle vueltas a muchas de las palabras que en ella pude escuchar. A mi me ha interpelado fuertemente. Me quedo con una de las frases :" En el silencio de Dios pude escucharle" . Ciertamente es una excelente película para un cine forum. A nivel artístico una excelente fotografía, una gran actuación, y un acertado ritmo con esos silencios que aparecen a lo largo del film. Como he dicho al principio has hecho una gran exposición de lo que la película nos ofrece. No creo que deje indiferente a quien la vea. Un fuerte abrazo

Rocío Miralles dijo...

Habría titulado esta entrada: "Silencio, de Rafa Monterde". ¡Qué alegría volver a leerte! Y como siempre, vale la pena la espera. Fíjate, con tu ejemplo bien se puede ilustrar lo que bellamente expones aquí. Hemos ido caminando sin tus palabras, sin tus apreciaciones, sin tus cuidados en tus reflexiones durante todo este tiempo. Y esa fe en ti, en tu capacidad de volver a coger bolígrafo y estampar su tinta sobre el papel, nos ha hecho esperar sin desánimo, sabiendo que algún día, hoy mismo, volveríamos a saber de ti. ¿Ha sido doloroso, ha puesto en duda nuestra fe en ti, ha borrado del camino cualquier esperanza? Pues, no, ni un ápice. Pero para eso hay que tener un conocimiento profundo, o al menos cercano, de ese alguien en quien hemos puesto nuestra fe y esperanza. De ese modo, aun los pesares y dificultades, siempre se está en espera, que es amiga de la esperanza, ¡de la victoria al final del camino!

Gracias por tu reflexión, justamente hoy hablaba con mi director espiritual del silencio de Dios, pero no a causa de la película, sino por la vida misma y circunstancias personales. Cuando sientes que te quitan tu seguridad, más se nota a Dios o más necesidad se tiene de Él aun sin saber si en ese silencio está o no presente. Es curioso y me hace preguntarme mucho acerca de la Presencia de Dios. En fin, ¡bienvenido a bordo! Y a seguir ofreciéndonos gratas lecturas. ¡Saludos!

Rafa Monterde dijo...

Guillermo: estaré encantado de quedar contigo cuando vuelvas a Valencia. Si voy yo a Pamplona, te aviso.

Ángel: es una alegría que te haya gustado. Teniendo, además, en cuenta tu criterio y experiencia, valoro aún más tu comentario. Estoy pensando en escribir más cosas sobre la película. Porque toca muchos temas profundos. Entre ellos está el de la universalidad de la verdad y el relativismo cultural radical. ¡Qué grandes debates pueden hacerse! Respecto a la escucha de Dios en su silencio, también me llamó la atención. De hecho, es una de las paradojas de la vida interior. Es similar a aquello de "este saber no sabiendo"... Muchas gracias por tu comentario.

Rocío: ya ves que uno, al final, no puede dejar lo suyo. ¡Escribir engancha! No sabía que se podían generar tantas expectativas escribiendo. Así que te agradezco mucho tus amables palabras. Espero hacerlo más, porque veo que es una pequeña necesidad. Además, creo que ahora mismo urge hacerlo y mucho. Pero claro, no se puede tener prisa en estas cosas. Cuando se enciende la lucecita, se enciende. Cuando no es así, hay que esperar...

Un fuerte abrazo a los tres y muchísimas gracias por vuestros comentarios,

Rafa

Jesús de la Llave dijo...

No la he visto aún Rafa, pero tus comentarios me animan a verla pronto y a proponerla en cuanto se pueda para el cine club que, como supongo que sabes, llevo organizando con Cinemanet en el salón de actos de Albalat. Está abierto a todo tipo de público, suele ser los terceros viernes de mes a las 22:00 horas y lo mejor siempre son los comentarios posteriores del público asistente. Ya te digo en cuanto tenga posibilidad la veo y la programamos para el Cine Club y a ti como ponente. Muchas gracias por esta entrada en tu blog.

Jesús de la Llave

Rafa Monterde dijo...

Gracias a ti, Jesús, por tus palabras. Me alegra que te haya gustado la entrada. Encantado si te puedo ayudar en el cine club. Creo que le podremos sacar mucho partido al film. Un fuerte abrazo.