domingo, 9 de abril de 2017

La estrella de la noche

No te veo. A pesar de ello tu presencia es real. El fondo inagotable de la memoria hace que tu imagen se presente ante mi alma con más realidad que lo que tengo ante mis ojos. Tu mirada ha quedado grabada en ella como se fija la silueta de un anillo en una tablilla de cera. Aún siento tus cabellos entre mis manos. Cómo acariciaba –¿o acaricio?– tu cabeza con suavidad y en tu rostro se dibujaba esa sonrisa de paz, de plenitud, empapada por la oscuridad de la noche. Tus cabellos han hilado mi memoria confeccionando un manto sedoso con el que cubro mi alma cuando no estamos juntos. Puedo tenerte en mi corazón en todo momento, pasar de nuevo el manto por él y cubrirlo cuando siento el frío de tu ausencia. Esa es la esencia del recuerdo: re-cordare, representar en el corazón haciendo que lo que en apariencia no es ahora sea más real que yo mismo. Has hecho que mi memoria sea mi vida. La has elevado a la altura de la eternidad. Allí donde nada pasa. Allí donde todo es presente y donde el tiempo no puede erosionar tu imagen. Tu recuerdo se ha convertido en mi anhelo y me hace proyectar el futuro buscando los instantes que quiero compartir contigo para siempre. Te haces futuro, libertad expandida en el horizonte de una nueva vida que abre un abanico de momentos que serán infinitos y que se sucederán haciendo que en el tiempo acontezca la presencia de lo eterno. Tus cabellos, áureos, me han enredado y sólo así me siento libre, siendo esclavo de tu cariño, de tus caricias, de tus labios. Los que me besan y me hacen soñar. Esos que han fundido mi alma con la tuya y que me hacen sentirte cerca aunque estés lejos. Ya no hay distancia. Queda el tapiz de tus cabellos, que han confeccionado la imagen perfecta del amor y que contemplo una y otra vez en la altura y la profundidad de mi corazón… Lo has sacado del abismo y de la oscuridad. Ahora, el oro resplandeciente de tu melena lo ilumina y, en la noche, se convierte en la estrella de mi vida, MujerJoven.

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