miércoles, 5 de diciembre de 2018

Con la mirada puesta en lo alto

Nubes desde el avión (Infografía)
Ayer tuve la ocasión de viajar a los Estados Unidos. Mi destino era Washington. Si contara todos los sentimientos que pasaron por mi corazón, probablemente pensarás que soy más inestable que un adolescente. Quizá lo sea aún... ¡o es que nunca dejaré de serlo! Muchas emociones pasaron por mi interior, pero hubo una que me paré a meditar con detenimiento: la impresión que me causaron las nubes bañadas por el sol tras la ventanilla de mi asiento. 

Por un momento vino a mi cabeza aquella idea de Platón del hyperuránion tópon, el famoso "mundo de las ideas" que se encuentra más allá de los cielos, en las regiones recónditas de las esferas celestes. Un mundo lleno de belleza y que trasmite plenitud a aquellos que con paciencia se encaminaban por las sendas de la filosofía. 

Estoy seguro de que percibir en el interior del corazón la presencia del Ser debe ser algo grandioso, algo casi divino. Sin embargo, qué maravilla se presentaba ante mis ojos al ver el horizonte del mundo desde ese avión que volaba tan alto. 

Puedo decir que Platón no vio esas nubes bañadas por el sol como las vi yo, tampoco Aristóteles y tantos otros. Todo ello por los avances de la tecnología, que parece que nos llevan tan lejos, tan alto... Y a pesar de ello, siempre me da la impresión de que la mirada metafísica de los antiguos filósofos llegaba más hondo y de manera más profunda a la verdad de las cosas, esa que es invisible a los ojos. Porque, realmente, la belleza que disfrutaba en aquel momento, mirando a través de la ventanilla, no estaba fuera del avión, sino en mi corazón, donde de verdad creo que existe eso que disfruto, que poseo en mí mismo: ese recuerdo que en mi memoria adquiere su auténtica realidad cuando lo recreo en mi interior. 

Era verdad aquello que decía San Agustín sobre la Belleza, que es antigua y nueva a la vez. Es antigua porque antecede a todo lo que nos podemos encontrar ante la mirada corporal. Es nueva porque todo lo bello, como un amanecer, una sonrisa o una broma cariñosa siempre llenan el corazón cuando se encuentra con esos detalles en el día a día. A fin de cuentas, es antigua y nueva porque los recuerdos siempre adquieren nueva belleza cuando los bañamos en la memoria del corazón.

¡Qué importante es saber mirar desde lo alto, pero, sobre todo, desde lo más profundo del alma!

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