jueves, 13 de febrero de 2020

¿Y cómo llegará el fin de la historia?

Locomotora de vapor (Infografía)
Últimamente estoy dándole vueltas a la cuestión del fin de la historia. Sobre todo por la mañana, al prepararme el zumo de naranja. Cuando veo que el exprimidor da vueltas y vueltas consumiendo las medias naranjas que tengo entre las manos, caigo en la cuenta de que en esta vida tenemos una experiencia continua de la finitud. Todo se acaba y a la vez vuelve a empezar... 

¡Estamos encarcelados en el tiempo! ¿Cómo escaparemos?, me pregunto. ¿Llegará, por fin, el tiempo de la plenitud? ¿Podremos ver el fin de la historia en algún momento? Algunos dicen que ese fin está en nuestras manos, que podemos construirlo. Pero algo me dice que estamos demasiado cansados para hacerlo. ¡Han habido tantos que lo han intentado antes! ¿Por qué nosotros, ahora, vamos a lograrlo? Ay, si yo lo supiera...

De todas formas, no dejo de preguntármelo. Porque eso del fin de los tiempos tiene su miga filosófica. Para colmo, creo que nos queda algo de esa esperanza. Aún quedan algunos que hablan del progreso pensando que eso de que mañana estaremos mejor que hoy es una certeza inamovible. Pero, claro, la locomotora del progreso parece que está oxidada y, al referirnos a ella, evocamos tiempos en los que la humanidad en general parecía que podía ponerla en marcha, haciendo que su caldera estuviera al rojo vivo...

Pero la locomotora ha contaminado demasiado. El humo del progreso ha vuelto insostenible el futuro. Ahora, horrorizados, nos asombramos de que nuestros mayores creyeran en esas ideas destructoras de la naturaleza. Si seguimos emancipándonos de la naturaleza, no quedará nada de ella... 

Entonces, ¿qué hacer? No soy el más adecuado para dar ninguna directriz. Sobre todo por lo despistado que soy. A decir verdad, si propusiera un plan sería el primero en no saber llevarlo a cabo. Soy un mal revolucionario... Sin embargo, algo me dice que quizá hayamos errado a la hora de pensar el fin de la historia. No me convence en absoluto pensar que el fin de la historia vendrá de la mano del conocimiento. 

Me explico. No sé por qué, pero últimamente me ronda la cabeza una idea del bueno de Tomás de Aquino. En su famosa Suma Teológica -en concreto, en Ia. IIae, q. 27, a. 2, ad 2um- el Aquinate se pregunta qué es más perfecto, si el conocimiento o el amor. ¡Y su respuesta me parece maravillosa! Tomás dice claramente que el amor es más perfecto que el conocimiento. Porque una cosa puede ser amada con perfección aunque no sea perfectamente conocida. Es decir, que el amor es más pleno que el conocimiento y alcanza antes su fin. 

Por estas razones, yo me pregunto: ¿acaso el fin de la historia no dependerá del amor? ¿Puede ser que el ocaso del tiempo histórico venga precedido por la plenitud del amor en los corazones de las personas? Esto me lleva a pensar que quizá la experiencia del fin, del eschaton, sea estrictamente personal. Es decir, que el fin de la historia sea antecedido por el encuentro de la verdad personal de cada uno y no dependa de un proceso histórico en general. En este sentido, la historia no es de la humanidad, sino que es mía, nuestra y solamente acontece su final cuando se da el encontronazo con esa persona que te hace trascender el tiempo. Esa persona que es Amor... 

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