viernes, 23 de julio de 2021

El Karm-El

Hoy he visto a una de tus hijas entrar en la viña de Dios, tu Karm-El: María Eva de la Santísima Trinidad. Le he preguntado cómo eres. Le han faltado palabras, pero la pasión con la que ha hablado de Ti me ha dejado claro que habitas en los corazones sencillos, en aquellos que, con humildad, ponen su deseo más profundo, gracias a tu Misericordia, en la simplicidad de Tu Corazón. ¡Qué Misterio tan asombroso! Tus hijas del Carmelo Descalzo desnudan el alma de los que hablan con ellas y nos conducen a Tu Presencia. Aquí sobra nuestro pensamiento, que es incapaz de penetrar con la razón el Amor insondable con el que guías nuestros corazones hacia Ti. Ojalá me permitas derribar la gran muralla de mi libertad, aquella con la que me defiendo de tu suavidad y delicadeza, de tu paciencia y espera...

viernes, 9 de julio de 2021

Gracias, Babilonia

Nací en el reino terrero, con la esperanza de que allí se cumpliera tu voluntad. Crecí seguro, confiado, pensando que ese espacio era el único lugar del mundo donde podía encontrarte. Pero decidiste desterrarme y, como a José, me diste la oportunidad de escucharte en países extranjeros. En Babilonia he conocido Tu Presencia. Ya no está reducida por los muros del Templo. Es en mi corazón donde habitas, donde el Reino es eterno y verdadero, porque eres Tú.

lunes, 5 de julio de 2021

Constancia e insistencia

The Passion of the Christ (Infografía)

Qué gran don debe ser la libertad, Señor, para que, como Creador, la permitas... Debe ser algo demasiado preciado para Ti. En tu mirada atravesada por el dolor se refleja mi rostro inclemente. Te miro retándote, gritando que tu poder creador es inútil, porque tu Amor no es lo suficientemente grande como para transformar mi corazón de piedra. A veces me pregunto cómo es posible tu paciencia ante mi indiferencia y escepticismo. No meto el dedo en la llaga de tu costado como Tomás para comprobar que has resucitado, sino para seguir poniendo a prueba tu Misericordia. Parece que me guste sentir tu cuerpo muerto y tibio, vacío de vida, como si ello significara que, por fin, has dejado de insistir y de intentar penetrar mi corazón con tu delicadeza. Pero no. Ante tu cuerpo sin aliento no contemplo la muerte de Dios. Me encuentro ante el vacío de mi alma, que no es capaz de acoger el Misterio de la Redención ni de mirar la Eucaristía con la mirada de la fe. Y, sin embargo, sigues ahí. Porque el Amor no depende únicamente de mi respuesta, sino de tu constancia, de tu insistencia. O, simplemente, es eterno y... libre.