domingo, 19 de septiembre de 2021

¿No necesito a Dios en mi vida?


Iglesia del Patriarca, Valencia.
(Por Amparo Ferrando, mi madre)

Esta semana he mantenido una conversación con una persona que afirmó algo que me llegó al alma. Su afirmación fue la siguiente: no necesito a Dios en mi vida. En mi mente filosófica nació una duda rotunda al escucharle, pues pienso que eso es imposible. 

Al incluir en la misma frase “Dios” y “vida” solamente pude pensar que es una contradicción oponer ambos términos. Precisamente pienso que Dios es la Vida en toda su pureza. Dios es la Vida en sí misma y es la fuente de todo nuestro ser personal. Negarlo es negar, pues, nuestra propia vida, porque Él es nuestra identidad, el Origen de nuestro ser.

¿Cómo es posible, sin embargo, afirmar que podemos vivir sin Dios? Precisamente porque esa afirmación no fue realizada en el mismo sentido en el que yo lo estoy pensando. La persona que afirmó con tanta contundencia que Dios no es necesario en su vida estaba pensando que ella no necesitaba la fe para vivir, que la cultura cristiana no es necesaria para vivir nuestra vida cotidiana. Cosa que, de hecho, es posible, sin duda. Pero, aún así, no deja de impactarme. Porque, para mí, Dios es la intimidad más íntima del corazón. Es el Amor que fecunda mi espíritu dándole todo lo que, en verdad, necesita.

Dios es la inquietud del corazón que lo conduce a la perfecta quietud y a la paz auténtica. Y si se afirma que es innecesario se está confirmando el desconocimiento de esa fuente de ternura que es el Creador. Es la verdad de nuestra persona, el espejo vivo en el que reconocemos nuestra identidad eterna, que late en lo profundo de la Vida divina. En el flujo de las Tres Personas Trinitarias se oculta, sutilmente, el canto con el que el Creador pronuncia nuestro nombre desde la eternidad, atrayendo hacia sí nuestra vida, porque la Vida reclama nuestra existencia para que, in-sistiendo en nuestro corazón, descubramos que la Verdad late dentro de nosotros.

En el más profundo centro del corazón de cada persona vive el Creador, donde su Belleza ilumina fogosamente nuestro ser y rasga, con la luminosidad de sus rayos, el velo que oculta, tenuemente, el Ser divino, que subyace y sostiene nuestro ser. Por eso me parece absurdo afirmar que no necesito a Dios en mi vida, porque ya lo necesitamos, porque somos en Él y por Él, porque, aunque la opacidad de nuestro corazón contrito nos impida verle claramente, algún día su Luz limpiará el vidrio de nuestro ser tornándolo transparente, haciendo que el fuego de la Trinidad atraviese nuestra vida, dándonos la Vida verdadera.

Sí, yo necesito a Dios en mi vida…

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